domingo, 16 de marzo de 2014
EDITORIAL
Violencia e impunidad
Luis Alejandro Rizzi
El “Kirchnerismo” nos deja un legado de violencia porque siempre concibió el poder como elemento de lucha, su objetivo es dañar o intimidar al prójimo
Esta es la herencia que ya nos ha legado el “KIRCHNERISMO” constituyendo dos “cuestiones” que deberán resolverse en el futuro como condición necesaria, no suficiente, para poder invertir este camino o transición hacia el subdesarrollo.
Digo que el “Kirchnerismo” nos deja un legado de violencia porque siempre concibió el poder como elemento de lucha, su objetivo es dañar o intimidar al prójimo.
Un ejemplo circunstancial de lo primero, el traspaso de fondos judiciales del Banco ciudad al Banco Nación, se hizo para restarle fondos al Banco ciudad para afectar su capacidad competitiva al tiempo que se perjudicó a los usuarios que ahora pueden demorar el triple de tiempo para realizar las operaciones que antes se hacían en minutos.
Un ejemplo de lo segundo fue la venta que tuvo que hacer el presidente de la UIA de su participación accionaria de una sociedad, ante la amenaza que no sería admitida en futuras licitaciones.
Otro ejemplo muy sutil de violencia e intimidación es el trámite de las DJAI que son observadas sin expresar la causa o motivo como lo exige la norma que las implantó y también la negativa de los funcionarios cuando uno intenta averiguarla.
Y esto ocurre por una razón que dio Tomas ABRAHAM en INFOBAE “TV”,
&"El problema de la Argentina no es la corrupción, es la impunidad. Corrupción hay en todas partes, impunidad no. Acá se sacan fotos con los barrabravas&".
La Argentina ha sido convertida en un lugar donde no se sabe si las reglas serán respetadas y en el que todo puede suceder y como lo explicaba Ives Michaud “La inseguridad no es el terror, es la probabilidad de lo imprevisible. Por lo mismo, aunque todo esté tranquilo, igual reina”
Por ello quienes hablan de la inseguridad como “sensación” no se equivocan y efectivamente la “inseguridad” es más que nada esa sensación de que aunque durante un lapso nada pase, en cualquier momento puedo ocurrir lo menos pensado.
No hay confianza en las fuerzas de seguridad ni el funcionamiento del Poder Judicial cuyos laberintos procesales más que una garantía del “debido proceso” son percibidos como garantías de impunidad.
Resulta difícil de entender, porque también es una forma de violencia para engañar, sería el ardid del delito de estafa, que se haya tolerado durante años la alteración de datos estadísticos sobre la evolución de la economía y la medición de la variación de precios y que en el cenit de ese proceso el gobierno haya obtenido un 54% de votos.
Resulta difícil de entender que hayan sido tolerados, salvo alguna excepción, los manejos arbitrarios y despóticos, que también es un modo de violencia e intimidación, de un ex Secretario de comercio de la Nación que podría competir con éxito en los records Guinness al fracaso.
Resulta difícil de creer que un Juez suspenda un allanamiento por un llamado telefónico de un funcionario público que denunció supuestas exigencias de dadivas por parte de los participantes, cuando en todo caso debió haberse constituido personalmente, continuar con el allanamiento y promover las investigaciones pertinentes.
Es obvio que la suspensión del allanamiento favoreció la impunidad que también es causa de violencias e intimidaciones.
Resulta difícil de entender la permanencia de funcionarios públicos que al día de hoy no explicaron porque avalaron que un grupo argentino, “especializado en mercados regulados” como dijo el Presidente de Repsol para justificar esa venta, hubiera comprado acciones de YPF pagando su precio con dividendos que no se reinvertían, lo que fue una forma muy sutil de vaciamiento y violencia porque toda anomalía es un signo de fraude.
Resulta difícil de entender que el Señor Recalde permanezca como CEO de AEROLÍNEAS ARGENTINAS y AUSTRAL empresas que requieren ingentes sumas de dinero para su subsistencia que aportamos todos los contribuyentes de los impuestos formales y del impuesto inflacionario sin tener a la vista los resultados de su gestión documentados en los balances que exige la ley de sociedades y las normas de la contabilidad pública como lo manda la ley de administración financiera 24.156, cuando menos es un modo de violencia contra la República.
Resulta difícil de entender que permanezcan en funciones todos los responsables del colapso energético del país ya que su permanencia es violatoria de la condición de idoneidad para ejercer empleo público.
Resulta difícil de entender que permanezca como Ministro de economía una persona cuya pedantería o estatura se mide por su nivel de soberbia, mala educación y hasta por sus guarangadas y como lo dice Ortega en “MISION DE LA UNIVERSIDAD” por su retraso con relación a la época que le toca vivir, arcaico y primitivo en comparación con la terrible actualidad y fecha de sus problemas. Este nuevo bárbaro es principalmente el profesional, más sabio que nunca, pero más inculto también…”
Sus descalificaciones públicas como “papagayos” “tarados” demuestran que cuando menos padece de complejo de superioridad.
A modo de conclusión padecemos una violencia silenciosa que se expresa en la falta de autoridad, en un estado que no tiene capacidad de mediación, prueba de ellos es el conflicto docente de la Provincia de Buenos Aires en el que las reuniones se realizan periódicamente demostrando gremios y funcionarios un desprecio total por la gente, conductas que también resulta muy difícil entender, mas aun cuando su gobernador pretende competir por la presidencia de la república en nombre de la gestión (sic). La violencia se ejerce contra niños a los que se priva del derecho y la garantía de acceso a la educación.
Resulta muy difícil de entender que se pare sin aviso previo por doce horas el servicio de transporte interurbano, acto de violencia contra miles de personas, como consecuencia de un hecho delictual, si siguiéramos con esa línea de acción ¿que tendríamos que hacer los ciudadanos con los funcionarios que nos gobiernan…?
Seguramente nos calificarían de “revoltosos, rebeldes, fascistas o traidores” pero eso ya está pasando en Venezuela…y es lógico que Kristina apoye a ese señor que también como insulto al sentido común se llama “MADURO” porque solo pueden competir en su nivel de carencia de idoneidad.
Ortega dijo que hay que ir “…a las cosas…” pues bien dos de esas cosas hoy son la “violencia y la impunidad” y solo se las podrá controlar y reprimir con un estado ejemplar e idóneo, nada que ver con el que ocupa el “Kirchnerismo” ya sin legitimidad de ejercicio
DOLAR
La tormenta del dólar, lejos de haber terminado –
Por Franco Tealdi
Sorpresa por la relativa calma que en estos tiempos se ve y se siente en el mercado cambiario del dólar. ¿Ha cambiado la tendencia? ¿El gobierno dio en la tecla de una vez por todas? Pues bien, la respuesta a ambas preguntas es: NO.
dolar
Muchos me preguntan, sorprendidos, por la relativa calma que en estos tiempos se ve y se siente en el mercado cambiario del dólar. ¿Ha cambiado la tendencia? ¿El gobierno dio en la tecla de una vez por todas?
Pues bien, la respuesta a ambas preguntas es: NO. La tendencia sigue siendo alcista, y los dos principales problemas macroeconómicos que nos llevaron a la corrida de fin de año no solo están todavía intactos, sino que se proyectan inclusive peores: el déficit fiscal y la inflación.
Vamos por partes. La calma temporal que se ve en el mercado es simplemente producto de una serie de medidas lógicas y acertadas llevadas a cabo por el Banco Central, y que van desde un fuerte aumento en las tasas de interés, hasta una normativa del mismo que obliga a los bancos a desprenderse de sus posiciones dolarizadas (dólares en efectivo, bonos, futuros) hasta llegar éstas, como máximo, al 30% de su patrimonio.
Pero esta calma difícilmente sea duradera.
Una de las primeras cuestiones a tener en cuenta es que la esterilización de base monetaria realizada por el Banco Central implica, prontamente, volcar esos pesos nuevamente al circuito con el agregado del interés que se debe pagar. Si a eso le sumamos la monetización del déficit galopante del tesoro, es decir, los nuevos pesos que se deberán imprimir para financiar al gobierno, llegaremos a una situación en que no habrá suba de tasas de interés que alcance para absorber la cantidad de nuevos pesos que habrá en circulación y que, seguramente, irán a parar a precios y dólar.
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La segunda cuestión a tener en cuenta es la competitividad. Si en Enero para Capitanich el tipo de cambio había alcanzado un “nivel de convergencia aceptable”, seguramente estará enterado de que para mediados de año la inflación habrá anulado el salto de competitividad ganado producto del 27% de devaluación de ese mes. En pocas palabras, bajo el nivel de inflación actual, en Julio el tipo de cambio real volverá a niveles de atraso similares a los de Diciembre de 2013.
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Además, como si esto fuera poco, los inminentes aumentos salariales difícilmente cierren como el gobierno espera. Este busca usarlos a modo de ancla para aminorar la inercia inflacionaria ya instalada, buscando en vano que los gremios cierren acuerdos por debajo del 25%. Dudo que sea esto posible; muchos ya están pidiendo aumentos por encima del 30%, similar a la inflación, lo cual no hará otra cosa que sumar más déficit fiscal, más billetes en circulación, más inflación y más presión al dólar.
La apuesta del gobierno es claramente ganar tiempo hasta abril que ingresen los dólares de la cosecha gruesa y aliviar así el nivel de reservas del Banco Central. Pero aquí también soy cauto, más que nada por un dato: en 2013, desde Abril a Diciembre, el saldo neto de reservas fue negativo todos los meses. Los dólares del campo ni siquiera sirvieron para satisfacer la fuga de divisas.
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Dicho todo esto, la variable fundamental a seguir de cerca como referencia del valor verdadero del dólar es el llamado “dólar convertibilidad”, que es aquel que surge de dividir la base monetaria por el nivel de reservas. Este valor, aun al día de hoy, se encuentra por encima de los $12, y es el primer valor teórico de referencia al cual converge el dólar libre, siempre.
No es muy difícil, entonces, llegar a la conclusión que el dólar hoy está barato en la Argentina
EMPLEO
Empleo juvenil
¿Qué puede pasar?
(Columna de Jorge Paz, economista e investigador del CONICET y del IELDE)
Los trabajadores secundarios (aquellos de los que no depende crucialmente el sustento de la familia y entre los cuales muchos son jóvenes) reaccionan más a los vaivenes del ciclo económico que los trabajadores principales. Entran y salen de la fuerza laboral, son despedidos y recontratados, buscan trabajo y se retiran en función de lo que sus hogares necesitan para satisfacer necesidades. Es por esa razón que el contexto macroeconómico resulta vital para pensar qué puede llegar a pasar con el empleo de las y los jóvenes entre 18 y 24 años de edad. Pero esto no significa ignorar otros factores que alterarían significativamente las decisiones de este grupo social.
1. La demanda agregada y el empleo juvenil ¿Qué es lo que ha sucedido con el empleo juvenil en la Argentina en los últimos años y qué se puede aprender de esa historia reciente? Durante la última década, tanto el desempleo adulto como el juvenil han disminuido de manera ostensible. La expansión económica que comenzó luego de la gran crisis 2001-2002 vino acompañada por una importante expansión del empleo, del empleo registrado y por una, no menos importante, constancia del nivel de participación, principalmente de los trabajadores secundarios. La desocupación adulta pasó del 10% al 5% y la desocupación juvenil del 30% al 20%. El empleo aumentó del 70% al 74% en el primer caso y del 43% al 45% en el segundo. Es decir que las reducciones del desempleo fueron respaldadas por un cese importante de la presión que sobre la oferta laboral ejercen los trabajadores secundarios y no sólo por un aumento del empleo. Pero la diferencia más importante entre jóvenes y adultos está en la mayor volatilidad que manifiestan los primeros con respecto a los segundos (ver Gráfico). Los vaivenes de la demanda agregada se corresponden claramente con movimientos oscilatorios de los indicadores laborales de la población juvenil más que los de la población adulta.
Evolución de variables del mercado de trabajo y la demanda agregada
2. Los programas de transferencias condicionadas ¿Y qué hace pensar que los jóvenes seguirán siendo reticentes a ofrecer su fuerza laboral en el mercado durante los próximos meses? Desde esta columna advertimos meses atrás del aparente efecto fuerte y positivo que tuvo la Asignación Universal por Hijo (AUH) sobre la escolaridad de menores. Este programa sería el responsable directo de la vuelta a la escuela de muchos de ellos, especialmente de adolescentes entre 16 y 17 años que habían abandonado el sistema educativo. Pero, exceptuando programas aislados, muchos de ellos de limitado alcance y de jurisdicción provincial o municipal, el grupo etario comprendido entre los 18 y los 24 años no estaba cubierto de forma masiva, como lo hace la AUH para con los menores de 18. El Programa Progresar (PP) vino justamente a cubrir ese espacio de protección social para los más vulnerables. Pero si bien en un principio se interpretó que los triple-ni iban a ser el foco del PP, queda claro que el tercer “ni” (el “ni busca”) tiene un efecto claro sobre la desocupación. El impacto se hace sentir a través de un aumento del salario de reserva que se movió de $0 a $600, lo que acompañado por un elevado salario mínimo y por una presión a la mayor registración laboral, tiende a encarecer la fuerza laboral juvenil para los empleadores. Además, el estudio es claramente una actividad intensiva en tiempo y, como tal, compite codo a codo por el tiempo disponible para dedicar al trabajo remunerado. Según los últimos datos disponibles, alrededor del 13% de la población juvenil trabajadora de la Argentina gana menos de $600 y un 20% de la población económicamente activa entre 18 y 24 años de edad, está desocupada. En total, habría en la Argentina 820 mil jóvenes que se mantendrían fuera del mercado laboral.
3. Crónicas marcianas La historia contemporánea parece el relato más detallado de lo que Ray Bradbury imaginó al escribir ‘Crónicas Marcianas’. En economía no podemos ser tan precisos como Bradbury y sus predicciones. Solamente podemos imaginar escenarios en función de lo que sabemos acerca del comportamiento de las variables y de las relaciones entre ellas. Desde esta perspectiva podemos arriesgar la no tan promisoria conclusión: el empleo juvenil puede aumentar, disminuir o permanecer sin cambios en los próximos meses. Por el “efecto del trabajador adicional” puede que aumente tanto el empleo como la desocupación, como así también que se deterioren los salarios. Por otra parte, si las paritarias logran acercar los salarios a la inflación y el poder adquisitivo de jefas y jefes de hogar logra mantenerse en niveles razonables, es probable que las y los jóvenes permanezcan en el sistema educativo, con lo cual el empleo juvenil y la desocupación podrían disminuir. Por último, si los efectos se compensan puede que no ocurra nada y todo siga como hasta ahora. En todo caso, puede decirse que el empleo juvenil en el corto plazo depende de la evolución de los precios, de los salarios y de cómo esos insumos son procesados por los propios jóvenes y por sus familias. Pero cuidado con las condiciones actuales. Si la inflación licúa los beneficios del PP y los jóvenes son requeridos como trabajadores secundarios, la tasa de desocupación juvenil podría pasar del 20% actual al 30%, con lo cual las condiciones del mercado de trabajo serían muy parecidas a las de 2001-2002
ECONOMIA
Los subsidios
El ajuste pendiente
Por redaccion – 14 marzo, 2014
Sección: Economía, Opinión
La factura de subsidios económicos superó un nuevo récord en 2013. De acuerdo a la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública, aumentaron 34% el año pasado, sumando $134.114 millones o 4,5% del PIB.
A nivel sectorial, los subsidios energéticos no sólo son los de mayor peso (61%) sino también los que más contribuyeron a incrementar el monto total (+47% anual). Estos fondos se concentran en CAMMESA, que subsidia las tarifas energéticas y ENARSA, a cargo de la importación de combustibles para abastecer la demanda interna. En tanto, los subsidios al transporte son los segundos en importancia (24%), pero cayeron en términos reales (+10% nominal) porque se dejó de subsidiar el subte y Aerolíneas Argentinas redujo su déficit.
Alejado de los mercados financieros, el Gobierno recurrió al Banco Central para financiar el rojo fiscal. La asistencia del BCRA al Tesoro totalizó 4,4% del PIB el año pasado, de los cuales 3 puntos implicaron emisión por adelantos transitorios y utilidades.
Sin embargo, ello derivó en mayor inflación y presiones cambiarias. Por ello es que, estabilizado el frente externo, esperamos un reacomodamiento de la política fiscal, posiblemente cuando finalice el grueso de las paritarias.
Teniendo en cuenta que más de la mitad del gasto público corresponde a remuneraciones de empleados, jubilaciones y planes sociales, cualquier retoque afectaría la obra pública o los subsidios económicos. Cambios en este último son más viables, tanto por razones políticas (la obra pública se utiliza para alinear a gobernadores e intendentes), económicas (los subsidios equivalen a 2 veces el déficit financiero, las utilidades del BCRA y del FGS de la ANSES combinados) como de equidad (los subsidios benefician –en gran medida– a sectores de altos ingresos).
La reducción de subsidios debería ser parte de una política gradual. Eliminar completamente los subsidios al consumo de electricidad y gas (la mitad de la factura total) implicaría más que duplicar las tarifas actuales, y en algunos casos hasta quintuplicar los precios pagados por consumidores. Tamaño recorte tendría un impacto inflacionario de primera ronda cercano a los 8 puntos, aunque considerando reajustes posteriores en los precios relativos el incremento final sería mayor.
Si bien los cálculos son sólo un ejercicio teórico estático (limitado, además, a dos rubros y sin considerar diferencias regionales), muestran con claridad la necesidad de avanzar de manera gradual. Los efectos Esta medida sería positiva para la macro. El Estado se ahorraría cerca de $27.000 millones si redujera 1/3 los subsidios energéticos durante 2014. Si, además, se congelara el monto nominal de los 2/3 restantes, se ahorrarían otros $14.000 millones sólo por la licuación en términos reales.
Ello ayudaría a recomponer las finanzas públicas y moderar la asistencia monetaria del BCRA. No sólo mejorarían las perspectivas inflacionarias de mediano plazo (a muy corto plazo la inflación pegaría un salto), sino que también se evitarían tensiones cambiarias (por menor liquidez en pesos) y se favorecería la balanza comercial (por menor demanda interna). Recuperar credibilidad sería una ganancia adicional. La reducción de los subsidios señalizaría voluntad política para atacar la inflación, lo cual reduciría la dureza del ajuste económico en marcha.
En definitiva, una política económica más consistente y previsible reduce el costo económico del ajuste. Queda claro que recortar subsidios tiene un impacto social negativo a corto plazo. Pero afirmar que esta medida terminará afectando a los más pobres no es excusa para evitar un ajuste necesario, sino la justificación para una política de estabilización racional y equitativa, que recaiga sobre sectores de mayores ingresos y compense los costos sufridos por los menos favorecidos
ECONOMIA
La presión fiscal está entre 11 y 13 puntos del PBI, arriba del máximo histórico de los anteriores gobiernos peronistas
En el año 1948, cuando se produjo el máximo histórico del gasto público en relación al PBI (45,6%), muy parecido al nivel alcanzado por el mismo indicador en 2013 (45,1%). Lla presión fiscal alcanzó el 29,8%, por lejos la mas alta de todos los gobiernos peronistas anteriores a Kirchner. De hecho, el segundo pico histórico para un gobierno peronista se alcanzó en 1992 con el 27,9% de presión fiscal.
En 2013 la presión fiscal fue del 40,6%, es decir 11 puntos del PBI más alta que la de 1948 y 13 puntos del PBI más alta que en 1992. Con cualquier experiencia anterior que se la compare, la presión tributaria aumentó en una magnitud impresionante. En Argentina, en la actualidad, es superior a la de la mayoría de los países emergentes e incluso más elevada que en los Estados Unidos y varios países desarrollados. Es similar a la de los países europeos más avanzados.
Esta alta presión fiscal es la que explica que el déficit esté todavía en niveles comparables a los más altos del período de la convertibilidad (4,6% en 2013 comparado con el 5,6% de 2001, cuando la factura de intereses de la deuda pública, especialmente para las provincias, era muy abultada) pero aún significativamente más bajo que el de 1948 (15,6%) y 1975 (12.3%), los momentos más críticos del pasado peronista.
Aunque el déficit fiscal no aparece todavía exageradamente alto (en realidad es del mismo orden de magnitud de los subsidios que el gobierno paga por el congelamiento de tarifas de electricidad, gas y transporte urbano, con lo que podría suponerse que eliminando los subsidios el déficit desaparecería), ello no quiere decir que un futuro plan de estabilización no va a requerir grandes esfuerzos para reducir el gasto público. La presión fiscal ha aumentado a niveles tan exagerados, que de no reducirse significativamente, se va a constituir en un freno importante a la inversión y a la creación de empleos productivos por parte del sector privado.
El gráfico que agrego a continuación (elaborados con los datos que aparecen en el Excel) debería llevar, no sólo a los funcionarios del gobierno actual sino también a quienes se proponen gobernar a partir del 10 de diciembre de 2015, a planear fuertes reducciones del gasto público, con criterios de eficiencia y equidad. Si no lo hacen, la reducción vendrá por otro golpe devaluatorio e inflacionario, como el del año 2002. En ese caso, la reducción se operará de la manera más ineficiente e inequitativa imaginable.
Mirando atentamente el gráfico, se puede observar que ha habido dos oportunidades en las que el gasto público bajó significativamente en un período corto de tiempo. Durante el primer gobierno de Perón, entre 1949 y 1952, el gasto público bajó del 45,6% a 27,9% del PBI. Perón actuó con pocos prejuicios ideológicos, enfrentó huelgas muy largas y complejas de los gráficos, azucareros, frigoríficos, marítimos, bancarios y ferroviarios, pero logró que la inflación no se espiralizara.
Otra baja significativa se produjo al comienzo del gobierno de Menem desde un nivel de 37,6% del PBI en 1989 a 27,9% en 1991. Estos son dos ejemplos de fuertes reducciones en el gasto público que deberían ser estudiadas por los asesores de quienes se postulan para gobernar al país desde el 10 de diciembre en adelante
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