domingo, 16 de marzo de 2014

EDITORIAL

Violencia e impunidad Luis Alejandro Rizzi El “Kirchnerismo” nos deja un legado de violencia porque siempre concibió el poder como elemento de lucha, su objetivo es dañar o intimidar al prójimo Esta es la herencia que ya nos ha legado el “KIRCHNERISMO” constituyendo dos “cuestiones” que deberán resolverse en el futuro como condición necesaria, no suficiente, para poder invertir este camino o transición hacia el subdesarrollo. Digo que el “Kirchnerismo” nos deja un legado de violencia porque siempre concibió el poder como elemento de lucha, su objetivo es dañar o intimidar al prójimo. Un ejemplo circunstancial de lo primero, el traspaso de fondos judiciales del Banco ciudad al Banco Nación, se hizo para restarle fondos al Banco ciudad para afectar su capacidad competitiva al tiempo que se perjudicó a los usuarios que ahora pueden demorar el triple de tiempo para realizar las operaciones que antes se hacían en minutos. Un ejemplo de lo segundo fue la venta que tuvo que hacer el presidente de la UIA de su participación accionaria de una sociedad, ante la amenaza que no sería admitida en futuras licitaciones. Otro ejemplo muy sutil de violencia e intimidación es el trámite de las DJAI que son observadas sin expresar la causa o motivo como lo exige la norma que las implantó y también la negativa de los funcionarios cuando uno intenta averiguarla. Y esto ocurre por una razón que dio Tomas ABRAHAM en INFOBAE “TV”, &"El problema de la Argentina no es la corrupción, es la impunidad. Corrupción hay en todas partes, impunidad no. Acá se sacan fotos con los barrabravas&". La Argentina ha sido convertida en un lugar donde no se sabe si las reglas serán respetadas y en el que todo puede suceder y como lo explicaba Ives Michaud “La inseguridad no es el terror, es la probabilidad de lo imprevisible. Por lo mismo, aunque todo esté tranquilo, igual reina” Por ello quienes hablan de la inseguridad como “sensación” no se equivocan y efectivamente la “inseguridad” es más que nada esa sensación de que aunque durante un lapso nada pase, en cualquier momento puedo ocurrir lo menos pensado. No hay confianza en las fuerzas de seguridad ni el funcionamiento del Poder Judicial cuyos laberintos procesales más que una garantía del “debido proceso” son percibidos como garantías de impunidad. Resulta difícil de entender, porque también es una forma de violencia para engañar, sería el ardid del delito de estafa, que se haya tolerado durante años la alteración de datos estadísticos sobre la evolución de la economía y la medición de la variación de precios y que en el cenit de ese proceso el gobierno haya obtenido un 54% de votos. Resulta difícil de entender que hayan sido tolerados, salvo alguna excepción, los manejos arbitrarios y despóticos, que también es un modo de violencia e intimidación, de un ex Secretario de comercio de la Nación que podría competir con éxito en los records Guinness al fracaso. Resulta difícil de creer que un Juez suspenda un allanamiento por un llamado telefónico de un funcionario público que denunció supuestas exigencias de dadivas por parte de los participantes, cuando en todo caso debió haberse constituido personalmente, continuar con el allanamiento y promover las investigaciones pertinentes. Es obvio que la suspensión del allanamiento favoreció la impunidad que también es causa de violencias e intimidaciones. Resulta difícil de entender la permanencia de funcionarios públicos que al día de hoy no explicaron porque avalaron que un grupo argentino, “especializado en mercados regulados” como dijo el Presidente de Repsol para justificar esa venta, hubiera comprado acciones de YPF pagando su precio con dividendos que no se reinvertían, lo que fue una forma muy sutil de vaciamiento y violencia porque toda anomalía es un signo de fraude. Resulta difícil de entender que el Señor Recalde permanezca como CEO de AEROLÍNEAS ARGENTINAS y AUSTRAL empresas que requieren ingentes sumas de dinero para su subsistencia que aportamos todos los contribuyentes de los impuestos formales y del impuesto inflacionario sin tener a la vista los resultados de su gestión documentados en los balances que exige la ley de sociedades y las normas de la contabilidad pública como lo manda la ley de administración financiera 24.156, cuando menos es un modo de violencia contra la República. Resulta difícil de entender que permanezcan en funciones todos los responsables del colapso energético del país ya que su permanencia es violatoria de la condición de idoneidad para ejercer empleo público. Resulta difícil de entender que permanezca como Ministro de economía una persona cuya pedantería o estatura se mide por su nivel de soberbia, mala educación y hasta por sus guarangadas y como lo dice Ortega en “MISION DE LA UNIVERSIDAD” por su retraso con relación a la época que le toca vivir, arcaico y primitivo en comparación con la terrible actualidad y fecha de sus problemas. Este nuevo bárbaro es principalmente el profesional, más sabio que nunca, pero más inculto también…” Sus descalificaciones públicas como “papagayos” “tarados” demuestran que cuando menos padece de complejo de superioridad. A modo de conclusión padecemos una violencia silenciosa que se expresa en la falta de autoridad, en un estado que no tiene capacidad de mediación, prueba de ellos es el conflicto docente de la Provincia de Buenos Aires en el que las reuniones se realizan periódicamente demostrando gremios y funcionarios un desprecio total por la gente, conductas que también resulta muy difícil entender, mas aun cuando su gobernador pretende competir por la presidencia de la república en nombre de la gestión (sic). La violencia se ejerce contra niños a los que se priva del derecho y la garantía de acceso a la educación. Resulta muy difícil de entender que se pare sin aviso previo por doce horas el servicio de transporte interurbano, acto de violencia contra miles de personas, como consecuencia de un hecho delictual, si siguiéramos con esa línea de acción ¿que tendríamos que hacer los ciudadanos con los funcionarios que nos gobiernan…? Seguramente nos calificarían de “revoltosos, rebeldes, fascistas o traidores” pero eso ya está pasando en Venezuela…y es lógico que Kristina apoye a ese señor que también como insulto al sentido común se llama “MADURO” porque solo pueden competir en su nivel de carencia de idoneidad. Ortega dijo que hay que ir “…a las cosas…” pues bien dos de esas cosas hoy son la “violencia y la impunidad” y solo se las podrá controlar y reprimir con un estado ejemplar e idóneo, nada que ver con el que ocupa el “Kirchnerismo” ya sin legitimidad de ejercicio

DOLAR

La tormenta del dólar, lejos de haber terminado – Por Franco Tealdi Sorpresa por la relativa calma que en estos tiempos se ve y se siente en el mercado cambiario del dólar. ¿Ha cambiado la tendencia? ¿El gobierno dio en la tecla de una vez por todas? Pues bien, la respuesta a ambas preguntas es: NO. dolar Muchos me preguntan, sorprendidos, por la relativa calma que en estos tiempos se ve y se siente en el mercado cambiario del dólar. ¿Ha cambiado la tendencia? ¿El gobierno dio en la tecla de una vez por todas? Pues bien, la respuesta a ambas preguntas es: NO. La tendencia sigue siendo alcista, y los dos principales problemas macroeconómicos que nos llevaron a la corrida de fin de año no solo están todavía intactos, sino que se proyectan inclusive peores: el déficit fiscal y la inflación. Vamos por partes. La calma temporal que se ve en el mercado es simplemente producto de una serie de medidas lógicas y acertadas llevadas a cabo por el Banco Central, y que van desde un fuerte aumento en las tasas de interés, hasta una normativa del mismo que obliga a los bancos a desprenderse de sus posiciones dolarizadas (dólares en efectivo, bonos, futuros) hasta llegar éstas, como máximo, al 30% de su patrimonio. Pero esta calma difícilmente sea duradera. Una de las primeras cuestiones a tener en cuenta es que la esterilización de base monetaria realizada por el Banco Central implica, prontamente, volcar esos pesos nuevamente al circuito con el agregado del interés que se debe pagar. Si a eso le sumamos la monetización del déficit galopante del tesoro, es decir, los nuevos pesos que se deberán imprimir para financiar al gobierno, llegaremos a una situación en que no habrá suba de tasas de interés que alcance para absorber la cantidad de nuevos pesos que habrá en circulación y que, seguramente, irán a parar a precios y dólar. emision La segunda cuestión a tener en cuenta es la competitividad. Si en Enero para Capitanich el tipo de cambio había alcanzado un “nivel de convergencia aceptable”, seguramente estará enterado de que para mediados de año la inflación habrá anulado el salto de competitividad ganado producto del 27% de devaluación de ese mes. En pocas palabras, bajo el nivel de inflación actual, en Julio el tipo de cambio real volverá a niveles de atraso similares a los de Diciembre de 2013. tc real Además, como si esto fuera poco, los inminentes aumentos salariales difícilmente cierren como el gobierno espera. Este busca usarlos a modo de ancla para aminorar la inercia inflacionaria ya instalada, buscando en vano que los gremios cierren acuerdos por debajo del 25%. Dudo que sea esto posible; muchos ya están pidiendo aumentos por encima del 30%, similar a la inflación, lo cual no hará otra cosa que sumar más déficit fiscal, más billetes en circulación, más inflación y más presión al dólar. La apuesta del gobierno es claramente ganar tiempo hasta abril que ingresen los dólares de la cosecha gruesa y aliviar así el nivel de reservas del Banco Central. Pero aquí también soy cauto, más que nada por un dato: en 2013, desde Abril a Diciembre, el saldo neto de reservas fue negativo todos los meses. Los dólares del campo ni siquiera sirvieron para satisfacer la fuga de divisas. Reservas_BCRA_Soja Dicho todo esto, la variable fundamental a seguir de cerca como referencia del valor verdadero del dólar es el llamado “dólar convertibilidad”, que es aquel que surge de dividir la base monetaria por el nivel de reservas. Este valor, aun al día de hoy, se encuentra por encima de los $12, y es el primer valor teórico de referencia al cual converge el dólar libre, siempre. No es muy difícil, entonces, llegar a la conclusión que el dólar hoy está barato en la Argentina

EMPLEO

Empleo juvenil ¿Qué puede pasar? (Columna de Jorge Paz, economista e investigador del CONICET y del IELDE) Los trabajadores secundarios (aquellos de los que no depende crucialmente el sustento de la familia y entre los cuales muchos son jóvenes) reaccionan más a los vaivenes del ciclo económico que los trabajadores principales. Entran y salen de la fuerza laboral, son despedidos y recontratados, buscan trabajo y se retiran en función de lo que sus hogares necesitan para satisfacer necesidades. Es por esa razón que el contexto macroeconómico resulta vital para pensar qué puede llegar a pasar con el empleo de las y los jóvenes entre 18 y 24 años de edad. Pero esto no significa ignorar otros factores que alterarían significativamente las decisiones de este grupo social. 1. La demanda agregada y el empleo juvenil ¿Qué es lo que ha sucedido con el empleo juvenil en la Argentina en los últimos años y qué se puede aprender de esa historia reciente? Durante la última década, tanto el desempleo adulto como el juvenil han disminuido de manera ostensible. La expansión económica que comenzó luego de la gran crisis 2001-2002 vino acompañada por una importante expansión del empleo, del empleo registrado y por una, no menos importante, constancia del nivel de participación, principalmente de los trabajadores secundarios. La desocupación adulta pasó del 10% al 5% y la desocupación juvenil del 30% al 20%. El empleo aumentó del 70% al 74% en el primer caso y del 43% al 45% en el segundo. Es decir que las reducciones del desempleo fueron respaldadas por un cese importante de la presión que sobre la oferta laboral ejercen los trabajadores secundarios y no sólo por un aumento del empleo. Pero la diferencia más importante entre jóvenes y adultos está en la mayor volatilidad que manifiestan los primeros con respecto a los segundos (ver Gráfico). Los vaivenes de la demanda agregada se corresponden claramente con movimientos oscilatorios de los indicadores laborales de la población juvenil más que los de la población adulta. Evolución de variables del mercado de trabajo y la demanda agregada 2. Los programas de transferencias condicionadas ¿Y qué hace pensar que los jóvenes seguirán siendo reticentes a ofrecer su fuerza laboral en el mercado durante los próximos meses? Desde esta columna advertimos meses atrás del aparente efecto fuerte y positivo que tuvo la Asignación Universal por Hijo (AUH) sobre la escolaridad de menores. Este programa sería el responsable directo de la vuelta a la escuela de muchos de ellos, especialmente de adolescentes entre 16 y 17 años que habían abandonado el sistema educativo. Pero, exceptuando programas aislados, muchos de ellos de limitado alcance y de jurisdicción provincial o municipal, el grupo etario comprendido entre los 18 y los 24 años no estaba cubierto de forma masiva, como lo hace la AUH para con los menores de 18. El Programa Progresar (PP) vino justamente a cubrir ese espacio de protección social para los más vulnerables. Pero si bien en un principio se interpretó que los triple-ni iban a ser el foco del PP, queda claro que el tercer “ni” (el “ni busca”) tiene un efecto claro sobre la desocupación. El impacto se hace sentir a través de un aumento del salario de reserva que se movió de $0 a $600, lo que acompañado por un elevado salario mínimo y por una presión a la mayor registración laboral, tiende a encarecer la fuerza laboral juvenil para los empleadores. Además, el estudio es claramente una actividad intensiva en tiempo y, como tal, compite codo a codo por el tiempo disponible para dedicar al trabajo remunerado. Según los últimos datos disponibles, alrededor del 13% de la población juvenil trabajadora de la Argentina gana menos de $600 y un 20% de la población económicamente activa entre 18 y 24 años de edad, está desocupada. En total, habría en la Argentina 820 mil jóvenes que se mantendrían fuera del mercado laboral. 3. Crónicas marcianas La historia contemporánea parece el relato más detallado de lo que Ray Bradbury imaginó al escribir ‘Crónicas Marcianas’. En economía no podemos ser tan precisos como Bradbury y sus predicciones. Solamente podemos imaginar escenarios en función de lo que sabemos acerca del comportamiento de las variables y de las relaciones entre ellas. Desde esta perspectiva podemos arriesgar la no tan promisoria conclusión: el empleo juvenil puede aumentar, disminuir o permanecer sin cambios en los próximos meses. Por el “efecto del trabajador adicional” puede que aumente tanto el empleo como la desocupación, como así también que se deterioren los salarios. Por otra parte, si las paritarias logran acercar los salarios a la inflación y el poder adquisitivo de jefas y jefes de hogar logra mantenerse en niveles razonables, es probable que las y los jóvenes permanezcan en el sistema educativo, con lo cual el empleo juvenil y la desocupación podrían disminuir. Por último, si los efectos se compensan puede que no ocurra nada y todo siga como hasta ahora. En todo caso, puede decirse que el empleo juvenil en el corto plazo depende de la evolución de los precios, de los salarios y de cómo esos insumos son procesados por los propios jóvenes y por sus familias. Pero cuidado con las condiciones actuales. Si la inflación licúa los beneficios del PP y los jóvenes son requeridos como trabajadores secundarios, la tasa de desocupación juvenil podría pasar del 20% actual al 30%, con lo cual las condiciones del mercado de trabajo serían muy parecidas a las de 2001-2002

ECONOMIA

Los subsidios El ajuste pendiente Por redaccion – 14 marzo, 2014 Sección: Economía, Opinión La factura de subsidios económicos superó un nuevo récord en 2013. De acuerdo a la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública, aumentaron 34% el año pasado, sumando $134.114 millones o 4,5% del PIB. A nivel sectorial, los subsidios energéticos no sólo son los de mayor peso (61%) sino también los que más contribuyeron a incrementar el monto total (+47% anual). Estos fondos se concentran en CAMMESA, que subsidia las tarifas energéticas y ENARSA, a cargo de la importación de combustibles para abastecer la demanda interna. En tanto, los subsidios al transporte son los segundos en importancia (24%), pero cayeron en términos reales (+10% nominal) porque se dejó de subsidiar el subte y Aerolíneas Argentinas redujo su déficit. Alejado de los mercados financieros, el Gobierno recurrió al Banco Central para financiar el rojo fiscal. La asistencia del BCRA al Tesoro totalizó 4,4% del PIB el año pasado, de los cuales 3 puntos implicaron emisión por adelantos transitorios y utilidades. Sin embargo, ello derivó en mayor inflación y presiones cambiarias. Por ello es que, estabilizado el frente externo, esperamos un reacomodamiento de la política fiscal, posiblemente cuando finalice el grueso de las paritarias. Teniendo en cuenta que más de la mitad del gasto público corresponde a remuneraciones de empleados, jubilaciones y planes sociales, cualquier retoque afectaría la obra pública o los subsidios económicos. Cambios en este último son más viables, tanto por razones políticas (la obra pública se utiliza para alinear a gobernadores e intendentes), económicas (los subsidios equivalen a 2 veces el déficit financiero, las utilidades del BCRA y del FGS de la ANSES combinados) como de equidad (los subsidios benefician –en gran medida– a sectores de altos ingresos). La reducción de subsidios debería ser parte de una política gradual. Eliminar completamente los subsidios al consumo de electricidad y gas (la mitad de la factura total) implicaría más que duplicar las tarifas actuales, y en algunos casos hasta quintuplicar los precios pagados por consumidores. Tamaño recorte tendría un impacto inflacionario de primera ronda cercano a los 8 puntos, aunque considerando reajustes posteriores en los precios relativos el incremento final sería mayor. Si bien los cálculos son sólo un ejercicio teórico estático (limitado, además, a dos rubros y sin considerar diferencias regionales), muestran con claridad la necesidad de avanzar de manera gradual. Los efectos Esta medida sería positiva para la macro. El Estado se ahorraría cerca de $27.000 millones si redujera 1/3 los subsidios energéticos durante 2014. Si, además, se congelara el monto nominal de los 2/3 restantes, se ahorrarían otros $14.000 millones sólo por la licuación en términos reales. Ello ayudaría a recomponer las finanzas públicas y moderar la asistencia monetaria del BCRA. No sólo mejorarían las perspectivas inflacionarias de mediano plazo (a muy corto plazo la inflación pegaría un salto), sino que también se evitarían tensiones cambiarias (por menor liquidez en pesos) y se favorecería la balanza comercial (por menor demanda interna). Recuperar credibilidad sería una ganancia adicional. La reducción de los subsidios señalizaría voluntad política para atacar la inflación, lo cual reduciría la dureza del ajuste económico en marcha. En definitiva, una política económica más consistente y previsible reduce el costo económico del ajuste. Queda claro que recortar subsidios tiene un impacto social negativo a corto plazo. Pero afirmar que esta medida terminará afectando a los más pobres no es excusa para evitar un ajuste necesario, sino la justificación para una política de estabilización racional y equitativa, que recaiga sobre sectores de mayores ingresos y compense los costos sufridos por los menos favorecidos

ECONOMIA

La presión fiscal está entre 11 y 13 puntos del PBI, arriba del máximo histórico de los anteriores gobiernos peronistas En el año 1948, cuando se produjo el máximo histórico del gasto público en relación al PBI (45,6%), muy parecido al nivel alcanzado por el mismo indicador en 2013 (45,1%). Lla presión fiscal alcanzó el 29,8%, por lejos la mas alta de todos los gobiernos peronistas anteriores a Kirchner. De hecho, el segundo pico histórico para un gobierno peronista se alcanzó en 1992 con el 27,9% de presión fiscal. En 2013 la presión fiscal fue del 40,6%, es decir 11 puntos del PBI más alta que la de 1948 y 13 puntos del PBI más alta que en 1992. Con cualquier experiencia anterior que se la compare, la presión tributaria aumentó en una magnitud impresionante. En Argentina, en la actualidad, es superior a la de la mayoría de los países emergentes e incluso más elevada que en los Estados Unidos y varios países desarrollados. Es similar a la de los países europeos más avanzados. Esta alta presión fiscal es la que explica que el déficit esté todavía en niveles comparables a los más altos del período de la convertibilidad (4,6% en 2013 comparado con el 5,6% de 2001, cuando la factura de intereses de la deuda pública, especialmente para las provincias, era muy abultada) pero aún significativamente más bajo que el de 1948 (15,6%) y 1975 (12.3%), los momentos más críticos del pasado peronista. Aunque el déficit fiscal no aparece todavía exageradamente alto (en realidad es del mismo orden de magnitud de los subsidios que el gobierno paga por el congelamiento de tarifas de electricidad, gas y transporte urbano, con lo que podría suponerse que eliminando los subsidios el déficit desaparecería), ello no quiere decir que un futuro plan de estabilización no va a requerir grandes esfuerzos para reducir el gasto público. La presión fiscal ha aumentado a niveles tan exagerados, que de no reducirse significativamente, se va a constituir en un freno importante a la inversión y a la creación de empleos productivos por parte del sector privado. El gráfico que agrego a continuación (elaborados con los datos que aparecen en el Excel) debería llevar, no sólo a los funcionarios del gobierno actual sino también a quienes se proponen gobernar a partir del 10 de diciembre de 2015, a planear fuertes reducciones del gasto público, con criterios de eficiencia y equidad. Si no lo hacen, la reducción vendrá por otro golpe devaluatorio e inflacionario, como el del año 2002. En ese caso, la reducción se operará de la manera más ineficiente e inequitativa imaginable. Mirando atentamente el gráfico, se puede observar que ha habido dos oportunidades en las que el gasto público bajó significativamente en un período corto de tiempo. Durante el primer gobierno de Perón, entre 1949 y 1952, el gasto público bajó del 45,6% a 27,9% del PBI. Perón actuó con pocos prejuicios ideológicos, enfrentó huelgas muy largas y complejas de los gráficos, azucareros, frigoríficos, marítimos, bancarios y ferroviarios, pero logró que la inflación no se espiralizara. Otra baja significativa se produjo al comienzo del gobierno de Menem desde un nivel de 37,6% del PBI en 1989 a 27,9% en 1991. Estos son dos ejemplos de fuertes reducciones en el gasto público que deberían ser estudiadas por los asesores de quienes se postulan para gobernar al país desde el 10 de diciembre en adelante

sábado, 1 de febrero de 2014

ECONOMIA

Subir la tasa de interés con igual déficit fiscal CIUDAD DE BUENOS AIRES (Economia & Regiones). Hace años que el BCRA sufre la dominancia fiscal y no puede delinear y aplicar libre e independientemente su política monetaria. En Argentina hay una fuerte y creciente dominancia fiscal. La política monetaria se encuentra totalmente subordinada a financiar al Tesoro, cuyas necesidades de financiamiento crecen sostenidamente año tras año, impulsando el señoreaje y el desequilibrio en el mercado de dinero. En este marco de dominancia fiscal, el BCRA siempre mantuvo una política monetaria intervencionista con pequeñas devaluaciones nominales muy inferiores a los niveles de inflación. En línea con lo predicho por la teoría sobre las crisis bancarias, se inició una corrida contra las reservas del BCRA que fue creciendo mes tras mes. El gobierno en lugar de atacar las causas puso el cepo y creó un monstruo de dos cabezas: dólar paralelo y brecha cambiaria, es decir agrandó los problemas. En consecuencia, el drenaje de reservas se acelera y parece irreversible, mientras que la cotización del dólar blue y la brecha siguen aumentando. Las expectativas de devaluación, de inflación y el aumento del nivel general de precios se potencian. El cepo cambiario contiene coercitivamente la demanda de dinero, que si llegara a caer multiplicaría exponencialmente los actuales problemas inflacionarios. Sin embargo, hace algunos días el escenario cambió. Ante la aceleración de la tasa de caída de las reservas, el gobierno optó por dejar de defender el valor del peso y permitió que el dólar oficial superara los $8. Es decir, una devaluación del 20% en un día, del 23% en los primeros 20 días de enero y del 43% contra el enero del año anterior. No fue el único cambio. Paralelamente se implementaron otras medidas como permitir a personas físicas la compra de dólares para atesorar, sin que ello implique un abandono del cepo, y una suba de tasas de interés nominal que paga el BCRA en sus colocaciones de deuda. En el último trimestre de 2013 el dólar dejó de ser ancla anti inflacionaria cuando el BCRA comenzó a acelerar la tasa de devaluación. Ahora, el salto nominal del dólar de 6.8 a 8 pesos implica que el gobierno decidió permitir un mayor ajuste vía precios para que el ajuste vía cantidades sea menor y así, preservar las reservas. Si tenemos en cuenta que actualmente el tipo de cambio real de equilibrio de largo plazo de Argentina es más bajo que en los 90s, podemos entender que el tipo de cambio real de Argentina tiene una natural tendencia apreciadora que no se puede modificar. En este contexto en el cual no se reduce la dominancia fiscal y el señoreaje (emisión de pesos para financiar al Tesoro), el salto devaluatorio del tipo de cambio oficial se trasladaría a precios rápidamente potenciando el círculo negativo: la aceleración devaluatoria impactaría negativamente en las expectativas de inflación, en las expectativas de devaluación futura y en un aumento de la cotización del dólar negro. Peor aún, el salto devaluatorio y la inflación resultante provocarán una marcada caída del salario real (y de los ingresos y contratos en general) induciendo un ajuste de nivel de actividad. Es decir, la profundización de la crisis cambiaria, con aceleración de precios impactará negativamente en la actividad económica en el mediano plazo. Suba de tasas nominales Tras la brusca devaluación y el anuncio de supuesto levantamiento de las restricciones para la compra de moneda extranjera, el Central empezó a subir las tasas de interés. A priori esta medida intentaría moderar la inflación que trae aparejada una devaluación mayor al 43% anual y fortalecer la demanda de dinero que exhibe caídas en términos reales en sus tramos más líquidos, como el circulante y las cuentas corrientes

domingo, 26 de enero de 2014

sábado, 25 de enero de 2014

Economía EEUU

El regreso de Estados Unidos

¿Ahora sí?
“America’s back” (América retornó), decía la portada de la revista Newsweek en abril de 2010. Se refería a la recuperación económica de la principal economía del mundo luego de un año y medio en el cual caminó por la cornisa de la Gran Depresión II. Sin embargo, la performance económica del cuatrienio 2010- 2013 fue peor a la que imaginaban muchos optimistas precoces.
Ahora, a casi cuatro años de aquella portada, sí parece haber un consenso más sólido (y cifras que lo avalan) sobre “el retorno de América”.
Nouriel Roubini, uno de los pocos que vio venir la crisis de 2008-2009, escribió recientemente: “En Estados Unidos, el desempeño económico en 2014 se verá beneficiado por la revolución del shale gas, una mejora en los mercados laboral e inmobiliario y el retorno de la actividad industrial al país”. En efecto, la tasa de desempleo está en 6,7% (la más baja de los últimos cinco años) y el PIB creció a una tasa anualizada de 4,1% en el tercer trimestre, “y el crecimiento durante el cuarto trimestre parece haber sido relativamente sólido, impulsado por un tremendo aumento en la construcción de nuevas viviendas y de la producción industrial”, añade el economista Martin Feldstein. Además, el S&P 500 tuvo en 2013 la mayor suba anual (29%) desde 1997.
Uno de los datos más citados para cimentar el optimismo sobre EE.UU. es la inversión en bienes de capital, es decir, en fierros. Según Morgan Stanley, este tipo de inversión podría crecer 7,9% y 7% en 2014 y 2015, respectivamente. Jan Hatzius, economista jefe de Goldman Sachs, cree que el PIB crecerá 2,9% en 2014 y que el sector privado será el que traccione la economía. “Las finanzas públicas han mejorado y la venta de inmuebles tiene un mejor panorama”, dijo recientemente Ben Bernanke, presidente saliente de la Reserva Federal.
Si bien persisten riesgos a la baja, éstos se han moderado y los optimistas, luego de mucho tiempo, son más que los pesimistas. Los temores a un estancamiento prolongado a la japonesa son parte del pasado. Ahora sí, parece que America’s back.

Economía

La nueva estrategia cambiaria

El Gobierno y el dólar


Una de las noticias económicas más relevantes de los últimos días, además de la bienvenida vuelta de CFK a la escena pública, fue la suba de $ 23 centavos del dólar oficial del miércoles 22. No sorprendió, claro está, la dirección del movimiento sino su magnitud. En sólo una jornada el peso se depreció más de 3,5% contra “el billete”. “Las autoridades han tomado nota de que el sendero de minidevaluaciones, de tan anticipadas que eran, agravaron el ataque sobre las reservas”, opina el economista Nicolás Dujovne. El BCRA abandonó su “tablita” de devaluación (acelerada pero gradual) del 5-7% mensual de los últimos meses, y adoptó una nueva estrategia, de shock, que hasta entonces había buscado evitar.
El objetivo es el mismo: proteger las reservas.
La tendencia quedó ratificada al otro día, cuando se produjo otra de las noticias más relevantes de las últimas jornadas, sino del año: “el billete” subió $ 61 centavos (luego de haber navegado bien por arriba de $8 antes de la intervención –venta- del BCRA) y batió un nuevo récord. Así, la creencia de que estaríamos entrando en un régimen cambiario distinto, una especie de flotación libre sin administración (o, al menos, hasta que el dólar llegue a un nivel de “convergencia aceptable”), ganó fuerza.
El viernes, antes de la apertura de los mercados y contra todos los pronósticos, el Gobierno decidió aflojar el “cepo” cambiario. Sin dudas, la noticia del año. Se permitirá, desde el lunes, volver a comprar dólares para atesoramiento (con un recargo del 20%, similar al aplicado al “dólar turista”, y previo paso por la AFIP) y se redujo del 35% a 20% el anticipo de Ganancias para compras en el exterior vía tarjeta. Pese a la rebaja, y por la devaluación, el “dólar turista” es más caro que antes. Ahora es de entre $9,50-$10.
Hasta aquí, los datos. Quedan, por supuesto, muchas incógnitas. ¿El BCRA estacionará el dólar en estos niveles, o un poco más arriba? El viernes, el dólar oficial subió otros $23 hasta $8,02, pese a que el jefe de Gabinete había dicho a la mañana que había llegado a un “nivel de convergencia aceptable”. Recién la semana que viene se sabrá cuánto recorrido alcista le queda al “billete”. Según Miguel Bein, el nuevo rango de flotación será entre $ 7,75 y $8,25, mientras hay otros que creen que podría llegar más cerca de $8,50. La otra pregunta es si servirá para proteger a las reservas, el principal objetivo de la nueva estrategia cambiaria, que siguieron cayendo en la semana y pronto perforarán el piso de los US$ 29.000 millones.
El dólar paralelo, que había superado los $ 13 el jueves, cayó más de $1 el viernes, aunque no se sabe si la tendencia se mantendrá hacia adelante. El aflojamiento del cepo, cuya operatoria aún no se conoce claramente, debería, en principio, llevarlo más para debajo de lo que está actualmente.
Por lo tanto, habrá que monitorear de cerca tres variables: reservas, dólar oficial y dólar paralelo.
El objetivo de máxima del Gobierno es hacer caer el dólar paralelo (y, con ello, la brecha), retomar una senda de devaluación gradual del dólar oficial y ofrecer mejores incentivos para que el agro liquide la cosecha a partir de marzo, mientras se espera la llegada de los elusivos dólares frescos que el Gobierno está buscando en distintos lugares. Si bien dólar más alto y las otras regulaciones creadas en los últimos tiempos podrían desincentivar la demanda indirecta de dólares (autos, viajes, tarjeta, etcétera), el aflojamiento del cepo podría acentuar el ataque sobre las reservas. Comprar dólares oficiales y venderlos en el mercado paralelo, dado el diferencial de precios, es una opción, si bien ilegal, atractiva.
Equilibrio se busca
La carencia de un plan integral y la instrumentación de medidas aisladas, una crítica recurrente a la política económica oficial, es una amenaza latente que podría no sólo hacer naufragar la voluntad oficial sino dejar a la economía en uno, o varios, niveles de nominalidad más altos que los actuales. La clásica carrera precios-dólar que, sin excepción, termina mal por donde se la mire. Por lo tanto, será necesario que el Gobierno adopte más medidas, sobre todo en el frente fiscal y monetario, que le den credibilidad al nuevo esquema de precios relativos.
“Si no se ataca la dominancia fiscal, no hay chances que el tipo de cambio oficial no siga subiendo, la inflación no siga acelerándose y el dólar paralelo y la brecha cambiaria continúen aumentando; tampoco que el empleo y nivel de actividad económica deje de debilitarse”, opina Diego Giacomini, economista jefe de Economía & Regiones.
“La modificación en la política cambiaria deber ser acompañada por una corrección significativa del déficit fiscal que permita reducir el financiamiento monetario al Tesoro y un ajuste en las tasas de interés”, opinan desde la consultora ACM.
Inflación, actividad y paritarias
Donde no parece haber muchas dudas es en materia inflacionaria. La devaluación, coinciden los economistas, le pondrá más presión a una tasa de inflación que se viene acelerando. En 2013 se registró la inflación más alta de la era kirchnerista. En diciembre, los precios subieron entre 3% y 4%, según diversos indicadores y los anticipos de enero muestran que el alza del primer mes del año sería aún mayor. “El traspaso hacia la inflación del salto en el tipo de cambio oficial será importante en los próximos meses, al igual que el impacto negativo sobre la actividad económica”, opina Miguel Kiguel.
En la misma línea se ubica Miguel Bein. “Va a generar, obviamente, una aumento de la inflación de febrero porque los productos principales de la canasta de consumo popular (la carne, la harina, el aceite, el azúcar, el arroz y la leche) son todos de exportación”.
Con paritarias a la vuelta de la esquina que ya se perfilaban conflictivas por la suba de precios del último trimestre de 2013, el nuevo shock inflacionario producto de la devaluación augura negociaciones aún más complejas. “En este contexto, los acuerdos salariales negociados en los próximos meses serán fundamentales como ancla nominal, ya que existen importantes riesgos de una espiralización. Por ello, habrá que monitorear si los aumentos salariales serán finalmente inferiores al 30% anual. En caso contrario, las perspectivas serán muy preocupantes”, opina Kiguel. Tal como se preveía a finales del año pasado, la cuestión cambiaria seguirá dominando el debate económico. Continuará…

Economía

Chau desendeudamiento: Preparan festival de bonos para llegar a 2015

Estimados militontos: El desendeudamiento es una falsa consigna, nacida de la impotencia de poder endeudarse. La soberbia de los Kirchner ha perjudicado, además, a muchas empresas argentinas que no han podido acceder al mercado de capitales global. El desendeudamiento acabó pero no saben aún cómo explicárselo a Uds. Atentamente, Urgente24.
 
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En el año 2001 la Deuda Pública Nacional Bruta sumaba US$ 144.222 millones (53,7% del PBI). A julio de 2013, el valor nominal de la deuda alcanzó los US$ 196.143 millones, que si bien implican una caída nominal en dólares, se debe únicamente a la aceleración devaluatoria; es decir a que la deuda nominada en pesos se incrementó menos que el tipo de cambio oficial. la deuda total representa un 43.6% del PBI, que sin el ANSES y el BCRA asciende al 18%. A su vez, la deuda con residentes extranjeros, tanto del sector privado, gobiernos y organismos internacionales, asciende a US$ 58.900 millones, es decir al 13% del PBI, el 154% del las reservas internacionales y el 71% de las exportaciones de los últimos 12 meses (comprendidas entre junio 2013 y julio 2012).
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Economía & Regiones). Esta semana el ministro de Economía, Axel Kicillof, anunció que Argentina ha presentado una propuesta para regularizar la deuda en default ante las autoridades del Club de París. 
 
En un intento por llegar a las próximas elecciones, la estrategia del Gobierno sería volver a tomar deuda en los mercados internacionales para hacer más mullido el colchón de reservas y enfrentar la crisis cambiaria actual.
 
No obstante, para llevar a cabo esta estrategia deben afrontarse las deudas pendientes que la actual administración viene esquivando. 
 
En efecto, la regularización de la deuda con el Club de París pone sobre el tapete el resto de la deuda contingente que este gobierno pospuso; como la deuda con el Ciadi, con jubilados, con los holdouts, con Repsol por la expropiación de YPF y en materia de infraestructura vial, ferroviaria, energética y de comunicaciones.
 
Las medidas que el gobierno está aplicando para ganar tiempo e intentar llegar a las próximas elecciones presidenciales serían fortalecer al máximo el proteccionismo obstaculizando el drenaje de dólares y tomar deuda en el exterior para recuperar los dólares que el Central perdió en los últimos dos años.
 
Lo preocupante de esta estrategia de emitir bonos y volver a endeudarnos con el mundo es que tiene como único objetivo aumentar el stock de reservas sin que esto solucione el problema de fondo. 
 
Es decir, al final del día habremos aumentado el nivel de deuda externa, seguiremos perdiendo reservas, habiendo desaprovechado la oportunidad de tomar deuda a tasas (históricamente) bajas para invertir en infraestructura, energía, trenes, etc. durante los años anteriores. 
 
El gobierno sigue yendo por detrás de los acontecimientos y mantiene las inconsistencias de política macroeconómica.
 
La economía argentina atraviesa una pérdida estructural de reservas internacionales que complica el frente cambiario. 
 
El drenaje de divisas presiona sobre el tipo de cambio de cobertura, generando expectativas de devaluación y provocando incrementos de la cotización de la divisa informal, que termina afectando negativamente al sistema al sistema monetario, al aumento de precios y a la esfera real de la economía doméstica.
 
Para intentar frenar la sangría de capitales el gobierno fue aumentando la batería de medidas proteccionistas, restricciones para adquirir dólares e incluso la tasa de devaluación del tipo de cambio oficial. 
 
Lejos de revertir la fuga de capitales, el avance devaluatorio generó presiones adicionales sobre los precios y se trasladó al mercado informal. 
 
Al fin y al cabo, las reservas descendieron de los US$ 30.000 millones, el dólar blue trepó a los $13, la inflación del último trimestre anualizada alcanzó un 34% a/a y por primera vez en años la demanda de pesos empieza a ceder terreno con una caída real de los agregados monetarios más líquidos como el circulante y las cajas de ahorro.
 
El círculo vicioso de más devaluación, más inflación, aumento del dólar blue y caída de la demanda de dinero empieza a acelerarse y, es sin duda una alarma para la estabilidad social y económica de nuestro país.
 
Recuento de la deuda:
 
En el año 2001 la Deuda Pública Nacional Bruta sumaba US$ 144.222 millones (53,7% del PBI).
 
En 2002, tras la salida de la convertibilidad, devaluación del peso y el default (cesación de pagos) aprobada por el Congreso Nacional, el valor de la deuda se catapultó a 166% del PBI y subió hasta US$ 191.296 millones en 2004, luego del primer año de mandato de Néstor Kirchner.
 
En 2005 se llevó a cabo el primer canje voluntario de deuda. Se cambió la estructura de los pasivos, recortando el capital (quitas), estirando los plazos y cambiando la moneda y los tipos de interés. Este canje redujo el nivel de endeudamiento de US$ 191.000 a US$ 153.000 millones

Editorial.-

 El catálogo de mentiras, promesas incumplidas, errores políticos y decisiones controvertidas que los argentinos hemos sufrido en la década pasada resultan a la fecha incontables e insoportables. Y los últimos acontecimientos son un pintoresco e ilustrativo resumen de tales dislates. Las marchas y contramarchas siempre fueron anunciadas con ceños fruncidos y ataques perversos a quienes osaban pensar diferente o proponer otro camino. Siempre la razón estaba de su parte, siempre la burla y el escarnio al disidente. Jamás se aceptó que alguien dudara del éxito de cada decisión, jamás tampoco se asumió responsabilidad por los resultados catastróficos. Siempre la culpa había sido del otro. Hoy se anula el cepo y se sigue culpando de su funesto y previsible resultado a las corporaciones, a los narcotraficantes, a los golpistas, a los directores de la petrolera que adquirió un millón y medio de dólares para pagar importaciones y remitir utilidades, omitiendo por supuesto aclarar que el Banco Central había autorizado la operatoria. Es el “relato” que le dicen. Y así todo. Ante este siniestro presente vanamente me pregunto si no es hora de dejar la soberbia de lado y apelar humildemente a la consulta previa a los expertos antes de tomar alguna decisión importante. Independientemente de la ideología política o la falta de ella, los expertos de cada tema seguramente tomarían mejores decisiones que los simples y obedientes militantes. Comprendo que les sería harto difícil dejar de lado la soberbia y actuar con sincera humildad, pero seguramente ese sería finalmente el primer paso para el reencuentro argentino. Otros países lo han logrado en la concordia y hermandad. ¿Podremos nosotros? Dios así lo quiera

Editorial

La destrucción de nuestra moneda

Opinión
Hoy basta con comprobar el pobre valor adquisitivo del billete de $ 100 para comprender el deterioro provocado por el descontrol fiscal y monetario en el país
             
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No hace falta ser economista para comprender que el Gobierno ha destruido nuestra moneda nacional. Los profesionales de la economía, con toda razón, pueden hacer énfasis en la inutilidad del peso para preservar el ahorro de las familias. Pueden contarnos que el exceso de emisión ha elevado la tasa de inflación por encima ya del 30 por ciento. Y pueden explicar al público general que, en esas condiciones, es muy difícil que la economía pueda crecer, generar empleo y proveer de bienestar a la población. Sin embargo, no hace falta ser un profesional para comprender el problema. Alcanza con observar nuestro billete de máxima denominación, el de cien pesos, para comprender hasta dónde ha llegado el deterioro provocado por el descontrol fiscal y monetario de nuestro país.
En América latina, l a Argentina sólo es superada por Venezuela en cuanto a pobreza de la capacidad de compra de su billete de máxima denominación. En Venezuela, tal billete es el de 100 Bolívares Fuertes que, al tipo de cambio paralelo de ese país, cotiza a apenas un dólar con cuarenta centavos. Debemos sentirnos afortunados: en la Argentina, nuestro billete de máximo valor, el de 100 pesos, alcanza para obtener unos US$ 8. Y, a partir de allí, en Paraguay el valor equivale a US$ 22; en Colombia, a US$ 25; en Bolivia, a US$ 29; en Chile, a US$ 36, y en Perú, México y Uruguay, los valores van desde los US$ 70 hasta los US$ 90. Para que el valor de nuestra moneda se asemejase a los US$ 25 de equivalencia a otras monedas de la región deberíamos retrotraernos hasta 2011, ya que, luego de implantado el cepo cambiario, se aceleró el derrumbe del valor de nuestro signo monetario.
Tener un billete de máxima denominación con un poder adquisitivo tan bajo envuelve varios problemas. Cada operación en efectivo implica el transporte de una cantidad extravagante de billetes, lo cual torna engorrosas y peligrosas por la inseguridad creciente las operaciones cotidianas. Especialmente, para los ciudadanos comunes que suelen contar los billetes en vez de pesarlos, práctica habitual entre algunos amigos del poder de la que hemos tomado conocimiento recientemente. También, el abastecimiento de efectivo por parte de los cajeros automáticos se vuelve dificultoso. Debido a que tienen una capacidad limitada de almacenar billetes, su baja denominación provoca una escasa capacidad de abastecimiento para la población en términos del dinero que ésta necesita extraer. Si los precios suben a un ritmo de 30% anual y los billetes de máxima denominación se mantienen sin cambios, la capacidad de cada cajero en términos de la cantidad de bienes y servicios que se negocian en la economía disminuye también a un ritmo de 30 por ciento.
Al bajar la capacidad de compra de los billetes de máxima denominación, el uso eficiente de los cajeros, de los tesoros de los bancos y de las propias billeteras provoca el desplazamiento hacia el uso único del billete de mayor poder de compra. Así, se verifica la extraña paradoja de que, aun cuando nuestro billete de 100 pesos equivale a sólo 8 dólares, es difícil conseguir cambio para éstos cuando se efectúan operaciones tan sencillas como comprar en un quiosco o tomar un taxi.
Como con la falsificación de los índices de precios, nuestras autoridades piensan que, ocultando el problema, éste desaparece. Consideran probablemente que evitando poner en circulación billetes de 200, 500 o 1000 pesos es más fácil sostener la política de negación de la inflación. Como hemos visto recientemente con los violentos movimientos del dólar contra el peso en el mercado local, negar los problemas no conduce a nada. Y, así como el ocultamiento de la inflación terminó por derrumbar el valor de nuestra moneda, la no actualización del valor de nuestros billetes sólo contribuye a volver más tortuosa la vida cotidiana de nuestros sufridos ciudadanos.
Todas estas marchas y contramarchas como los vagos anuncios de ayer sólo acrecientan la incertidumbre y reflejan con lamentable contundencia el grado de mala praxis en materia económica ejercido por nuestras autoridades

viernes, 24 de enero de 2014

Opinion


Un anuncio vacío

Opinión
 
                                 
El problema de por qué hay suba de los dólares (oficial y paralelo) y/o pérdida de reservas del Banco Central radica en que la gente no quiere pesos y sí quiere dólares. A su vez, esto ocurre porque la inflación es récord mundial, las tasas de interés son extremadamente negativas para el depositante minorista y el cepo cambiario, al romper la libre convertibilidad del peso con el dólar, aumentó la incertidumbre, o sea, hizo que la gente demandara menos pesos y más dólares todavía
La gente no quiere pesos y sí quiere dólares

¿Por qué la inflación es récord mundial, las tasas de interés recontranegativas y hay incertidumbre? Porque a pesar de que el Estado tiene una recaudación histórica y de las presiones impositivas más altas del mundo sobre los que están en blanco, el gasto público que la clase política vota todos los años en los presupuestos nacionales, provinciales y municipales, ha crecido tanto, que el déficit fiscal es el cuarto más grande en el último medio siglo ($250.000M=6% del PBI). Este déficit se financia con pesos que la gente no quiere y dólares que la gente sí quiere. Ergo o el Banco Central pierde reservas o los dólares (oficial y paralelo) suben. Entonces, mientras no se lance un plan antiinflacionario de ajuste fiscal, monetario y de eliminación total del cepo que reduzca la oferta de pesos, suba la demanda de pesos y baje la demanda de dólares privada, el deterioro del cuadro de dólar y reservas continuará.
Habría un camino intermedio si el Gobierno no quiere lanzar un plan antiinflacionario porque esto le "huele" a ajuste: la colocación de deuda para absorber pesos y dólares, pero siempre como puente para un inexorable plan antiinflacionario.
Este anuncio se parece al humo de la negociación con el Club de París

Desde octubre de 2011, el Gobierno siempre dijo que no había cepo...formal, legal de derecho. Porque no estaba prohibido para la gente la compra de dólares. Pero cuando uno iba al banco a comprar dólares para atesorar, no había capacidad contributiva que le permitiera comprar dólares por parte de la AFIP. Así que en los hechos, desde octubre de 2011 el cepo existe. Recién el jefe de Gabinete dijo que desde el lunes, los que demuestren capacidad contributiva van a poder comprar dólares para atesoramiento. O sea, lo mismo que ocurre desde hace más de dos años. O sea, nada ha cambiado...salvo que a este anuncio vacío hoy, lo llenen de un contenido distinto durante el fin de semana. Veremos.
Hoy, este anuncio se parece al humo de la negociación con el Club de París, que el Club niega que haya comenzado y el Gobierno dice que sí comenzó, cuando hay un DNU firmado por Cristina desde septiembre de 2008 que manda a pagarle el 100% de la deuda de una, con reservas del Banco Central.
Lo único concreto anunciado es que han reducido desde el 35% al 20% el anticipo de Ganancias para la compra de divisas para viajes al exterior y para las compras con tarjetas en el exterior

domingo, 19 de enero de 2014

Editorial

Las culpas del modelo neoliberal
Las culpas del modelo neoliberal
Como el mundo es redondo se aconseja no situarse a la izquierda de la izquierda, pues por esa pendiente, el distraído, suele quedar de pronto a la derecha. (Armando Tejada Gómez  El viento o la veleta)
De un tiempo a esta parte ha proliferado hasta el paroxismo la moda de atribuir la responsabilidad de nuestros males a lo que se ha dado en llamar el“modelo neoliberal”, encarnado, según la particular visión de sus detractores, en los diez años del gobierno peronista de Carlos Saúl Menem.
A pesar de los ingentes esfuerzos que he realizado, no he conseguido hasta la fecha que alguien me defina qué es este famoso “modelo”, culpable de todo lo malo que nos pasa, desde la muerte de Quiroga en adelante. Aunque algunos autoproclamados historiadores, como el inefable Felipe Pigna, lo remontan aún más lejos, llegando a afirmar que Cristóbal Colón era ya “neoliberal”, ¡150 y 200 años antes de que nacieran Locke y Montesquieu, los precursores del liberalismo!
Más allá de satisfacer esa curiosidad me gustaría saber –porque soy liberal–, la razón por la que ese nefasto y dañino modelo, que tanto daño parece habernos causado, lleva tal nombre, que parece emparentarlo con mi pensamiento. Cuando advierto que los actos de gobierno del Dr. Menem –incluyendo por cierto la falta de respeto a la división de poderes, el atropello a las instituciones, el manoseo obsceno de la Constitución y los escándalos de corrupción– se encuentran en las antípodas de mis convicciones liberales, mi confusión se torna absoluta.
Es cierto que Menem implementó algunas medidas inspiradas en la economía de mercado, que los liberales defendemos, pero lo hizo de manera tan torpe y falta de transparencia, que las malogró. A lo que sumó el haber borrado con el codo lo que escribió con la mano, cuando su ambición desenfrenada de poder lo llevó a negociar lo que fuera y con quien fuera, con tal de lograr su reelección. Y por fin, terminó echando por la borda los beneficios que a pesar de ello obtuvimos, malversándolos en un total descontrol de las finanzas públicas.
Por otra parte, Menem nunca se llamó a sí mismo liberal, por lo que me parece una torpeza endilgarle un pensamiento que nunca confesó tener. Menem fue siempre peronista, como lo es el actual presidente, que tanto lo admiraba y elogiaba, y que ahora lo repudia.
Nada tienen que ver esos excesos cometidos en la década de los 90 con las viejas ideas liberales, que permitieron al mundo liberarse de las monarquías absolutas, garantizar las libertades y los derechos del ciudadano y su igualdad ante la ley, e impulsar el progreso de los pueblos.
La experiencia mundial nos enseña que los países que las adoptaron lograron un crecimiento económico y un desarrollo social sostenidos, consolidaron regímenes jurídicos en donde se respetan los derechos de todos y mejoraron los estándares de vida de sus habitantes, sobre todo de los más postergados, que tuvieron la oportunidad de superar la pobreza y acceder a niveles dignos de vida mediante su propio esfuerzo.
Son los que hoy llamamos países del primer mundo, a los que emigran nuestros hijos en busca del bienestar que aquí no pueden encontrar. Distan mucho, por cierto, de haber logrado la perfección, imposible por otro lado entre los hombres, pero son los sitios en donde hallan refugio los que huyen de otros sistemas.
Argentina creció de manera extraordinaria en todos los órdenes cuando a partir de 1853 adoptó esas ideas inspiradas en Alberdi, y llegó a situarse entre los países más avanzados del mundo y a recibir a millones de inmigrantes que prosperaron en base a su esfuerzo. Y su sustitución por el modelo populista, hace más de medio siglo, marcó el comienzo de nuestra decadencia y nuestra pobreza.
Parece ser también que el odiado “modelo neoliberal” es también el paradigma actual de la no menos aborrecida “derecha”, término cuyo significado tampoco me queda claro. Derecha e izquierda –palabras que evocan una suerte de hemiplejía ideológica– indican posiciones relativas, pues uno puede estar a la izquierda o a la derecha con respecto a otra persona, pero si esta se corre, nuestra posición cambia en relación a ella. Lo que demuestra que dicha calificación depende menos de nuestras propias ideas que del lugar en que se ubiquen los demás, lo que ha graficado con elocuencia Armando Tejada Gómez en el poema del epígrafe.
La ciencia política describe a las derechas como las que se aferran al statu quo y a las izquierdas como las que propician el cambio. En tal caso, las tiranías soviética, maoista o castrista serían de derecha y sus opositores de izquierda. En síntesis, toda una confusión.
Michelle Bachelet o Segolene Royal se dicen de izquierda, pero repudian las dictaduras de Stalin y Mao. A los liberales (neo o paleo, da igual) nos tildan de derecha y no podríamos estar más lejos de monstruos como Hitler y Mussolini.
Por todo ello, creo necesario recurrir a otros vocablos para identificar nuestros pensamientos. En la democracia republicana moderna –creación liberal, como queda dicho– hay cabida para tres corrientes de opinión que defienden con igual denuedo los valores que dan sustento y razón de ser al sistema: el liberalismo, el conservadorismo y el socialismo –o social democracia, para evitar equívocos–, que se diferencian entre sí simplemente por la prioridad que le asignan a cada uno de esos valores.
Así, los liberales priorizamos la libertad, los conservadores el orden y los socialistas laigualdad, pero sin perder conciencia de la necesidad de preservar y garantizar la vigencia de todos ellos. Los liberales hemos aprendido –o al menos así lo espero– que libertad sin orden es anarquía, y sin igualdad –de oportunidades y ante la ley, se entiende, porque en todo lo demás los hombres somos, gracias a Dios, diferentes, únicos e irrepetibles– es injusticia. Los conservadores deben tener en claro que sin libertad, el orden no es armonía sino sumisión, y los socialistas sensatos han aprendido que la igualdad sin libertad deviene tiranía.
Y a los tres nos enseña la experiencia que el principal adversario contra el que hay que luchar es el populismo demagógico, enemigo de la república y de sus instituciones, agente de la corrupción y del totalitarismo, que destruye las sociedades, empobreciéndolas y minando sus bases morales.
El populista siembra desde el poder la discordia, el odio, la revancha y el resentimiento, rompe el tejido social que nos hace parte de un mismo pueblo y recurre al agravio para descalificar al adversario cuando no puede rebatir sus argumentos. Y, quizás lo más grave, divide a la sociedad entre patriotas (los que están con él) y réprobos (sus opositores), lo que impide la búsqueda de consensos que garanticen políticas de estado sustentables en el tiempo, pues con el enemigo no se pacta.
Tener esto en claro es menester a la hora de salvar a la República amenazada, dejando de lado los matices que nos distinguen, para unirnos en la defensa de los principios que una vez hicieron grande a nuestro país. Ya habrá después tiempo para competir entre nosotros con la satisfacción del deber cumplido.
Por mi parte seguiré llamándome liberal, y así como no cometeré la falacia de endilgar a los socialistas serios los crímenes que se cometieron en su nombre, exijo también el elemental respeto de no pretender identificarnos a los liberales con las aberraciones cometidas por otros, que ni siquiera se llamaron así.

Economía

Argentina: El turno de Kicillof
Argentina: El turno de Kicillof
La situación argentina amerita cambios de fondo, no cambios de estilo. Y esos cambios de fondo brillaron por su ausencia
No comprendí el optimismo que despertó en los medios el nombramiento de Capitanich al frente de la Jefatura de Gabinete hace sólo un par de meses. Es cierto que dialogó con la prensa en estos dos meses más de lo que sus antecesores lo hicieron en los años previos. Pero la situación argentina amerita cambios de fondo, no cambios de estilo. Y esos cambios de fondo brillaron por su ausencia.
Ahora es el turno de Kicillof, que estratégicamente supo hacer silencio y dejar caer la imagen de su socio en el gobierno sin ver deprimida la propia. Pero él es el ministro de Economía, y las noticias no son buenas en la órbita que maneja: las reservas siguen cayendo, el dólar blue se volvió a disparar, la inflación no cesa, la escasez de productos es cada vez más visible y el desequilibrio fiscal no encuentra financiamiento.
La Argentina necesita cambios estructurales, pero la apuesta oficial —especialmente de la presidente— va por otro camino. Se trata de llegar al 2015 sin abandonar la línea que caracterizó al gobierno todos estos años. Bajo esa premisa, conjeturo que veremos un fracaso atrás de otro, con caras nuevas recurrentemente que intentarán lo imposible. Kicillof no podrá escapar a lo sucedido con sus antecesores. El problema central, una vez más, es el exacerbado gasto público. La teoría de las finanzas públicas nos enseña que para financiarlo hay tres instrumentos centrales. Impuestos, deuda y emisión.
En el primer caso, la presión tributaria ha ido aumentando incesantemente desde el comienzo del kirchnerismo. De poco más del 20% al final del menemismo a más del 40% en 2012. Este es un dato relevante que destaca la voracidad fiscal que ha caracterizado al gobierno argentino durante los últimos 10 años.
Algunos analistas creyeron encontrar el límite a la presión tributaria hace algunos años, pero el ingenio y la creatividad de este gobierno siempre encontró nuevas respuestas. Hoy muchos analistas dicen que no habrá más recursos por esta vía, aunque yo no lo veo tan claro. Este gobierno tiene una única meta, otra vez, que es llegar a 2015 sin cambiar la línea. No importa que paguemos un nivel de impuestos europeo o nórdico y recibamos servicios públicos africanos. Sólo importa evitar el ajuste a cualquier costo. Conjeturo entonces que la presión tributaria continuará su ascenso aunque resta definir qué sector de la población pagará el costo.
En el segundo caso, el gobierno buscará tomar deuda. Cinco o diez mil millones de dólares que refuercen las reservas harían la diferencia. En este sentido, Kicillof sólo hizo una cosa desde su llegada al nuevo rol en el gobierno. Trató de llegar a un acuerdo con Repsol tras la expropiación de YPF y viajó a Asia en busca de fondos. Muchos analistas destacan el “alto costo” de este potencial financiamiento, sin embargo, esto no será un limitante. Si alguien accede a prestarle dinero al gobierno y esto le permite evitar el ajuste antes de 2015, el gobierno avanzará “sin importar el costo”. Conjeturo entonces que el endeudamiento aumentará en estos dos últimos años de mandato.
Por último, la fuente de financiamiento que el gobierno viene utilizando y que también parece llegar a un límite es la de la emisión monetaria. La consecuente inflación ya está en boca de todos. El malestar social por la suba continua de precios es generalizado. Y muchos analistas concluyen entonces que no podrán seguir abusando de este “recurso”. Sin embargo, insisto, lo único que está en juego en este último período del kirchnerismo es evitar el ajuste. Conjeturo entonces que emitirán todo lo necesario para sostener el modelo. Las fuentes alternativas de financiamiento están agotadas, pero el gobierno se niega a creerlo. No habrá un cambio estructural de la política económica, y sólo decantará el modelo cuando los estallidos sociales impongan un límite. Ahora sólo podemos sentarnos a ver lo que la creatividad de Kicillof nos depara, pero aumentando a la vez la presión tributaria, el endeudamiento y la inflación, mientras la oposición va preparando propuestas estructurales que recién en 2015 iniciarán el cambio.

Economía

La economía según el jefe de gabinete

by Luis Maselli on 14 enero, 2014 ·
 
La designación de un nuevo jefe de gabinete y un nuevo ministro de economía a partir del resultado de las últimas elecciones en la Argentina generó expectativas económicas renovadas en buena parte de la población. Uno de los cambios fue, sin dudas, la manera de comunicarse con la población del jefe de gabinete Jorge Capitanich, que incorporó la realización de conferencias de prensa permitiendo preguntas por parte de los periodistas. Más allá de lo saludable del tono y de las formas de expresión, con el transcurso de las conferencias de prensa se empezó a percibir cómo el jefe de gabinete rápidamente fue dilapidando su capital inicial. Puntualmente en lo que respecta a la política macroeconómica no se observan cambios sustanciales, más allá de buscar culpables en todos los casos fuera del gobierno, y de algunas acciones puntuales de política (aceleración de la depreciación del peso, subas de impuestos internos, ventas de bonos para bajar el dólar implícito, nuevos acuerdos de precios, etc) que no difieren demasiado de las anteriores y con el objetivo de frenar la hemorragia (de divisas) de un herido sin solucionar las causas de fondo la misma.
El jefe de gabinete fue brindando, entremezcladas en sus conferencias de prensa sobre temas diversos, apreciaciones de cómo ve la economía, de las metas del gobierno y de los instrumentos a utilizar. Algunos ejemplos al respecto no dejan de sorprender por la particular forma de apreciar la economía. Como cuando hace unas semanas evaluando la situación fiscal nos decía “Todo el resultado fiscal está dado por el resultado fiscal y el cuasifiscal, cuasifiscal que está debidamente regulado por ley, esto es desde las transferencias de utilidades del Banco Central y hasta las transferencias de utilidades de empresas o fondos de garantía sustentables. Entonces lo que se pone como déficit fiscal en realidad tiene una compensación desde el punto de vista cuasifiscal y logra el financiamiento correspondiente de las erogaciones del Estado”. Para quien lo escuchaba y no podía creerlo el jefe de gabinete se encargó de ratificarlo culminando: “Entonces quiero transmitirlo porque en muchos otros países cuando una empresa petrolera tiene utilidades se consolida la información fiscal, por eso la Argentina tiene un resultado fiscal y cuasifiscal equilibrado, porque parte de las demandas de financiamiento están cubierta con resultados derivados del BCRA u otros organismos”. Sí, leyó bien, el jefe de gabinete equiparó al BCRA o al FGS (Fondo de Garantía de Sustentabilidad del Anses) con una empresa estatal petrolera que da utilidades. Vale dejar en claro que las utilidades del BCRA que transfiere al Tesoro para cubrir erogaciones son utilidades meramente contables, y que el BCRA no tiene superávit cuasifiscal sino déficit. Esto es lo que surge precisamente del último Estado de Resultados del BCRA según el cual el resultado cuasifiscal, que se define como la diferencia entre intereses ganados por los activos financieros y los intereses perdidos sobre los pasivos, fue deficitario en 2012, al igual que en el año previo. Las ganancias que se transfieren al Tesoro se justifican en las diferencias de cotización por las tenencias de reservas internacionales y títulos públicos, ganancias ficticias que son producto de la depreciación y la inflación, respectivamente, que elevan la valuación en pesos corrientes de esos activos. Estas diferencias de cotización no son entonces utilidades, ni líquidas, ni realizadas. Como se observa en el gráfico adjunto el BCRA muestra un resultado neto positivo porque la magnitud de las diferencias de cotización supera al déficit cuasifiscal propiamente. Esta situación es equiparable a la de una empresa que no ajusta por inflación y que distribuye esos dividendos contables. Entonces, Señor Jefe de Gabinete la Argentina, el Sector Público No Financiero tiene déficit fiscal, pero además el BCRA tiene déficit cuasifiscal propiamente dicho, y no hay compensación alguna por el lado cuasifiscal. Todo lo contrario.
FOCO1
FUENTE: BCRA.
De modo parecido, las transferencias del FGS del Anses (fondos de las ex AFJPs) pueden equipararse a la situación de cualquier persona que dispone de un plazo fijo y se va gastando los intereses, lo cual es más grave cuanto mayor sea la tasa de inflación. No se hace honor a la sustentabilidad previsional descapitalizando el FGS vía transferencias destinadas a financiar otros gastos del Tesoro. Tampoco se le hace honor cuando se malvenden bonos en dólares del FGS para frenar la suba en la cotización del dólar paralelo. Medidas de corto plazo con costos que deberán pagarse a futuro.
En el trasfondo de las declaraciones hay una nueva negación de la inflación, cuando se vuelve a declarar que no está generada por mayor emisión. En la misma conferencia de prensa se nos enseñó que “en Estados Unidos se multiplicó la base monetaria por 3” o por más en otros países avanzados, sin tener más inflación. Por supuesto que Capitanich olvidó decir que en esos países lo mismo no pasó con la cantidad de dinero, que creció muchísimo menos (técnicamente cayó el multiplicador). Y sin entrar en demasiadas polémicas, una cosa es discutir en un país como Estados Unidos, con verdadera soberanía monetaria, si el dinero es endógeno o no, y por lo tanto si la emisión es o no  causa de la inflación allá. Pero otra muy distinta es trasladar esos argumentos a países como la Argentina, sin una moneda “fuerte”. Bastante simple, cuando hay crisis en el norte la gente en general (y los bancos en particular) se asusta y quiere tener más dólares (o bonos del Tesoro en dólares) que considera seguros, cuando hay crisis acá la gente también se asusta pero quiere tener menos pesos que no considera un resguardo seguro (también quiere más dólares). Cabe esperar que estas conductas se profundicen si en la Argentina tenemos un déficit fiscal creciente y las continuas negaciones de sus autoridades: hoy la emisión de base monetaria se destina totalmente a financiar déficit fiscal.
Pero la contradicción  del jefe de gabinete es mayor cuando en esa misma conferencia de prensa nos mostraba, como un hecho positivo, que la expansión monetaria había caído desde 40% anual a 26% anual en la actualidad. ¿En qué quedamos señor? En verdad la desaceleración del crecimiento se explica por la pérdida de divisas del sector externo. En el gráfico siguiente se verifica que la fuga de capitales por el fracaso de los diversos “cepos” cambiarios provocó este año una contracción de la base monetaria por venta de divisas. Esto no obstante la creciente expansión de base por parte del Sector Público, que en el año se aproximó a los 94.000 millones de pesos.

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FUENTE: BCRA.
Paradójicamente, esta menor expansión de base monetaria total permite un mayor financiamiento del déficit del sector público. El jefe de gabinete debería saber que esta situación no se debe a una política explícita de las autoridades monetarias sino que se trata en todo caso de una menor expansión “obligada” por la fuga de capitales. De cualquier modo la política monetaria se encuentra “dominada” por la política fiscal: el sector público explica la totalidad del crecimiento de la base.
Todo lo anterior choca con lo expresado por el jefe de gabinete en una conferencia de prensa previa cuando expresó que la Argentina necesita “un tipo de cambio real, efectivo, competitivo y de largo plazo”. Sostener un tipo de cambio real alto o competitivo se traduce monetariamente en un sector externo expansivo producto de la compra de divisas para sostener el tipo de cambio, que debería compensarse con un sector público contractivo, producto de superávit fiscales que ayuden a absorber la expansión de base monetaria del sector externo y que no fuercen a una emisión excesiva de instrumentos de absorción monetaria del BCRA con la consecuente suba de la tasa de interés. Como se observa en el cuadro siguiente esto es lo que aproximadamente sucedió hasta el año 2008 y que dramáticamente se invirtió en los últimos años. Recapitulando, sostener un tipo de cambio real elevado requeriría revertir sustantivamente el resultado fiscal.

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FUENTE: BCRA.
Por su parte, el deterioro fiscal se explica con que el gasto público explotó y los recursos no pudieron seguir el ritmo a pesar del sustantivo aumento de la presión tributaria. El gasto público consolidado creció en la Argentina desde 28% del producto en 2004 a más de 45% del PIB en la actualidad, el mismo nivel de Alemania! Cualquiera podría discutir cuál es el nivel apropiado de gasto, más allá de la necesidad de financiarlo, pero no podría evitar las comparaciones odiosas, en qué y cómo se gasta.

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32/84FUENTE: Ministerio de Economía y estimaciones propias.
Capitanich también justificó la composición del gasto público, enfatizando los subsidios económicos como un factor clave para el impulso de la industria y el crecimiento económico. En el gráfico siguiente se observa que la actual composición del gasto consolidado se parece en algo a la de los años 80: la elevada participación de los subsidios económicos. Mientras los 80’ fue llamada la década perdida (el PIB per cápita cayó 1% por año), la última década fue llamada la década ganada. En algún momento alguna autoridad económica debería admitir otros factores explicativos de este dispar comportamiento económico más allá de los subsidios (por ejemplo el fenomenal salto en los términos de intercambio).

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FUENTE: Ministerio de Economía y estimaciones propias.
Y todo a pesar de los monopolios como el de Techint, culpable según el jefe de gabinete de producir un insumo “difundido” de manera monopólica que afecta toda la cadena de valor. Si hay alguna diferencia con la gestión económica del ex secretario Moreno sería que ahora los controles sobre la rentabilidad de los sectores se realizan sobre toda la cadena de valor, en lugar de “acordar” con los extremos de la misma como lo hacía por teléfono o personalmente el recordado secretario. La visión de fondo parece la misma, estas son las herramientas para solucionar la inflación y la distribución del ingreso. Difícilmente este era el cambio que esperaban muchos de quienes se esperanzaron con las nuevas autoridades.
Las enseñanzas no terminaron ahí, adicionalmente en esa conferencia Capitanich nos dijo que teníamos los salarios más altos de Latinoamérica, sin aclarar por supuesto que eso mismo sucedía en la vilipendiada convertibilidad cuando, como ahora, la economía tenía un importante atraso cambiario que eleva sustantivamente los salarios medidos en dólares. Esto es la contracara de la pérdida de competitividad que está ahogando a muchas producciones de transables, principalmente en el interior del país.
En síntesis, las conferencias de prensa nos fueron aclarando hacia donde apuntan los “cambios” de la nueva conducción económica, o mejor dicho hacia donde no apuntan: hay errores de diagnóstico y contradicciones pero sobretodo no hay un enfoque macroeconómico de los problemas. Una visión optimista podría decir que fundamentalmente Capitanich, y el ministro de economía, nos van brindando lecciones sobre un “nuevo” enfoque, que busca soluciones micro a los problemas que otros muchos pueden considerar macro, atendiendo a los distintos eslabones de la cadena productiva (incluyendo por supuesto cuánto pueden los empresarios ganar en cada eslabón). En todo caso esto sería algo más de lo mismo, eso sí, con tonos y modos mucho más cordiales.