2014 será el año de la crisis
Con 20.000 millones de dólares de reservas disponibles en el Banco Central -10.000 millones menos que las reservas brutas- y las únicas que la Argentina cuenta para atender sus obligaciones externas, no se puede superar el año 2014 sin afrontar una crisis.
En el primer semestre del 2014 se perderán más de 6.000 millones de dólares de esas reservas, porque esa es la cifra que se perdió el año pasado y ahora se cuenta con una perspectiva menos favorable por el descenso del precio de la soja y las menores importaciones de automotores de Brasil. En todo el año 2014 se perderán mas de 13.000 millones de dólares de reservas para terminar con alrededor de 7.000 millones de reservas disponibles.
Frente a esta situación el único proyecto que tiene el gobierno para enfrentarla es una devaluación acelerada, que en los últimos treinta días -según el ascenso de la cotización de $ 6.08 a $ 6.44 por dólar-, equivale a una anual del 71%.
Pero este proyecto no tiene lógica y además lleva insito un costo de divisas y de inflación que no se puede soportar. Es como correr tras el viento, pues cada devaluación impulsa la inflación, que hace insuficiente la devaluación anterior. El tratamiento correcto es devaluar y a partir de allí aplicar un plan antiinflacionario que tiene que compensar con crecimiento económico el mayor costo que representa la devaluación.
El gobierno se ilusiona quizás porque en los últimos 30 días bajó la diferencia entre el dólar paralelo y el oficial de 59 % a 50%. Pero ese cortísimo plazo no permite extraer conclusiones porque la inflación no tiene un crecimiento fijo mensual, sino que es una tendencia, que engaña si se mide en plazos cortos.
A mediados del 2014 el gobierno se enfrentará a la imposibilidad de pagar las obligaciones externas.
Primero se debe atacar el desequilibro de los precios internos y a partir de allí, la inflación y la desmonetización.
La economía argentina sufre varios vicios. Los que principalmente se perciben son los bajos ingresos y la inflación.
Los bajos ingresos se adjudican a la injusta distribución de la riqueza. La inflación a la marcación de los precios por los empresarios y al gobierno por la emisión monetaria y el gasto publico.
Frente a este cuadro de información pública, es lógico que la inflación tenga prioridad porque es la que reduciría el ingreso a los trabajadores, porque sus salarios son fijos mientras dura el convenio, y los precios se mueven al alza todos los días.
Sin embargo frente a la crisis, primero se debe arreglar el desequilibrio de los precios internos, teniendo en cuenta los niveles vigentes en las economías semejantes que funcionan correctamente, y simultáneamente atacar la inflación, con devaluación por una sola vez y limitada a lo estrictamente necesario, agregando la monetización de la economía, para producir aumento de la actividad económica y pleno.
A todos los políticos les resulta fácil hablar de la inflación, – sin planes para superarla – pero a nadie se les escucha expedirse sobre el equilibrio de los precios internos, porque nadie sabe como se aumentan los ingresos generales sobre la base de una economía competitiva y de igual tratamiento entre los sectores.
Los peronistas son los padres de la inflación en la Argentina y los radicales en el gobierno de Alfonsín llegaron la hiperinflación. Ambos han gobernado con fuertes discriminaciones contra las exportaciones agroindustriales.
En la actualidad el gobierno se orienta a combatir la inflación por el control de precios, pero no de los precios finales, sino controlando la renta de los diferentes sectores empresarios de la cadena de producción y distribución, partiendo de la creencia que los precios son excesivos por la superrentas de los sectores mas concentrados.
A ese instrumento el Ministerio de Economía agrega los créditos a las pymes, a tasas bajas para estimular la competencia en los sectores más concentrados.
Nada resolverá la economía argentina sino si no ataca las causas profundas de sus crisis reiteradas, que es su funcionamiento general sobre la eficiencia, la igualdad entre los sectores y la competencia.
La causa de la crisis en el fondo es la incultura de las clases populares y las clases dirigentes.
La regla esencial que fundamenta “La Riqueza de las Naciones” según Adam Smith es que estas se dediquen a producir los bienes y servicios en los que fueran más eficientes y es la que rige hasta hoy el intercambio internacional.
Esto no quiere decir que los países no pueden variar sus exportaciones, sino que previamente deben volverse suficientemente competitivos en los rubros que quieren exportar.
Hasta la fecha no hay ningún un sector más eficiente ni menos demandante de insumos importados que el sector agroindustrial, sin excluir a Vaca Muerta, por las inversiones y las tecnologías externas que demanda. No obstante lo cual se lo grava con impuestos a las exportaciones de hasta el 35% y se limitan comercialmente sus ventas al exterior. De una ceguera de esta magnitud no hay ejemplo en el mundo.
La Argentina a partir de la década del treinta, pero con mucho mayor intensidad después del final de la segunda guerra mundial, pretendió aumentar la producción industrial y las exportaciones de este origen, con el aumento protección aduanera -como lo hicieron todos los países- pero además gravó las exportaciones agrarias y agro industriales, para bajar sus precios internos y aumentar sus recursos fiscales, lo que fue un tratamiento sin precedente en los países bien administrados.
Es decir la Argentina con la aprobación de la mayoría populares y de sus dirigentes políticos y economistas creyeron que podía desarrollar el país, aumentando artificialmente el valor agregado nacional, y el empleo, pero produjeron el resultado inverso. Esta es una experiencia incontrastable.
El resultado fue que desde 1945 a la fecha hemos descendido nuestra participación en el comercio mundial del 2,8% al 0,4%. Y hemos sufrido ocho crisis graves por déficit en la balanza de pagos, y estamos en vísperas de sufrir la novena.
Con cada devaluación se arranca de nuevo, sin computar las empresas quebradas, la desocupación producida y los graves quebrantos en el bienestar de toda la población. Nunca se aprendió de estas reiteradas experiencias.
En cada caso la devaluación fue en general muy exagerada -del 400% en 1975 y en el 2002- que permitió seguir con los impuestos a las exportaciones o los tipos diferenciales de cambio, en la primera etapa de cada devaluación.
Actualmente nos encontramos en la misma situación, incluso con economistas como Lavagna y muchos otros, que sostienen que los impuestos a las exportaciones agrarias y agroindustriales, están totalmente justificados y deben continuar.
Así, por un lado con una influencia populista derivada de un viejo resentimiento contra la vieja clase terrateniente, que ya no existe y por el otro lado los errores de la clase política y del pensamiento económico, formados en un antiimperialismo infantil, la Argentina sufre el pecado de la incultura de sus clases populares y de sus clases dirigentes.
El pecado de la incultura se paga con la pobreza y se redime con el conocimiento
En el año 1929 la Argentina tenía un PBI por habitante de 4612 dólares y Australia el mismo año 5289 (Ver “Dos Siglos de Economía Argentina” Pags. 63 y 67 Orlando Ferreres). Pero por su mayor población la Argentina tenía un PBI global de 53.000 millones de dólares contra 33.000 millones de dólares de Australia.
En el año 2012 la Argentina tiene un PBI por habitante de 11.500 dólares y Australia tiene un PBI por habitante de 68.800 dólares. (FMI). Si guardáramos la relación que teníamos en 1929 la Argentina tendría hoy PBI de 60.000 dólares por habitante es decir un PBI de 2,4 billones de dólares, similar a la del Reino Unido y de Brasil, oscilando entre la sexta y la séptima potencia mundial. Seríamos por nuestro PBI global sensiblemente más importante que Australia que tiene actualmente un PBI global de 1,5 billones de dólares por su menor población que la Argentina.
Los dos países tenemos una similar estructura económica fundada inicialmente en el agro, nos hallamos en el hemisferio sur, nos separan grandes distancias de los centros tradicionales de la economía mundial, pero la Argentina tiene una producción mas diversificada y más importante en su sector primario.
Las diferencias a favor de Australia se han producido después de 1930, es decir desde que se siguieron diferentes políticas económicas entre los dos países.
Nosotros influidos por el populismo y sus líderes y doctrinarios económicos como Prebich y la CEPAL, a los cuales siguieron Aldo Ferrer, Krieger Vacena, Moyano Llerena, Marcelo Diamand, Gelbard y muchos otros), que se apartaron del neoliberalismo de posguerra, y creyeron como más inteligente la acción distribuidora del Estado. Se dice que Marcelo Diamand es reconocido por Axel Kicillof con uno de sus maestros.
Australia es el ejemplo demostrativo de los errores cometidos por la Argentina y como se deben corregir.
Creemos que el ejemplo de Australia, es la prueba demostrativa del error cometido y de la rectificación necesaria.
a) Para los industriales a partir de comprobar que la producción industrial en Australia es 266 % más importante que la argentina sin contar jamás con impuestos a las exportaciones agrarias ni con tipos de cambio menos favorables a su cargo o sobrevaluación monetaria.
b) Para los trabajadores para destacarles que el salario mínimo mensual hoy en Australia es igual $ 14.235, es decir casi cuatro veces superior al salario mínimo en la Argentina que es de $ 3.600. El desempleo se halla en Australia en el 5,8% es decir mucho más bajo que en la Argentina. Por su nivel de desigualdad Australia ocupa el lugar 28 entre 140 países, junto a Francia, con 0,30 en la escala de Gini y la Argentina ocupa el lugar 99 en esa tabla, con el 0,41 en la escala de Gini.
Es decir la clase trabajadora argentina ha perdido como ninguna otra que no hayamos seguido el ejemplo de Australia.
c) Para los contribuyentes en general la información relevante es que el gasto público en Australia, llega al 23% del ingreso contra casi el 47% en la Argentina, con una notable más calidad en la atención de la salud, de la educación, de la seguridad y de la defensa nacional.
Este ejemplo debe terminar con la tragedia argentina de no contar con un programa, para salir de su círculo vicioso y decadente. (1)
