domingo, 26 de enero de 2014
sábado, 25 de enero de 2014
Economía EEUU
El regreso de Estados Unidos
¿Ahora sí?
“America’s back” (América retornó), decía la portada de la revista Newsweek en abril de 2010. Se refería a la recuperación económica de la principal economía del mundo luego de un año y medio en el cual caminó por la cornisa de la Gran Depresión II. Sin embargo, la performance económica del cuatrienio 2010- 2013 fue peor a la que imaginaban muchos optimistas precoces.
Ahora, a casi cuatro años de aquella portada, sí parece haber un consenso más sólido (y cifras que lo avalan) sobre “el retorno de América”.
Nouriel Roubini, uno de los pocos que vio venir la crisis de 2008-2009, escribió recientemente: “En Estados Unidos, el desempeño económico en 2014 se verá beneficiado por la revolución del shale gas, una mejora en los mercados laboral e inmobiliario y el retorno de la actividad industrial al país”. En efecto, la tasa de desempleo está en 6,7% (la más baja de los últimos cinco años) y el PIB creció a una tasa anualizada de 4,1% en el tercer trimestre, “y el crecimiento durante el cuarto trimestre parece haber sido relativamente sólido, impulsado por un tremendo aumento en la construcción de nuevas viviendas y de la producción industrial”, añade el economista Martin Feldstein. Además, el S&P 500 tuvo en 2013 la mayor suba anual (29%) desde 1997.
Uno de los datos más citados para cimentar el optimismo sobre EE.UU. es la inversión en bienes de capital, es decir, en fierros. Según Morgan Stanley, este tipo de inversión podría crecer 7,9% y 7% en 2014 y 2015, respectivamente. Jan Hatzius, economista jefe de Goldman Sachs, cree que el PIB crecerá 2,9% en 2014 y que el sector privado será el que traccione la economía. “Las finanzas públicas han mejorado y la venta de inmuebles tiene un mejor panorama”, dijo recientemente Ben Bernanke, presidente saliente de la Reserva Federal.
Si bien persisten riesgos a la baja, éstos se han moderado y los optimistas, luego de mucho tiempo, son más que los pesimistas. Los temores a un estancamiento prolongado a la japonesa son parte del pasado. Ahora sí, parece que America’s back.
Ahora, a casi cuatro años de aquella portada, sí parece haber un consenso más sólido (y cifras que lo avalan) sobre “el retorno de América”.
Nouriel Roubini, uno de los pocos que vio venir la crisis de 2008-2009, escribió recientemente: “En Estados Unidos, el desempeño económico en 2014 se verá beneficiado por la revolución del shale gas, una mejora en los mercados laboral e inmobiliario y el retorno de la actividad industrial al país”. En efecto, la tasa de desempleo está en 6,7% (la más baja de los últimos cinco años) y el PIB creció a una tasa anualizada de 4,1% en el tercer trimestre, “y el crecimiento durante el cuarto trimestre parece haber sido relativamente sólido, impulsado por un tremendo aumento en la construcción de nuevas viviendas y de la producción industrial”, añade el economista Martin Feldstein. Además, el S&P 500 tuvo en 2013 la mayor suba anual (29%) desde 1997.
Uno de los datos más citados para cimentar el optimismo sobre EE.UU. es la inversión en bienes de capital, es decir, en fierros. Según Morgan Stanley, este tipo de inversión podría crecer 7,9% y 7% en 2014 y 2015, respectivamente. Jan Hatzius, economista jefe de Goldman Sachs, cree que el PIB crecerá 2,9% en 2014 y que el sector privado será el que traccione la economía. “Las finanzas públicas han mejorado y la venta de inmuebles tiene un mejor panorama”, dijo recientemente Ben Bernanke, presidente saliente de la Reserva Federal.
Si bien persisten riesgos a la baja, éstos se han moderado y los optimistas, luego de mucho tiempo, son más que los pesimistas. Los temores a un estancamiento prolongado a la japonesa son parte del pasado. Ahora sí, parece que America’s back.
Economía
La nueva estrategia cambiaria
El Gobierno y el dólar
Una de las noticias económicas más relevantes de los últimos días, además de la bienvenida vuelta de CFK a la escena pública, fue la suba de $ 23 centavos del dólar oficial del miércoles 22. No sorprendió, claro está, la dirección del movimiento sino su magnitud. En sólo una jornada el peso se depreció más de 3,5% contra “el billete”. “Las autoridades han tomado nota de que el sendero de minidevaluaciones, de tan anticipadas que eran, agravaron el ataque sobre las reservas”, opina el economista Nicolás Dujovne. El BCRA abandonó su “tablita” de devaluación (acelerada pero gradual) del 5-7% mensual de los últimos meses, y adoptó una nueva estrategia, de shock, que hasta entonces había buscado evitar.
El objetivo es el mismo: proteger las reservas.
La tendencia quedó ratificada al otro día, cuando se produjo otra de las noticias más relevantes de las últimas jornadas, sino del año: “el billete” subió $ 61 centavos (luego de haber navegado bien por arriba de $8 antes de la intervención –venta- del BCRA) y batió un nuevo récord. Así, la creencia de que estaríamos entrando en un régimen cambiario distinto, una especie de flotación libre sin administración (o, al menos, hasta que el dólar llegue a un nivel de “convergencia aceptable”), ganó fuerza.
El viernes, antes de la apertura de los mercados y contra todos los pronósticos, el Gobierno decidió aflojar el “cepo” cambiario. Sin dudas, la noticia del año. Se permitirá, desde el lunes, volver a comprar dólares para atesoramiento (con un recargo del 20%, similar al aplicado al “dólar turista”, y previo paso por la AFIP) y se redujo del 35% a 20% el anticipo de Ganancias para compras en el exterior vía tarjeta. Pese a la rebaja, y por la devaluación, el “dólar turista” es más caro que antes. Ahora es de entre $9,50-$10.
Hasta aquí, los datos. Quedan, por supuesto, muchas incógnitas. ¿El BCRA estacionará el dólar en estos niveles, o un poco más arriba? El viernes, el dólar oficial subió otros $23 hasta $8,02, pese a que el jefe de Gabinete había dicho a la mañana que había llegado a un “nivel de convergencia aceptable”. Recién la semana que viene se sabrá cuánto recorrido alcista le queda al “billete”. Según Miguel Bein, el nuevo rango de flotación será entre $ 7,75 y $8,25, mientras hay otros que creen que podría llegar más cerca de $8,50. La otra pregunta es si servirá para proteger a las reservas, el principal objetivo de la nueva estrategia cambiaria, que siguieron cayendo en la semana y pronto perforarán el piso de los US$ 29.000 millones.
El dólar paralelo, que había superado los $ 13 el jueves, cayó más de $1 el viernes, aunque no se sabe si la tendencia se mantendrá hacia adelante. El aflojamiento del cepo, cuya operatoria aún no se conoce claramente, debería, en principio, llevarlo más para debajo de lo que está actualmente.
Por lo tanto, habrá que monitorear de cerca tres variables: reservas, dólar oficial y dólar paralelo.
El objetivo de máxima del Gobierno es hacer caer el dólar paralelo (y, con ello, la brecha), retomar una senda de devaluación gradual del dólar oficial y ofrecer mejores incentivos para que el agro liquide la cosecha a partir de marzo, mientras se espera la llegada de los elusivos dólares frescos que el Gobierno está buscando en distintos lugares. Si bien dólar más alto y las otras regulaciones creadas en los últimos tiempos podrían desincentivar la demanda indirecta de dólares (autos, viajes, tarjeta, etcétera), el aflojamiento del cepo podría acentuar el ataque sobre las reservas. Comprar dólares oficiales y venderlos en el mercado paralelo, dado el diferencial de precios, es una opción, si bien ilegal, atractiva.
Equilibrio se busca
La carencia de un plan integral y la instrumentación de medidas aisladas, una crítica recurrente a la política económica oficial, es una amenaza latente que podría no sólo hacer naufragar la voluntad oficial sino dejar a la economía en uno, o varios, niveles de nominalidad más altos que los actuales. La clásica carrera precios-dólar que, sin excepción, termina mal por donde se la mire. Por lo tanto, será necesario que el Gobierno adopte más medidas, sobre todo en el frente fiscal y monetario, que le den credibilidad al nuevo esquema de precios relativos.
“Si no se ataca la dominancia fiscal, no hay chances que el tipo de cambio oficial no siga subiendo, la inflación no siga acelerándose y el dólar paralelo y la brecha cambiaria continúen aumentando; tampoco que el empleo y nivel de actividad económica deje de debilitarse”, opina Diego Giacomini, economista jefe de Economía & Regiones.
“La modificación en la política cambiaria deber ser acompañada por una corrección significativa del déficit fiscal que permita reducir el financiamiento monetario al Tesoro y un ajuste en las tasas de interés”, opinan desde la consultora ACM.
Inflación, actividad y paritarias
Donde no parece haber muchas dudas es en materia inflacionaria. La devaluación, coinciden los economistas, le pondrá más presión a una tasa de inflación que se viene acelerando. En 2013 se registró la inflación más alta de la era kirchnerista. En diciembre, los precios subieron entre 3% y 4%, según diversos indicadores y los anticipos de enero muestran que el alza del primer mes del año sería aún mayor. “El traspaso hacia la inflación del salto en el tipo de cambio oficial será importante en los próximos meses, al igual que el impacto negativo sobre la actividad económica”, opina Miguel Kiguel.
En la misma línea se ubica Miguel Bein. “Va a generar, obviamente, una aumento de la inflación de febrero porque los productos principales de la canasta de consumo popular (la carne, la harina, el aceite, el azúcar, el arroz y la leche) son todos de exportación”.
Con paritarias a la vuelta de la esquina que ya se perfilaban conflictivas por la suba de precios del último trimestre de 2013, el nuevo shock inflacionario producto de la devaluación augura negociaciones aún más complejas. “En este contexto, los acuerdos salariales negociados en los próximos meses serán fundamentales como ancla nominal, ya que existen importantes riesgos de una espiralización. Por ello, habrá que monitorear si los aumentos salariales serán finalmente inferiores al 30% anual. En caso contrario, las perspectivas serán muy preocupantes”, opina Kiguel. Tal como se preveía a finales del año pasado, la cuestión cambiaria seguirá dominando el debate económico. Continuará…
Economía
Chau desendeudamiento: Preparan festival de bonos para llegar a 2015
Estimados militontos: El desendeudamiento es una falsa consigna, nacida de la impotencia de poder endeudarse. La soberbia de los Kirchner ha perjudicado, además, a muchas empresas argentinas que no han podido acceder al mercado de capitales global. El desendeudamiento acabó pero no saben aún cómo explicárselo a Uds. Atentamente, Urgente24.
En el año 2001 la Deuda Pública Nacional Bruta sumaba US$ 144.222 millones (53,7% del PBI). A julio de 2013, el valor nominal de la deuda alcanzó los US$ 196.143 millones, que si bien implican una caída nominal en dólares, se debe únicamente a la aceleración devaluatoria; es decir a que la deuda nominada en pesos se incrementó menos que el tipo de cambio oficial. la deuda total representa un 43.6% del PBI, que sin el ANSES y el BCRA asciende al 18%. A su vez, la deuda con residentes extranjeros, tanto del sector privado, gobiernos y organismos internacionales, asciende a US$ 58.900 millones, es decir al 13% del PBI, el 154% del las reservas internacionales y el 71% de las exportaciones de los últimos 12 meses (comprendidas entre junio 2013 y julio 2012).
VALOR AGREGADO
- La mentira del final del cepo y el peligro del lunes 27/01 con el dólar a $9,6
- Devaluación: Un callejón entre la suba de precios, los faltantes y la parálisis
- Kicillof dijo que no permitirá que se compren US$2 millones (como hizo Néstor)
- Devaluación: "No habrá traslado a precios sólo si se ajustan las otras variables económicas"
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Economía & Regiones). Esta semana el ministro de Economía, Axel Kicillof, anunció que Argentina ha presentado una propuesta para regularizar la deuda en default ante las autoridades del Club de París.
En un intento por llegar a las próximas elecciones, la estrategia del Gobierno sería volver a tomar deuda en los mercados internacionales para hacer más mullido el colchón de reservas y enfrentar la crisis cambiaria actual.
No obstante, para llevar a cabo esta estrategia deben afrontarse las deudas pendientes que la actual administración viene esquivando.
En efecto, la regularización de la deuda con el Club de París pone sobre el tapete el resto de la deuda contingente que este gobierno pospuso; como la deuda con el Ciadi, con jubilados, con los holdouts, con Repsol por la expropiación de YPF y en materia de infraestructura vial, ferroviaria, energética y de comunicaciones.
Las medidas que el gobierno está aplicando para ganar tiempo e intentar llegar a las próximas elecciones presidenciales serían fortalecer al máximo el proteccionismo obstaculizando el drenaje de dólares y tomar deuda en el exterior para recuperar los dólares que el Central perdió en los últimos dos años.
Lo preocupante de esta estrategia de emitir bonos y volver a endeudarnos con el mundo es que tiene como único objetivo aumentar el stock de reservas sin que esto solucione el problema de fondo.
Es decir, al final del día habremos aumentado el nivel de deuda externa, seguiremos perdiendo reservas, habiendo desaprovechado la oportunidad de tomar deuda a tasas (históricamente) bajas para invertir en infraestructura, energía, trenes, etc. durante los años anteriores.
El gobierno sigue yendo por detrás de los acontecimientos y mantiene las inconsistencias de política macroeconómica.
La economía argentina atraviesa una pérdida estructural de reservas internacionales que complica el frente cambiario.
El drenaje de divisas presiona sobre el tipo de cambio de cobertura, generando expectativas de devaluación y provocando incrementos de la cotización de la divisa informal, que termina afectando negativamente al sistema al sistema monetario, al aumento de precios y a la esfera real de la economía doméstica.
Para intentar frenar la sangría de capitales el gobierno fue aumentando la batería de medidas proteccionistas, restricciones para adquirir dólares e incluso la tasa de devaluación del tipo de cambio oficial.
Lejos de revertir la fuga de capitales, el avance devaluatorio generó presiones adicionales sobre los precios y se trasladó al mercado informal.
Al fin y al cabo, las reservas descendieron de los US$ 30.000 millones, el dólar blue trepó a los $13, la inflación del último trimestre anualizada alcanzó un 34% a/a y por primera vez en años la demanda de pesos empieza a ceder terreno con una caída real de los agregados monetarios más líquidos como el circulante y las cajas de ahorro.
El círculo vicioso de más devaluación, más inflación, aumento del dólar blue y caída de la demanda de dinero empieza a acelerarse y, es sin duda una alarma para la estabilidad social y económica de nuestro país.
Recuento de la deuda:
En el año 2001 la Deuda Pública Nacional Bruta sumaba US$ 144.222 millones (53,7% del PBI).
En 2002, tras la salida de la convertibilidad, devaluación del peso y el default (cesación de pagos) aprobada por el Congreso Nacional, el valor de la deuda se catapultó a 166% del PBI y subió hasta US$ 191.296 millones en 2004, luego del primer año de mandato de Néstor Kirchner.
En 2005 se llevó a cabo el primer canje voluntario de deuda. Se cambió la estructura de los pasivos, recortando el capital (quitas), estirando los plazos y cambiando la moneda y los tipos de interés. Este canje redujo el nivel de endeudamiento de US$ 191.000 a US$ 153.000 millones
Editorial.-
El catálogo de mentiras, promesas incumplidas, errores políticos y decisiones controvertidas que los argentinos hemos sufrido en la década pasada resultan a la fecha incontables e insoportables. Y los últimos acontecimientos son un pintoresco e ilustrativo resumen de tales dislates. Las marchas y contramarchas siempre fueron anunciadas con ceños fruncidos y ataques perversos a quienes osaban pensar diferente o proponer otro camino. Siempre la razón estaba de su parte, siempre la burla y el escarnio al disidente. Jamás se aceptó que alguien dudara del éxito de cada decisión, jamás tampoco se asumió responsabilidad por los resultados catastróficos. Siempre la culpa había sido del otro. Hoy se anula el cepo y se sigue culpando de su funesto y previsible resultado a las corporaciones, a los narcotraficantes, a los golpistas, a los directores de la petrolera que adquirió un millón y medio de dólares para pagar importaciones y remitir utilidades, omitiendo por supuesto aclarar que el Banco Central había autorizado la operatoria. Es el “relato” que le dicen. Y así todo. Ante este siniestro presente vanamente me pregunto si no es hora de dejar la soberbia de lado y apelar humildemente a la consulta previa a los expertos antes de tomar alguna decisión importante. Independientemente de la ideología política o la falta de ella, los expertos de cada tema seguramente tomarían mejores decisiones que los simples y obedientes militantes. Comprendo que les sería harto difícil dejar de lado la soberbia y actuar con sincera humildad, pero seguramente ese sería finalmente el primer paso para el reencuentro argentino. Otros países lo han logrado en la concordia y hermandad. ¿Podremos nosotros? Dios así lo quiera
Editorial
La destrucción de nuestra moneda
Opinión
Hoy basta con comprobar el pobre valor adquisitivo del billete de $ 100 para comprender el deterioro provocado por el descontrol fiscal y monetario en el país
No hace falta ser economista para comprender que el Gobierno ha destruido nuestra moneda nacional. Los profesionales de la economía, con toda razón, pueden hacer énfasis en la inutilidad del peso para preservar el ahorro de las familias. Pueden contarnos que el exceso de emisión ha elevado la tasa de inflación por encima ya del 30 por ciento. Y pueden explicar al público general que, en esas condiciones, es muy difícil que la economía pueda crecer, generar empleo y proveer de bienestar a la población. Sin embargo, no hace falta ser un profesional para comprender el problema. Alcanza con observar nuestro billete de máxima denominación, el de cien pesos, para comprender hasta dónde ha llegado el deterioro provocado por el descontrol fiscal y monetario de nuestro país.
En América latina, l a Argentina sólo es superada por Venezuela en cuanto a pobreza de la capacidad de compra de su billete de máxima denominación. En Venezuela, tal billete es el de 100 Bolívares Fuertes que, al tipo de cambio paralelo de ese país, cotiza a apenas un dólar con cuarenta centavos. Debemos sentirnos afortunados: en la Argentina, nuestro billete de máximo valor, el de 100 pesos, alcanza para obtener unos US$ 8. Y, a partir de allí, en Paraguay el valor equivale a US$ 22; en Colombia, a US$ 25; en Bolivia, a US$ 29; en Chile, a US$ 36, y en Perú, México y Uruguay, los valores van desde los US$ 70 hasta los US$ 90. Para que el valor de nuestra moneda se asemejase a los US$ 25 de equivalencia a otras monedas de la región deberíamos retrotraernos hasta 2011, ya que, luego de implantado el cepo cambiario, se aceleró el derrumbe del valor de nuestro signo monetario.Tener un billete de máxima denominación con un poder adquisitivo tan bajo envuelve varios problemas. Cada operación en efectivo implica el transporte de una cantidad extravagante de billetes, lo cual torna engorrosas y peligrosas por la inseguridad creciente las operaciones cotidianas. Especialmente, para los ciudadanos comunes que suelen contar los billetes en vez de pesarlos, práctica habitual entre algunos amigos del poder de la que hemos tomado conocimiento recientemente. También, el abastecimiento de efectivo por parte de los cajeros automáticos se vuelve dificultoso. Debido a que tienen una capacidad limitada de almacenar billetes, su baja denominación provoca una escasa capacidad de abastecimiento para la población en términos del dinero que ésta necesita extraer. Si los precios suben a un ritmo de 30% anual y los billetes de máxima denominación se mantienen sin cambios, la capacidad de cada cajero en términos de la cantidad de bienes y servicios que se negocian en la economía disminuye también a un ritmo de 30 por ciento.
Al bajar la capacidad de compra de los billetes de máxima denominación, el uso eficiente de los cajeros, de los tesoros de los bancos y de las propias billeteras provoca el desplazamiento hacia el uso único del billete de mayor poder de compra. Así, se verifica la extraña paradoja de que, aun cuando nuestro billete de 100 pesos equivale a sólo 8 dólares, es difícil conseguir cambio para éstos cuando se efectúan operaciones tan sencillas como comprar en un quiosco o tomar un taxi.
Como con la falsificación de los índices de precios, nuestras autoridades piensan que, ocultando el problema, éste desaparece. Consideran probablemente que evitando poner en circulación billetes de 200, 500 o 1000 pesos es más fácil sostener la política de negación de la inflación. Como hemos visto recientemente con los violentos movimientos del dólar contra el peso en el mercado local, negar los problemas no conduce a nada. Y, así como el ocultamiento de la inflación terminó por derrumbar el valor de nuestra moneda, la no actualización del valor de nuestros billetes sólo contribuye a volver más tortuosa la vida cotidiana de nuestros sufridos ciudadanos.
Todas estas marchas y contramarchas como los vagos anuncios de ayer sólo acrecientan la incertidumbre y reflejan con lamentable contundencia el grado de mala praxis en materia económica ejercido por nuestras autoridades
viernes, 24 de enero de 2014
Opinion
Viernes 24 de enero de 2014 |
El problema de por qué hay suba de los dólares (oficial y paralelo) y/o pérdida de reservas del Banco Central radica en que la gente no quiere pesos y sí quiere dólares. A su vez, esto ocurre porque la inflación es récord mundial, las tasas de interés son extremadamente negativas para el depositante minorista y el cepo cambiario, al romper la libre convertibilidad del peso con el dólar, aumentó la incertidumbre, o sea, hizo que la gente demandara menos pesos y más dólares todavía
¿Por qué la inflación es récord mundial, las tasas de interés recontranegativas y hay incertidumbre? Porque a pesar de que el Estado tiene una recaudación histórica y de las presiones impositivas más altas del mundo sobre los que están en blanco, el gasto público que la clase política vota todos los años en los presupuestos nacionales, provinciales y municipales, ha crecido tanto, que el déficit fiscal es el cuarto más grande en el último medio siglo ($250.000M=6% del PBI). Este déficit se financia con pesos que la gente no quiere y dólares que la gente sí quiere. Ergo o el Banco Central pierde reservas o los dólares (oficial y paralelo) suben. Entonces, mientras no se lance un plan antiinflacionario de ajuste fiscal, monetario y de eliminación total del cepo que reduzca la oferta de pesos, suba la demanda de pesos y baje la demanda de dólares privada, el deterioro del cuadro de dólar y reservas continuará.
Habría un camino intermedio si el Gobierno no quiere lanzar un plan antiinflacionario porque esto le "huele" a ajuste: la colocación de deuda para absorber pesos y dólares, pero siempre como puente para un inexorable plan antiinflacionario.
Desde octubre de 2011, el Gobierno siempre dijo que no había cepo...formal, legal de derecho. Porque no estaba prohibido para la gente la compra de dólares. Pero cuando uno iba al banco a comprar dólares para atesorar, no había capacidad contributiva que le permitiera comprar dólares por parte de la AFIP. Así que en los hechos, desde octubre de 2011 el cepo existe. Recién el jefe de Gabinete dijo que desde el lunes, los que demuestren capacidad contributiva van a poder comprar dólares para atesoramiento. O sea, lo mismo que ocurre desde hace más de dos años. O sea, nada ha cambiado...salvo que a este anuncio vacío hoy, lo llenen de un contenido distinto durante el fin de semana. Veremos.
Hoy, este anuncio se parece al humo de la negociación con el Club de París, que el Club niega que haya comenzado y el Gobierno dice que sí comenzó, cuando hay un DNU firmado por Cristina desde septiembre de 2008 que manda a pagarle el 100% de la deuda de una, con reservas del Banco Central.
Lo único concreto anunciado es que han reducido desde el 35% al 20% el anticipo de Ganancias para la compra de divisas para viajes al exterior y para las compras con tarjetas en el exterior
domingo, 19 de enero de 2014
Editorial
Las culpas del modelo neoliberal
Como el mundo es redondo se aconseja no situarse a la izquierda de la izquierda, pues por esa pendiente, el distraído, suele quedar de pronto a la derecha. (Armando Tejada Gómez El viento o la veleta)
De un tiempo a esta parte ha proliferado hasta el paroxismo la moda de atribuir la responsabilidad de nuestros males a lo que se ha dado en llamar el“modelo neoliberal”, encarnado, según la particular visión de sus detractores, en los diez años del gobierno peronista de Carlos Saúl Menem.
A pesar de los ingentes esfuerzos que he realizado, no he conseguido hasta la fecha que alguien me defina qué es este famoso “modelo”, culpable de todo lo malo que nos pasa, desde la muerte de Quiroga en adelante. Aunque algunos autoproclamados historiadores, como el inefable Felipe Pigna, lo remontan aún más lejos, llegando a afirmar que Cristóbal Colón era ya “neoliberal”, ¡150 y 200 años antes de que nacieran Locke y Montesquieu, los precursores del liberalismo!
Más allá de satisfacer esa curiosidad me gustaría saber –porque soy liberal–, la razón por la que ese nefasto y dañino modelo, que tanto daño parece habernos causado, lleva tal nombre, que parece emparentarlo con mi pensamiento. Cuando advierto que los actos de gobierno del Dr. Menem –incluyendo por cierto la falta de respeto a la división de poderes, el atropello a las instituciones, el manoseo obsceno de la Constitución y los escándalos de corrupción– se encuentran en las antípodas de mis convicciones liberales, mi confusión se torna absoluta.
Es cierto que Menem implementó algunas medidas inspiradas en la economía de mercado, que los liberales defendemos, pero lo hizo de manera tan torpe y falta de transparencia, que las malogró. A lo que sumó el haber borrado con el codo lo que escribió con la mano, cuando su ambición desenfrenada de poder lo llevó a negociar lo que fuera y con quien fuera, con tal de lograr su reelección. Y por fin, terminó echando por la borda los beneficios que a pesar de ello obtuvimos, malversándolos en un total descontrol de las finanzas públicas.
Por otra parte, Menem nunca se llamó a sí mismo liberal, por lo que me parece una torpeza endilgarle un pensamiento que nunca confesó tener. Menem fue siempre peronista, como lo es el actual presidente, que tanto lo admiraba y elogiaba, y que ahora lo repudia.
Nada tienen que ver esos excesos cometidos en la década de los 90 con las viejas ideas liberales, que permitieron al mundo liberarse de las monarquías absolutas, garantizar las libertades y los derechos del ciudadano y su igualdad ante la ley, e impulsar el progreso de los pueblos.
La experiencia mundial nos enseña que los países que las adoptaron lograron un crecimiento económico y un desarrollo social sostenidos, consolidaron regímenes jurídicos en donde se respetan los derechos de todos y mejoraron los estándares de vida de sus habitantes, sobre todo de los más postergados, que tuvieron la oportunidad de superar la pobreza y acceder a niveles dignos de vida mediante su propio esfuerzo.
Son los que hoy llamamos países del primer mundo, a los que emigran nuestros hijos en busca del bienestar que aquí no pueden encontrar. Distan mucho, por cierto, de haber logrado la perfección, imposible por otro lado entre los hombres, pero son los sitios en donde hallan refugio los que huyen de otros sistemas.
Argentina creció de manera extraordinaria en todos los órdenes cuando a partir de 1853 adoptó esas ideas inspiradas en Alberdi, y llegó a situarse entre los países más avanzados del mundo y a recibir a millones de inmigrantes que prosperaron en base a su esfuerzo. Y su sustitución por el modelo populista, hace más de medio siglo, marcó el comienzo de nuestra decadencia y nuestra pobreza.
Parece ser también que el odiado “modelo neoliberal” es también el paradigma actual de la no menos aborrecida “derecha”, término cuyo significado tampoco me queda claro. Derecha e izquierda –palabras que evocan una suerte de hemiplejía ideológica– indican posiciones relativas, pues uno puede estar a la izquierda o a la derecha con respecto a otra persona, pero si esta se corre, nuestra posición cambia en relación a ella. Lo que demuestra que dicha calificación depende menos de nuestras propias ideas que del lugar en que se ubiquen los demás, lo que ha graficado con elocuencia Armando Tejada Gómez en el poema del epígrafe.
La ciencia política describe a las derechas como las que se aferran al statu quo y a las izquierdas como las que propician el cambio. En tal caso, las tiranías soviética, maoista o castrista serían de derecha y sus opositores de izquierda. En síntesis, toda una confusión.
Michelle Bachelet o Segolene Royal se dicen de izquierda, pero repudian las dictaduras de Stalin y Mao. A los liberales (neo o paleo, da igual) nos tildan de derecha y no podríamos estar más lejos de monstruos como Hitler y Mussolini.
Por todo ello, creo necesario recurrir a otros vocablos para identificar nuestros pensamientos. En la democracia republicana moderna –creación liberal, como queda dicho– hay cabida para tres corrientes de opinión que defienden con igual denuedo los valores que dan sustento y razón de ser al sistema: el liberalismo, el conservadorismo y el socialismo –o social democracia, para evitar equívocos–, que se diferencian entre sí simplemente por la prioridad que le asignan a cada uno de esos valores.
Así, los liberales priorizamos la libertad, los conservadores el orden y los socialistas laigualdad, pero sin perder conciencia de la necesidad de preservar y garantizar la vigencia de todos ellos. Los liberales hemos aprendido –o al menos así lo espero– que libertad sin orden es anarquía, y sin igualdad –de oportunidades y ante la ley, se entiende, porque en todo lo demás los hombres somos, gracias a Dios, diferentes, únicos e irrepetibles– es injusticia. Los conservadores deben tener en claro que sin libertad, el orden no es armonía sino sumisión, y los socialistas sensatos han aprendido que la igualdad sin libertad deviene tiranía.
Y a los tres nos enseña la experiencia que el principal adversario contra el que hay que luchar es el populismo demagógico, enemigo de la república y de sus instituciones, agente de la corrupción y del totalitarismo, que destruye las sociedades, empobreciéndolas y minando sus bases morales.
El populista siembra desde el poder la discordia, el odio, la revancha y el resentimiento, rompe el tejido social que nos hace parte de un mismo pueblo y recurre al agravio para descalificar al adversario cuando no puede rebatir sus argumentos. Y, quizás lo más grave, divide a la sociedad entre patriotas (los que están con él) y réprobos (sus opositores), lo que impide la búsqueda de consensos que garanticen políticas de estado sustentables en el tiempo, pues con el enemigo no se pacta.
Tener esto en claro es menester a la hora de salvar a la República amenazada, dejando de lado los matices que nos distinguen, para unirnos en la defensa de los principios que una vez hicieron grande a nuestro país. Ya habrá después tiempo para competir entre nosotros con la satisfacción del deber cumplido.
Por mi parte seguiré llamándome liberal, y así como no cometeré la falacia de endilgar a los socialistas serios los crímenes que se cometieron en su nombre, exijo también el elemental respeto de no pretender identificarnos a los liberales con las aberraciones cometidas por otros, que ni siquiera se llamaron así.
Economía
Argentina: El turno de Kicillof
La situación argentina amerita cambios de fondo, no cambios de estilo. Y esos cambios de fondo brillaron por su ausencia
No comprendí el optimismo que despertó en los medios el nombramiento de Capitanich al frente de la Jefatura de Gabinete hace sólo un par de meses. Es cierto que dialogó con la prensa en estos dos meses más de lo que sus antecesores lo hicieron en los años previos. Pero la situación argentina amerita cambios de fondo, no cambios de estilo. Y esos cambios de fondo brillaron por su ausencia.
Ahora es el turno de Kicillof, que estratégicamente supo hacer silencio y dejar caer la imagen de su socio en el gobierno sin ver deprimida la propia. Pero él es el ministro de Economía, y las noticias no son buenas en la órbita que maneja: las reservas siguen cayendo, el dólar blue se volvió a disparar, la inflación no cesa, la escasez de productos es cada vez más visible y el desequilibrio fiscal no encuentra financiamiento.
La Argentina necesita cambios estructurales, pero la apuesta oficial —especialmente de la presidente— va por otro camino. Se trata de llegar al 2015 sin abandonar la línea que caracterizó al gobierno todos estos años. Bajo esa premisa, conjeturo que veremos un fracaso atrás de otro, con caras nuevas recurrentemente que intentarán lo imposible. Kicillof no podrá escapar a lo sucedido con sus antecesores. El problema central, una vez más, es el exacerbado gasto público. La teoría de las finanzas públicas nos enseña que para financiarlo hay tres instrumentos centrales. Impuestos, deuda y emisión.
En el primer caso, la presión tributaria ha ido aumentando incesantemente desde el comienzo del kirchnerismo. De poco más del 20% al final del menemismo a más del 40% en 2012. Este es un dato relevante que destaca la voracidad fiscal que ha caracterizado al gobierno argentino durante los últimos 10 años.
Algunos analistas creyeron encontrar el límite a la presión tributaria hace algunos años, pero el ingenio y la creatividad de este gobierno siempre encontró nuevas respuestas. Hoy muchos analistas dicen que no habrá más recursos por esta vía, aunque yo no lo veo tan claro. Este gobierno tiene una única meta, otra vez, que es llegar a 2015 sin cambiar la línea. No importa que paguemos un nivel de impuestos europeo o nórdico y recibamos servicios públicos africanos. Sólo importa evitar el ajuste a cualquier costo. Conjeturo entonces que la presión tributaria continuará su ascenso aunque resta definir qué sector de la población pagará el costo.
En el segundo caso, el gobierno buscará tomar deuda. Cinco o diez mil millones de dólares que refuercen las reservas harían la diferencia. En este sentido, Kicillof sólo hizo una cosa desde su llegada al nuevo rol en el gobierno. Trató de llegar a un acuerdo con Repsol tras la expropiación de YPF y viajó a Asia en busca de fondos. Muchos analistas destacan el “alto costo” de este potencial financiamiento, sin embargo, esto no será un limitante. Si alguien accede a prestarle dinero al gobierno y esto le permite evitar el ajuste antes de 2015, el gobierno avanzará “sin importar el costo”. Conjeturo entonces que el endeudamiento aumentará en estos dos últimos años de mandato.
Por último, la fuente de financiamiento que el gobierno viene utilizando y que también parece llegar a un límite es la de la emisión monetaria. La consecuente inflación ya está en boca de todos. El malestar social por la suba continua de precios es generalizado. Y muchos analistas concluyen entonces que no podrán seguir abusando de este “recurso”. Sin embargo, insisto, lo único que está en juego en este último período del kirchnerismo es evitar el ajuste. Conjeturo entonces que emitirán todo lo necesario para sostener el modelo. Las fuentes alternativas de financiamiento están agotadas, pero el gobierno se niega a creerlo. No habrá un cambio estructural de la política económica, y sólo decantará el modelo cuando los estallidos sociales impongan un límite. Ahora sólo podemos sentarnos a ver lo que la creatividad de Kicillof nos depara, pero aumentando a la vez la presión tributaria, el endeudamiento y la inflación, mientras la oposición va preparando propuestas estructurales que recién en 2015 iniciarán el cambio.
No comprendí el optimismo que despertó en los medios el nombramiento de Capitanich al frente de la Jefatura de Gabinete hace sólo un par de meses. Es cierto que dialogó con la prensa en estos dos meses más de lo que sus antecesores lo hicieron en los años previos. Pero la situación argentina amerita cambios de fondo, no cambios de estilo. Y esos cambios de fondo brillaron por su ausencia.
Ahora es el turno de Kicillof, que estratégicamente supo hacer silencio y dejar caer la imagen de su socio en el gobierno sin ver deprimida la propia. Pero él es el ministro de Economía, y las noticias no son buenas en la órbita que maneja: las reservas siguen cayendo, el dólar blue se volvió a disparar, la inflación no cesa, la escasez de productos es cada vez más visible y el desequilibrio fiscal no encuentra financiamiento.
La Argentina necesita cambios estructurales, pero la apuesta oficial —especialmente de la presidente— va por otro camino. Se trata de llegar al 2015 sin abandonar la línea que caracterizó al gobierno todos estos años. Bajo esa premisa, conjeturo que veremos un fracaso atrás de otro, con caras nuevas recurrentemente que intentarán lo imposible. Kicillof no podrá escapar a lo sucedido con sus antecesores. El problema central, una vez más, es el exacerbado gasto público. La teoría de las finanzas públicas nos enseña que para financiarlo hay tres instrumentos centrales. Impuestos, deuda y emisión.
En el primer caso, la presión tributaria ha ido aumentando incesantemente desde el comienzo del kirchnerismo. De poco más del 20% al final del menemismo a más del 40% en 2012. Este es un dato relevante que destaca la voracidad fiscal que ha caracterizado al gobierno argentino durante los últimos 10 años.
Algunos analistas creyeron encontrar el límite a la presión tributaria hace algunos años, pero el ingenio y la creatividad de este gobierno siempre encontró nuevas respuestas. Hoy muchos analistas dicen que no habrá más recursos por esta vía, aunque yo no lo veo tan claro. Este gobierno tiene una única meta, otra vez, que es llegar a 2015 sin cambiar la línea. No importa que paguemos un nivel de impuestos europeo o nórdico y recibamos servicios públicos africanos. Sólo importa evitar el ajuste a cualquier costo. Conjeturo entonces que la presión tributaria continuará su ascenso aunque resta definir qué sector de la población pagará el costo.
En el segundo caso, el gobierno buscará tomar deuda. Cinco o diez mil millones de dólares que refuercen las reservas harían la diferencia. En este sentido, Kicillof sólo hizo una cosa desde su llegada al nuevo rol en el gobierno. Trató de llegar a un acuerdo con Repsol tras la expropiación de YPF y viajó a Asia en busca de fondos. Muchos analistas destacan el “alto costo” de este potencial financiamiento, sin embargo, esto no será un limitante. Si alguien accede a prestarle dinero al gobierno y esto le permite evitar el ajuste antes de 2015, el gobierno avanzará “sin importar el costo”. Conjeturo entonces que el endeudamiento aumentará en estos dos últimos años de mandato.
Por último, la fuente de financiamiento que el gobierno viene utilizando y que también parece llegar a un límite es la de la emisión monetaria. La consecuente inflación ya está en boca de todos. El malestar social por la suba continua de precios es generalizado. Y muchos analistas concluyen entonces que no podrán seguir abusando de este “recurso”. Sin embargo, insisto, lo único que está en juego en este último período del kirchnerismo es evitar el ajuste. Conjeturo entonces que emitirán todo lo necesario para sostener el modelo. Las fuentes alternativas de financiamiento están agotadas, pero el gobierno se niega a creerlo. No habrá un cambio estructural de la política económica, y sólo decantará el modelo cuando los estallidos sociales impongan un límite. Ahora sólo podemos sentarnos a ver lo que la creatividad de Kicillof nos depara, pero aumentando a la vez la presión tributaria, el endeudamiento y la inflación, mientras la oposición va preparando propuestas estructurales que recién en 2015 iniciarán el cambio.
Economía
La economía según el jefe de gabinete
by Luis Maselli on 14 enero, 2014 ·
La designación de un nuevo jefe de gabinete y un nuevo ministro de economía a partir del resultado de las últimas elecciones en la Argentina generó expectativas económicas renovadas en buena parte de la población. Uno de los cambios fue, sin dudas, la manera de comunicarse con la población del jefe de gabinete Jorge Capitanich, que incorporó la realización de conferencias de prensa permitiendo preguntas por parte de los periodistas. Más allá de lo saludable del tono y de las formas de expresión, con el transcurso de las conferencias de prensa se empezó a percibir cómo el jefe de gabinete rápidamente fue dilapidando su capital inicial. Puntualmente en lo que respecta a la política macroeconómica no se observan cambios sustanciales, más allá de buscar culpables en todos los casos fuera del gobierno, y de algunas acciones puntuales de política (aceleración de la depreciación del peso, subas de impuestos internos, ventas de bonos para bajar el dólar implícito, nuevos acuerdos de precios, etc) que no difieren demasiado de las anteriores y con el objetivo de frenar la hemorragia (de divisas) de un herido sin solucionar las causas de fondo la misma.
El jefe de gabinete fue brindando, entremezcladas en sus conferencias de prensa sobre temas diversos, apreciaciones de cómo ve la economía, de las metas del gobierno y de los instrumentos a utilizar. Algunos ejemplos al respecto no dejan de sorprender por la particular forma de apreciar la economía. Como cuando hace unas semanas evaluando la situación fiscal nos decía “Todo el resultado fiscal está dado por el resultado fiscal y el cuasifiscal, cuasifiscal que está debidamente regulado por ley, esto es desde las transferencias de utilidades del Banco Central y hasta las transferencias de utilidades de empresas o fondos de garantía sustentables. Entonces lo que se pone como déficit fiscal en realidad tiene una compensación desde el punto de vista cuasifiscal y logra el financiamiento correspondiente de las erogaciones del Estado”. Para quien lo escuchaba y no podía creerlo el jefe de gabinete se encargó de ratificarlo culminando: “Entonces quiero transmitirlo porque en muchos otros países cuando una empresa petrolera tiene utilidades se consolida la información fiscal, por eso la Argentina tiene un resultado fiscal y cuasifiscal equilibrado, porque parte de las demandas de financiamiento están cubierta con resultados derivados del BCRA u otros organismos”. Sí, leyó bien, el jefe de gabinete equiparó al BCRA o al FGS (Fondo de Garantía de Sustentabilidad del Anses) con una empresa estatal petrolera que da utilidades. Vale dejar en claro que las utilidades del BCRA que transfiere al Tesoro para cubrir erogaciones son utilidades meramente contables, y que el BCRA no tiene superávit cuasifiscal sino déficit. Esto es lo que surge precisamente del último Estado de Resultados del BCRA según el cual el resultado cuasifiscal, que se define como la diferencia entre intereses ganados por los activos financieros y los intereses perdidos sobre los pasivos, fue deficitario en 2012, al igual que en el año previo. Las ganancias que se transfieren al Tesoro se justifican en las diferencias de cotización por las tenencias de reservas internacionales y títulos públicos, ganancias ficticias que son producto de la depreciación y la inflación, respectivamente, que elevan la valuación en pesos corrientes de esos activos. Estas diferencias de cotización no son entonces utilidades, ni líquidas, ni realizadas. Como se observa en el gráfico adjunto el BCRA muestra un resultado neto positivo porque la magnitud de las diferencias de cotización supera al déficit cuasifiscal propiamente. Esta situación es equiparable a la de una empresa que no ajusta por inflación y que distribuye esos dividendos contables. Entonces, Señor Jefe de Gabinete la Argentina, el Sector Público No Financiero tiene déficit fiscal, pero además el BCRA tiene déficit cuasifiscal propiamente dicho, y no hay compensación alguna por el lado cuasifiscal. Todo lo contrario.FUENTE: BCRA.
De modo parecido, las transferencias del FGS del Anses (fondos de las ex AFJPs) pueden equipararse a la situación de cualquier persona que dispone de un plazo fijo y se va gastando los intereses, lo cual es más grave cuanto mayor sea la tasa de inflación. No se hace honor a la sustentabilidad previsional descapitalizando el FGS vía transferencias destinadas a financiar otros gastos del Tesoro. Tampoco se le hace honor cuando se malvenden bonos en dólares del FGS para frenar la suba en la cotización del dólar paralelo. Medidas de corto plazo con costos que deberán pagarse a futuro.
En el trasfondo de las declaraciones hay una nueva negación de la inflación, cuando se vuelve a declarar que no está generada por mayor emisión. En la misma conferencia de prensa se nos enseñó que “en Estados Unidos se multiplicó la base monetaria por 3” o por más en otros países avanzados, sin tener más inflación. Por supuesto que Capitanich olvidó decir que en esos países lo mismo no pasó con la cantidad de dinero, que creció muchísimo menos (técnicamente cayó el multiplicador). Y sin entrar en demasiadas polémicas, una cosa es discutir en un país como Estados Unidos, con verdadera soberanía monetaria, si el dinero es endógeno o no, y por lo tanto si la emisión es o no causa de la inflación allá. Pero otra muy distinta es trasladar esos argumentos a países como la Argentina, sin una moneda “fuerte”. Bastante simple, cuando hay crisis en el norte la gente en general (y los bancos en particular) se asusta y quiere tener más dólares (o bonos del Tesoro en dólares) que considera seguros, cuando hay crisis acá la gente también se asusta pero quiere tener menos pesos que no considera un resguardo seguro (también quiere más dólares). Cabe esperar que estas conductas se profundicen si en la Argentina tenemos un déficit fiscal creciente y las continuas negaciones de sus autoridades: hoy la emisión de base monetaria se destina totalmente a financiar déficit fiscal.
Pero la contradicción del jefe de gabinete es mayor cuando en esa misma conferencia de prensa nos mostraba, como un hecho positivo, que la expansión monetaria había caído desde 40% anual a 26% anual en la actualidad. ¿En qué quedamos señor? En verdad la desaceleración del crecimiento se explica por la pérdida de divisas del sector externo. En el gráfico siguiente se verifica que la fuga de capitales por el fracaso de los diversos “cepos” cambiarios provocó este año una contracción de la base monetaria por venta de divisas. Esto no obstante la creciente expansión de base por parte del Sector Público, que en el año se aproximó a los 94.000 millones de pesos.
FUENTE: BCRA.
Paradójicamente, esta menor expansión de base monetaria total permite un mayor financiamiento del déficit del sector público. El jefe de gabinete debería saber que esta situación no se debe a una política explícita de las autoridades monetarias sino que se trata en todo caso de una menor expansión “obligada” por la fuga de capitales. De cualquier modo la política monetaria se encuentra “dominada” por la política fiscal: el sector público explica la totalidad del crecimiento de la base.
Todo lo anterior choca con lo expresado por el jefe de gabinete en una conferencia de prensa previa cuando expresó que la Argentina necesita “un tipo de cambio real, efectivo, competitivo y de largo plazo”. Sostener un tipo de cambio real alto o competitivo se traduce monetariamente en un sector externo expansivo producto de la compra de divisas para sostener el tipo de cambio, que debería compensarse con un sector público contractivo, producto de superávit fiscales que ayuden a absorber la expansión de base monetaria del sector externo y que no fuercen a una emisión excesiva de instrumentos de absorción monetaria del BCRA con la consecuente suba de la tasa de interés. Como se observa en el cuadro siguiente esto es lo que aproximadamente sucedió hasta el año 2008 y que dramáticamente se invirtió en los últimos años. Recapitulando, sostener un tipo de cambio real elevado requeriría revertir sustantivamente el resultado fiscal.
FUENTE: BCRA.
Por su parte, el deterioro fiscal se explica con que el gasto público explotó y los recursos no pudieron seguir el ritmo a pesar del sustantivo aumento de la presión tributaria. El gasto público consolidado creció en la Argentina desde 28% del producto en 2004 a más de 45% del PIB en la actualidad, el mismo nivel de Alemania! Cualquiera podría discutir cuál es el nivel apropiado de gasto, más allá de la necesidad de financiarlo, pero no podría evitar las comparaciones odiosas, en qué y cómo se gasta.
32/84FUENTE: Ministerio de Economía y estimaciones propias.
Capitanich también justificó la composición del gasto público, enfatizando los subsidios económicos como un factor clave para el impulso de la industria y el crecimiento económico. En el gráfico siguiente se observa que la actual composición del gasto consolidado se parece en algo a la de los años 80: la elevada participación de los subsidios económicos. Mientras los 80’ fue llamada la década perdida (el PIB per cápita cayó 1% por año), la última década fue llamada la década ganada. En algún momento alguna autoridad económica debería admitir otros factores explicativos de este dispar comportamiento económico más allá de los subsidios (por ejemplo el fenomenal salto en los términos de intercambio).
FUENTE: Ministerio de Economía y estimaciones propias.
Y todo a pesar de los monopolios como el de Techint, culpable según el jefe de gabinete de producir un insumo “difundido” de manera monopólica que afecta toda la cadena de valor. Si hay alguna diferencia con la gestión económica del ex secretario Moreno sería que ahora los controles sobre la rentabilidad de los sectores se realizan sobre toda la cadena de valor, en lugar de “acordar” con los extremos de la misma como lo hacía por teléfono o personalmente el recordado secretario. La visión de fondo parece la misma, estas son las herramientas para solucionar la inflación y la distribución del ingreso. Difícilmente este era el cambio que esperaban muchos de quienes se esperanzaron con las nuevas autoridades.
Las enseñanzas no terminaron ahí, adicionalmente en esa conferencia Capitanich nos dijo que teníamos los salarios más altos de Latinoamérica, sin aclarar por supuesto que eso mismo sucedía en la vilipendiada convertibilidad cuando, como ahora, la economía tenía un importante atraso cambiario que eleva sustantivamente los salarios medidos en dólares. Esto es la contracara de la pérdida de competitividad que está ahogando a muchas producciones de transables, principalmente en el interior del país.
En síntesis, las conferencias de prensa nos fueron aclarando hacia donde apuntan los “cambios” de la nueva conducción económica, o mejor dicho hacia donde no apuntan: hay errores de diagnóstico y contradicciones pero sobretodo no hay un enfoque macroeconómico de los problemas. Una visión optimista podría decir que fundamentalmente Capitanich, y el ministro de economía, nos van brindando lecciones sobre un “nuevo” enfoque, que busca soluciones micro a los problemas que otros muchos pueden considerar macro, atendiendo a los distintos eslabones de la cadena productiva (incluyendo por supuesto cuánto pueden los empresarios ganar en cada eslabón). En todo caso esto sería algo más de lo mismo, eso sí, con tonos y modos mucho más cordiales.
Hiperinflación
Hiperinflación y Ave Fénix
enero 18, 2014
By Guillermo SandlerDesde hace aproximadamente dos años venimos sosteniendo que nuestro país está en la senda de la hiperinflación. Distinguidos colegas pensaban que un simple “service” o algún retoque, Argentina retomaría nuevamente la senda de expansión económica e inclusión social. Asimismo, expresaban que el mercado cambiario marginal, blue, negro o libre como se lo quiera designar era un mercado pequeño, insignificante, sin ninguna relevancia macroeconómica y social. Incluso fijaban el valor de la moneda local en función de cantidad de reservas en dólares con que cuenta el BCRA y la base monetaria. Craso error porque no tienen en cuenta que el individuo más que relaciones matemáticas se guía por su propias expectativas de cómo vea el futuro que va más allá de una simple relación cuantitativa. Importancia de la psicología en las decisiones individuales y colectivas. Hoy el dólar vale 11/12 pesos en ascenso y es el valor de referencia para fijar precios de las mercancías y servicios
¿En qué fundamentábamos nuestra tesis? En algo muy simple: lo que en aquello que en los negocios se conoce como “probabilidad subjetiva” producto de la experiencia del que maneja el negocio (en nuestro caso nuestra experiencia profesional y la simple lectura de la historia económica argentina de estos últimos 70 años (1943-2013).
Como el Viejo Vizcacha, nos pusimos, en vez de elaborar modelos econométricos y macroeconómicos complejos generalmente de escaso valor predictivo, a observar -a vuelo de pájaro- algunos hechos públicos que gestaron Presidentes de la Nación y Ministros de Economía. JDPerón/M.Miranda (inflación, en un acto de celebración del 17 de octubre expresó: “han visto ustedes alguna vez un dólar”); A.Frondizi/D.del Carril (aumento salarial 85%/inflación 105%); A.Illia/E.Blanco (nacionalización depósitos bancarios); JDPerón/J.Gelbard (inflación 0); Isabelita/R.Zinn (“Rodrigazo”); R.Videla/M.de Hoz (“tablita”); R.Alfonsin/JLMachinea (Plan Primavera); CSMenem/E.González (Plan Bonex); F.de la Rua/D.Cavallo (“corralito”); E.Duhalde/Remes (“corralón”); Cristina/A. Boudou (expropiación AFJP); Cristina/C.Fernández (cepo cambiario); Cristina/Kicillof (control de precios y de ganancias). Resumiendo, estos son algunos de los resultados obtenidos en las decisiones de política económica llevadas a cabo a lo largo de estos 70 años que nos han llevado a la decadencia como país en el concierto internacional y regional. No es el propósito referirnos a las personas sino a las políticas públicas formuladas y ejecutadas.
No ha llegado el momento que nos formulemos como pregunta: ¿qué es lo que ha fracasado y qué nos ha llevado a esta triste situación como sociedad y como individuos?
Para ello, con el propósito de aportar ideas, no se nos ocurrió otra cosa que acudir a las obras de un distinguido ingeniero nuclear, empresario y profesor japonés Kenichi Ohmae; autor de varios libros cuya lectura es recomendable para todos aquellos que sientan vocación por la función pública. Por ejemplo, “The Next Global Stage (Challenges and Opportunities in our Borderless World); The Invisible Continent (Four Strategic Imperatives of the New Economy); The Borderless World (Power and Strategy in the Interlinked Economy)e; The Evolving Global Economy (Making Sense of the New Economy); The End of the Nation State (The Rise of Regional Economics); The Mind of the Strategist (The Art of Japanese Business). Kenichi Ohmae se burla de los modelos económicos que se enseñan en las Universidades por falta de realismo.
A continuación citaremos sólo algunos párrafos del libro “Continente Invisible”, lo define como un mercado sin fronteras que combina la nueva economía con la economía tradicional y consta de cuatro dimensiones: dimensión visible: conjunto de transacciones de intercambio de productos locales; dimensión sin límite, que consiste en la necesidad de que las empresas adquieran insumos de cualquier parte del mundo para producir bienes de calidad a precios competitivos; dimensión cibernética mediante internet que suministra información y servicios a todo el mundo y finalmente dimensión de altos multiplicadores: apalancamiento entre préstamos y acciones, donde el mercado recompensa a las empresas.
Por consiguiente, se requieren nuevas reglas de la economía: En primer lugar, la información fluye a lo largo y ancho del Continente Invisible, atravesando naciones o corporaciones; en segundo lugar, cualquiera puede entrar fácilmente al Continente;. cualquier nación, empresa, grupo o individuo puede ingresar y finalmente, el nuevo Continente considera a todos por igual.
En el Continente Invisible las decisiones no se toman centralizadamente sino en base a “plataformas”, destacándose el lenguaje que es el inglés, la moneda que es el dólar y supone la existencia de mercados abiertos.
En el Continente Invisible el flujo de riqueza sucede mediante el arbitraje constituido por la cadena de valor en red; eliminación de intermediarios que no añaden valor; operaciones localizadas en cualquier parte del mundo; expansión de las actividades a nivel global; los pagos se mueven libremente; las transacciones van más allá de la intervención gubernamental; los profesionales no se basan en “credenciales” sino en el valor percibido por cada cliente; los empleos pueden estar en cualquier lugar; las cadenas de suministros pueden reducirse drásticamente; se pueden formar o disolver alianzas conforme a las necesidades. Además del arbitraje, existen otras diferencias con la economía tradicional como son la: rapidez y la escala.
¿Qué deberían hacer los países en estas circunstancias? En primer lugar, tener una moneda estable y atractiva; en segundo lugar, abrir los mercados y finalmente fomentar la participación en la economía cibernética.
¿Cuáles son los retos futuros? En principio, el valor del trabajo requiere la existencia de mercados laborales abiertos y eficientes. En nuestro país la ley de asociaciones profesionales tienen su fundamento en la Carta del Lavoro de B. Mussolini del año 1927 agravada por el transcurso del tiempo. Los Gobiernos deberían plantearse el problema cuál debería ser su nueva estructura formal. El proceso democrático, al desaparecer las fronteras nacionales, permitirá formas nuevas más efectivas de democracia. La educación es un factor crítico: es decir, además de las habilidades técnicas que cada individuo adquiere en sus estudios, se deberían considerar las relaciones humanas y la confianza en sí mismo. Finalmente, permanente auto-renovación: todos los individuos tendrán acceso a los recursos necesarios para alcanzar el éxito, pero deben acostumbrarse asimismo a cierto grado de incertidumbre en el futuro.
Para aquellos lectores que estén interesados en profundizar u obtener mayor información pueden recurrir a www.resumido.com/es/libro.php/158*6. Agradecemos a nuestro amigo, el Prof. Dr. José Podestá, que nos haya provisto y recomendado las obras del Profesor Kenichi Ohmae.
Al respeto, mi amigo Podestá, expresa lo siguiente: “En la economía de la información y del conocimiento, en donde lo nuevo que no cambia es el cambio (porque es continuo y acelerado), el economista al frente del Ministerio de turno si no está atento a las señales del contexto global e interno (la gente/el ciudadano) es quien hoy tiene el poder porque “está informado”y por ello las variables “varían”, continuamente) también debe tener un pensamiento estratégico y anticipador. Lo que la realidad argentina muestra a través de los controles históricos es que no sirvieron y terminaron generando en la población un mal mayor. Si un economista estudió para hacer tales prácticas evidentemente el puesto no es para él. ¿Por qué? Porque no se puede conducir la economía de un país, en un mundo globalizado/ “Continente Invisible de modo reactivo y, lo que es peor, anclado en telarañas ideológicas que fueron desmitificadas desde la caída del Muro de Berlin. Los argentinos merecemos más respeto y consideración de la dirigencia política, porque para ello se les delegó la representación”.
Kenichi Ohmae en artículo señala el fracaso de la macroeconomía keynesiana en cuanto a los gastos en obras públicas y estímulos monetarios. El modelo keynesiano está focalizado esencialmente en la “demanda agregada” de una economía cerrada, no pudiendo funcionar en una economía de un mundo sin límite. Asimismo, rechaza el excesivo control centralizado por parte de la burocracia estatal tanto en los aspectos administrativos como financieros en desmedro de los gobiernos y comunidades locales. Los Gobierno locales tienen menos interés en formular iniciativas locales debido a las ingerencias de los Gobiernos centralizados. Por otra parte, critica los altos costos que el Estado nacional despilfarra en asistencia social (en materia sanitaria y cuidado de la tercera edad).
Una vez más, nuestro propósito ha sido en generar debates y discusiones en la sociedad a los efectos de crear las condiciones para un cambio profundo -especialmente en la mente de los argentinos- para que nuestro país pueda resurgir como el Ave Fénix. El Ave Fénix era un Ave mitológica que se consumía por acción del fuego cada 500 años para luego resurgir de sus cenizas. En nuestro caso, la decadencia económica, social, política y cultural de estos setenta años, ansía el resurgimiento como país que valga la pena vivir en él no sólo para nosotros sino para todos aquellos que desean hacerlo.
* El autor publicó en 1997 un trabajo titulado “La Globalización económica y su impacto en las finanzas públicas” como resultado de una beca otorgada por el Servicio Alemán de Intercambio Académico (enero/abril de 1997), reproducido en “Ensayos de Economía del Estado. Errepar SA.
Prof. Guillermo Sandler
jueves, 16 de enero de 2014
Economía
Sólo una pausa en la fiesta de los emergentes
Opinión
Hace ya varios lustros se viene afirmando que el crecimiento acelerado de los países emergentes es transitorio. Bueno, todo en la vida humana lo es. Pero aquí se mezclan análisis más o menos fundados con apenas disimuladas envidias ante el raudo desempeño de las liebres emergentes en desmedro de las tortugas desarrolladas. Este año los crecimientos esperados de la economía de unos y otros estarán más cerca que en los últimos 12 años, con 5,4% y 2,1%, respectivamente, y por eso no pocos creen que la fiesta emergente llega a su fin.
Es claro que los emergentes no atraviesan hoy su mejor momento. Pero se trata de un fenómeno coyuntural que no invalida el cambio estructural que se está dando en la economía global por el desarrollo de los países emergentes liderado por Asia, ya con claros impacto en la geopolítica mundial y en la importancia relativa de las distintas culturas o civilizaciones.Una faceta crucial de este cambio es la demografía social. Entre 2010 y 2040, la población mundial aumentará en 2122 millones de personas. Sólo 60 millones vivirán en los países desarrollados y 2062 en los emergentes: 75 en China, 360 en India y la friolera de 1627 millones de personas en otros países emergentes, sobre todo de África y Asia, y en menor medida de América latina. Si de culturas hablamos, sólo 260 millones de los nuevos seres humanos vivirán en países occidentales, apenas el 12,3%.
Con supuestos razonables, también puede afirmarse que, en el mismo período, la población no pobre o de clase media en los países emergentes puede quintuplicarse de 1000 a casi 5000 millones. Por esta dinámica demográfica y por su gran capacidad de crecer, los países emergentes en su conjunto serán los socios estratégicos de la Argentina y de América del Sur, tanto en alimentos como en otros bienes básicos, manufacturas y servicios. La misma demografía dará larga vida al modelo, principalmente asiático, de intensas migraciones rural-urbanas de trabajadores con bajos salarios al principio que se emplean en una industria manufacturera exportadora que migra a su vez a regiones más baratas cuando las primeras se encarecen. A esto se agrega una rápida expansión y mejora de la educación -visible, por ejemplo, en el creciente liderazgo de Asia oriental en las pruebas PISA- que ya se está plasmando en la producción de bienes con creciente contenido tecnológico.
Otro factor que beneficia a los productores de commodities es el abaratamiento de la tecnología, que permite un aumento incesante de la productividad. Una notebook costaba 20 toneladas de soja en 2000 y cuesta sólo 1 tonelada hoy, pese a tener unas diez veces más capacidad de procesamiento. Un último y decisivo factor es que desde hace varios lustros buena parte de los países emergentes han mejorado sus políticas económicas, con mayores equilibrios fiscales y externos, tipos de cambio administrados, baja inflación y atracción de inversiones. Enormes mercados internos, mano de obra abundante, barata y crecientemente educada, tecnologías cada vez más accesibles y políticas amigables hacia la inversión componen un conjunto de irresistible atracción para un desarrollo capitalista que tendrá rasgos idiosincrásicos en cada región.
En la década finalizada en 2012, mientras la fiesta estuvo en su esplendor, los bonos de países emergentes en moneda local superaron a los del Tesoro de Estados Unidos, rindiendo 205% en dólares, contra 58%, y el índice MSCI de acciones emergentes subió 261%, contra 69% en los países desarrollados (J. P. Morgan y Bank of America). En contraste, en 2013 los bonos de emergentes perdieron 6,3% y sus acciones 5%, pese a un rally del 24% del índice accionario global, la mejor performance en 15 años. Por esto los principales bancos de inversión recomiendan ahora recortar un tercio las carteras de activos de emergentes y advierten sobre los riesgos de los bonos en moneda local por los riesgos de devaluación en varios países (J. P. Morgan).
Por debajo de estas desconfianzas financieras hay deterioros reales que llevan a algunos bancos a decir que los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) se rezagarán, tanto por el cambio de la política monetaria en EE.UU. como por haber perdido competitividad en los últimos años (Morgan Stanley); otros pronostican que el desempeño de los emergentes será pobre por los próximos diez años (Goldman Sachs). Por un lado hay varios países emergentes grandes con elevados déficits fiscales, externos o ambos. Egipto marcha a la cabeza con déficit externo de 2,5% del PIB y fiscal de 13,7%, pero también preocupan Sudáfrica (6,5% y 4,8%), Turquía (7,4% y 1,5%), India (3,0% y 5,1%) y, algo menos, Indonesia (3,8% y 3,3%), Venezuela (superávit externo pero déficit fiscal de 9,5%) y también Brasil (3,7% y 2,7%). Todos ellos dependen de entradas de capitales aún abundantes pero menguados por los mayores rendimientos esperados en activos de los países desarrollados. Detrás de estos números se esconde el fantasma de que si alguno de ellos tiene problemas de financiamiento, el contagio puede extenderse al mundo emergente, al estilo de lo ocurrido con las crisis de Asia en 1997 y Rusia en 1998. La salida de capitales de Brasil el año pasado, récord en diez años, no preocupa tanto en sí, pero subraya la realidad de la amenaza. En escala algo menor preocupan potenciales problemas con los bancos chinos, en parte por una explosión del 70% en tres años de las deudas de los gobiernos locales.
Como casi siempre, a los problemas financieros subyacen causalmente otros de la economía real, tales como una excesiva apreciación de las monedas, ahora en proceso de corrección, la "primarización" de las exportaciones, una excesiva presión fiscal, la baja eficiencia, especialmente en el sector público, y el magro crecimiento de la productividad. Cada caso en su medida, esto puede verse desde la Argentina, Brasil y Uruguay hasta la India, pasando por Turquía, algunos países de Europa oriental, el Medio Oriente y África, y aun China, en menor medida. El peso de estos problemas se acentúa en los países productores de las commodities, por la pausa que encontró en 2013 el auge de su demanda y de sus precios iniciado en 2002. Ellas han sido la principal correa de transmisión del motor que, encendido en el Lejano Oriente, dio el impulso inicial al resto de Asia, a África y también a América latina. Por eso la gran pregunta es si la caída de los productos básicos será breve o duradera. Quienes vemos el crecimiento de los emergentes como un proceso de larga duración no dudamos de que las commodities "volverán" y, aunque nadie sabe cuándo ni cuánto, lo más probable es que si no hay accidentes macroeconómicos, la desaceleración de los emergentes no se extienda más de dos años. Y si crisis y contagios llegaran a ocurrir, llevará algo más de tiempo recuperar la tendencia, pero ella no se interrumpirá. Conviene recordar los equivocadísimos pronósticos agoreros que se hicieron cuando la crisis de Asia en 1997, indicando que su recuperación llevaría una década.
Hay que lamentar que la gran mayoría de los países latinoamericanos seamos sólo actores de reparto de esta fabulosa historia. No sólo es claro que Asia, especialmente su región del Pacífico, es y seguirá siendo líder del crecimiento global. También África cuenta hoy con la esperanza más fundada de su historia de salir de la pobreza estructural; para empezar, su ingreso por habitante está creciendo más que el de América latina desde hace quince años. La mayoría de los países de la región no aprovechó lo suficiente ni la década del viento a favor de las commodities ni los últimos cinco años de política monetaria blanda de los EE.UU. Hay sí crecientes evidencias de que el grupo de países del Pacífico latinoamericano integrado en orden de logros por Chile y Perú, en menor medida Colombia y luego México más bien como promesa ha apostado con mayor clarividencia a prever el futuro, a la inversión y a una integración global con el área por lejos más dinámica del planeta. Le llevan en esto ventaja no sólo a Bolivia, Ecuador y Venezuela, sino también a Brasil y Uruguay.
La política oficial de la Argentina oscila entre estos dos grupos, pero con mayor propensión hacia el primero. Pero cualquier análisis sincero de nuestra realidad de hoy llegará fácilmente a la conclusión de la falacia de hablar de "década ganada". Muy pocos países emergentes grandes tienen una lista de "pendientes" tan abrumadora como la nuestra, que compromete el futuro y también los logros del pasado reciente. Y en 2013 la Argentina es, después de Venezuela, el país sudamericano con peor desempeño combinado en inflación, desempleo y crecimiento. Sin que eso impida ver con esperanzas 2015, lo cierto es que el bienio por transcurrir hasta entonces será de difícil tránsito y en un marco global menos favorable que el de los últimos doce años.
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