viernes, 27 de diciembre de 2013

Economia

2014 será el año de la crisis

diciembre 27, 2013
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Mario Cadenas MadariagaEl talón de Aquiles es el déficit en el intercambio internacional.
Con 20.000 millones de dólares de reservas disponibles en el Banco Central -10.000 millones menos que las reservas brutas- y las únicas que la Argentina cuenta para atender sus obligaciones externas, no se puede superar el año 2014 sin afrontar una crisis.
En el primer semestre del 2014 se perderán más de 6.000 millones de dólares de esas reservas, porque esa es la cifra que se perdió el año pasado y ahora se cuenta con una perspectiva menos favorable por el descenso del precio de la soja y las menores importaciones de automotores de Brasil. En todo el año 2014 se perderán mas de 13.000 millones de dólares de reservas para terminar con alrededor de 7.000 millones de reservas disponibles.
Frente a esta situación el único proyecto que tiene el gobierno para enfrentarla es una devaluación acelerada, que en los últimos treinta días -según el ascenso de la cotización de $ 6.08 a $ 6.44 por dólar-, equivale a una anual del 71%.
Pero este proyecto no tiene lógica y además lleva insito un costo de divisas y de inflación que no se puede soportar. Es como correr tras el viento, pues cada devaluación impulsa la inflación, que hace insuficiente la devaluación anterior. El tratamiento correcto es devaluar y a partir de allí aplicar un plan antiinflacionario que tiene que compensar con crecimiento económico el mayor costo que representa la devaluación.
El gobierno se ilusiona quizás porque en los últimos 30 días bajó la diferencia entre el dólar paralelo y el oficial de 59 % a 50%. Pero ese cortísimo plazo no permite extraer conclusiones porque la inflación no tiene un crecimiento fijo mensual, sino que es una tendencia, que engaña si se mide en plazos cortos.
A mediados del 2014 el gobierno se enfrentará a la imposibilidad de pagar las obligaciones externas.
Primero se debe atacar el desequilibro de los precios internos y a partir de allí, la inflación y la desmonetización.
La economía argentina sufre varios vicios. Los que principalmente se perciben son los bajos ingresos y la inflación.
Los bajos ingresos se adjudican a la injusta distribución de la riqueza. La inflación a la marcación de los precios por los empresarios y al gobierno por la emisión monetaria y el gasto publico.
Frente a este cuadro de información pública, es lógico que la inflación tenga prioridad porque es la que reduciría el ingreso a los trabajadores, porque sus salarios son fijos mientras dura el convenio, y los precios se mueven al alza todos los días.
Sin embargo frente a la crisis, primero se debe arreglar el desequilibrio de los precios internos, teniendo en cuenta los niveles vigentes en las economías semejantes que funcionan correctamente, y simultáneamente atacar la inflación, con devaluación por una sola vez y limitada a lo estrictamente necesario, agregando la monetización de la economía, para producir aumento de la actividad económica y pleno.
A todos los políticos les resulta fácil hablar de la inflación, – sin planes para superarla – pero a nadie se les escucha expedirse sobre el equilibrio de los precios internos, porque nadie sabe como se aumentan los ingresos generales sobre la base de una economía competitiva y de igual tratamiento entre los sectores.
Los peronistas son los padres de la inflación en la Argentina y los radicales en el gobierno de Alfonsín llegaron la hiperinflación. Ambos han gobernado con fuertes discriminaciones contra las exportaciones agroindustriales.
En la actualidad el gobierno se orienta a combatir la inflación por el control de precios, pero no de los precios finales, sino controlando la renta de los diferentes sectores empresarios de la cadena de producción y distribución, partiendo de la creencia que los precios son excesivos por la superrentas de los sectores mas concentrados.
A ese instrumento el Ministerio de Economía agrega los créditos a las pymes, a tasas bajas para estimular la competencia en los sectores más concentrados.
Nada resolverá la economía argentina sino si no ataca las causas profundas de sus crisis reiteradas, que es su funcionamiento general sobre la eficiencia, la igualdad entre los sectores y la competencia.
La causa de la crisis en el fondo es la incultura de las clases populares y las clases dirigentes.
La regla esencial que fundamenta “La Riqueza de las Naciones” según Adam Smith es que estas se dediquen a producir los bienes y servicios en los que fueran más eficientes y es la que rige hasta hoy el intercambio internacional.
Esto no quiere decir que los países no pueden variar sus exportaciones, sino que previamente deben volverse suficientemente competitivos en los rubros que quieren exportar.
Hasta la fecha no hay ningún un sector más eficiente ni menos demandante de insumos importados que el sector agroindustrial, sin excluir a Vaca Muerta, por las inversiones y las tecnologías externas que demanda. No obstante lo cual se lo grava con impuestos a las exportaciones de hasta el 35% y se limitan comercialmente sus ventas al exterior. De una ceguera de esta magnitud no hay ejemplo en el mundo.
La Argentina a partir de la década del treinta, pero con mucho mayor intensidad después del final de la segunda guerra mundial, pretendió aumentar la producción industrial y las exportaciones de este origen, con el aumento protección aduanera -como lo hicieron todos los países- pero además gravó las exportaciones agrarias y agro industriales, para bajar sus precios internos y aumentar sus recursos fiscales, lo que fue un tratamiento sin precedente en los países bien administrados.
Es decir la Argentina con la aprobación de la mayoría populares y de sus dirigentes políticos y economistas creyeron que podía desarrollar el país, aumentando artificialmente el valor agregado nacional, y el empleo, pero produjeron el resultado inverso. Esta es una experiencia incontrastable.
El resultado fue que desde 1945 a la fecha hemos descendido nuestra participación en el comercio mundial del 2,8% al 0,4%. Y hemos sufrido ocho crisis graves por déficit en la balanza de pagos, y estamos en vísperas de sufrir la novena.
Con cada devaluación se arranca de nuevo, sin computar las empresas quebradas, la desocupación producida y los graves quebrantos en el bienestar de toda la población. Nunca se aprendió de estas reiteradas experiencias.
En cada caso la devaluación fue en general muy exagerada -del 400% en 1975 y en el 2002- que permitió seguir con los impuestos a las exportaciones o los tipos diferenciales de cambio, en la primera etapa de cada devaluación.
Actualmente nos encontramos en la misma situación, incluso con economistas como Lavagna y muchos otros, que sostienen que los impuestos a las exportaciones agrarias y agroindustriales, están totalmente justificados y deben continuar.
Así, por un lado con una influencia populista derivada de un viejo resentimiento contra la vieja clase terrateniente, que ya no existe y por el otro lado los errores de la clase política y del pensamiento económico, formados en un antiimperialismo infantil, la Argentina sufre el pecado de la incultura de sus clases populares y de sus clases dirigentes.
El pecado de la incultura se paga con la pobreza y se redime con el conocimiento
En el año 1929 la Argentina tenía un PBI por habitante de 4612 dólares y Australia el mismo año 5289 (Ver “Dos Siglos de Economía Argentina” Pags. 63 y 67 Orlando Ferreres). Pero por su mayor población la Argentina tenía un PBI global de 53.000 millones de dólares contra 33.000 millones de dólares de Australia.
En el año 2012 la Argentina tiene un PBI por habitante de 11.500 dólares y Australia tiene un PBI por habitante de 68.800 dólares. (FMI). Si guardáramos la relación que teníamos en 1929 la Argentina tendría hoy PBI de 60.000 dólares por habitante es decir un PBI de 2,4 billones de dólares, similar a la del Reino Unido y de Brasil, oscilando entre la sexta y la séptima potencia mundial. Seríamos por nuestro PBI global sensiblemente más importante que Australia que tiene actualmente un PBI global de 1,5 billones de dólares por su menor población que la Argentina.
Los dos países tenemos una similar estructura económica fundada inicialmente en el agro, nos hallamos en el hemisferio sur, nos separan grandes distancias de los centros tradicionales de la economía mundial, pero la Argentina tiene una producción mas diversificada y más importante en su sector primario.
Las diferencias a favor de Australia se han producido después de 1930, es decir desde que se siguieron diferentes políticas económicas entre los dos países.
Nosotros influidos por el populismo y sus líderes y doctrinarios económicos como Prebich y la CEPAL, a los cuales siguieron Aldo Ferrer, Krieger Vacena, Moyano Llerena, Marcelo Diamand, Gelbard y muchos otros), que se apartaron del neoliberalismo de posguerra, y creyeron como más inteligente la acción distribuidora del Estado. Se dice que Marcelo Diamand es reconocido por Axel Kicillof con uno de sus maestros.
Australia es el ejemplo demostrativo de los errores cometidos por la Argentina y como se deben corregir.
Creemos que el ejemplo de Australia, es la prueba demostrativa del error cometido y de la rectificación necesaria.
a) Para los industriales a partir de comprobar que la producción industrial en Australia es 266 % más importante que la argentina sin contar jamás con impuestos a las exportaciones agrarias ni con tipos de cambio menos favorables a su cargo o sobrevaluación monetaria.
b) Para los trabajadores para destacarles que el salario mínimo mensual hoy en Australia es igual $ 14.235, es decir casi cuatro veces superior al salario mínimo en la Argentina que es de $ 3.600. El desempleo se halla en Australia en el 5,8% es decir mucho más bajo que en la Argentina. Por su nivel de desigualdad Australia ocupa el lugar 28 entre 140 países, junto a Francia, con 0,30 en la escala de Gini y la Argentina ocupa el lugar 99 en esa tabla, con el 0,41 en la escala de Gini.
Es decir la clase trabajadora argentina ha perdido como ninguna otra que no hayamos seguido el ejemplo de Australia.
c) Para los contribuyentes en general la información relevante es que el gasto público en Australia, llega al 23% del ingreso contra casi el 47% en la Argentina, con una notable más calidad en la atención de la salud, de la educación, de la seguridad y de la defensa nacional.
Este ejemplo debe terminar con la tragedia argentina de no contar con un programa, para salir de su círculo vicioso y decadente. (1)

domingo, 22 de diciembre de 2013

Editorial

Federales y Unitarios en el siglo XXI

by Juan Llach on 19 diciembre, 2013
Juan J. Llach
Con la colaboración de Mauricio Grotz
El no haber puesto nunca en práctica el sistema federal establecido en nuestra Constitución desde 1853 ha tenido y tiene consecuencias muy negativas para la Argentina. Las tiene para la economía y para la sociedad, pero la principal es, sin dudas, la de haber deteriorado seriamente el funcionamiento de las otras dos dimensiones de nuestro sistema político, la representativa y la republicana. Esta es la principal conclusión que surge del trabajo de investigación publicado en estos días en el libro Federales y Unitarios en el siglo XXI (Buenos Aires: Temas, 2013). Se trata de una obra sobre la teoría y la práctica del federalismo, muy especialmente de sus aspectos fiscales, económicos y sociales, y su aplicación a la Argentina.
El capítulo I sirve de introducción y, mirando al mundo, pone en evidencia un generalizado renacer de lo local. Casi no hay país en el que los reclamos autonómicos regionales, provinciales o locales no se hagan oír cada vez con más fuerza e insistencia, en lo que parecería ser una tendencia irreversible, a veces, contrabalanceada por la formación de un gran bloque regional, como ha ocurrido destacadamente en Europa. En  ese marco, el libro pretende ser un primer paso de un proyecto más vasto sobre “poderes globales y poderes locales” –desarrollado en el GESE[1] del IAE, Universidad Austral- que busca realzar la relevancia no siempre reconocida de la dimensión territorial y de sus lazos con la cuestión tributaria a lo largo de la historia. El capítulo también muestra qué sabemos hasta ahora de cómo se organiza y cómo debería organizarse la dimensión fiscal de la descentralización y del federalismo.
Después de brindar un marco histórico del federalismo fiscal en la Argentina el capítulo II describe y analiza su anatomía. En marcado contraste con las lacrimosas declamaciones federalistas que atestiguamos a menudo, se muestra, con evidencia comparada, que nuestro régimen es uno de los menos federales del mundo, que esto se ha acentuado notoriamente en el siglo XXI y que sobre esa base se ha desarrollado una fuerte propensión, en parte tradicional en la Argentina, a construir un régimen hegemónico, con vocación de limitar fuertemente a los otros poderes del Estado, con marcadas inequidades entre provincias y regiones y con consecuencias económicas y sociales sumamente negativas. También se muestra en el capítulo que el centralismo fiscal está muy asociado a una inusitada magnitud de impuestos distorsivos, cercana al 8% del PIB si se incluye al impuesto inflacionario. En fin, también se muestra que la distorsión federal y la distorsión productiva tampoco puede justificarse en aras de la progresividad tributaria, porque también en este aspecto la Argentina muestra una bajísima participación de los impuestos a la renta y a la propiedad.
Si tantos costos políticos, sociales y económicos hubieran sido el precio de una menor desigualdad regional, tal vez se los podría mirar con cierta tolerancia. Pero en el capítulo III –elaborado por Mauricio Grotz- se narra y demuestra que a lo largo del período 1950-2010, que cubre sesenta de los setenta y ocho años de existencia de la coparticipación federal, ha sido escasísima la convergencia de los niveles de vida de las provincias y la ciudad de Buenos Aires. Si de veras se desea cumplir lo que manda la Constitución vigente, deberán cambiarse de modo sustancial muchas de las políticas públicas que rigen hoy.
El capítulo IV también mira al mundo, pero de un modo más específico, describiendo cómo han hecho otros países federales –Alemania, Australia, Brasil, Canadá y España¬ para desarrollar instituciones capaces de “domar” los rebeldes problemas típicos de los regímenes federales, tales como el grado de descentralización de las funciones del Estado, la crucial distribución de las potestades tributarias entre niveles de gobierno, el resultado de ambas en cuanto a la coherencia fiscal y la capacidad de financiamiento propio de los gobiernos subnacionales, los impactos sobre los incentivos para recaudar y gastar lo necesario, la coordinación entre los distintos niveles de gobierno y la evolución de las disparidades regionales. La excursión no es muy alentadora porque muestra que en todos esos casos el desarrollo institucional federal aventaja al de la Argentina.
En el capítulo V ‒y último‒ se presentan diversas políticas para responder a los grandes desafíos que plantea nuestro maltratado federalismo. Luego de revisar a grandes rasgos las propuestas conservadoras o reformistas de otros autores, se ofrece un menú propio de alternativas. Todos sabemos que se trata de una cuestión compleja, como que ha llevado entre muchos otros problemas a diecisiete años de incumplimiento de la Constitución, cuya reforma en 1994 mandaba haber votado para 1996 una Ley de Coparticipación Federal. Dada esta complejidad se proponen diversos caminos con grados diversos de dificultad política. Partimos de los más básicos, que pasan por devolver a las provincias recursos coparticipables cuya sustracción ya no se justifica, como la no coparticipación del Impuesto a los Créditos y Débitos Bancarios o el 15% de la masa coparticipable destinada al sistema de seguridad social para compensar la creación del hoy inexistente régimen de fondos de pensión. Incorporamos luego una alternativa centrada en la creación de un Fondo de Desarrollo Humano, con un componente de Educación y otro de Convergencia, que apunta expresa y específicamente al “logro de un grado equivalente de desarrollo, calidad de vida e igualdad de oportunidades en todo el territorio nacional” (artículo 75, inciso 2 de la Constitución). La creación de este Fondo podría y debería ponerse en práctica cuanto antes, con o sin reforma de la coparticipación federal, entre otras cosas por la inexplicable finalización sin prórroga de la Ley de Financiamiento Educativo, por los niveles de pobreza estructural que se hacen crónicos y por las incesantes migraciones a las grandes megalópolis, en especial las de Buenos Aires y Rosario, en las que se agravan los flagelos para los jóvenes que no estudian ni trabajan mientras aumentan dramáticamente el narcotráfico y la inseguridad que castiga duramente a los más pobres.
Como tercera alternativa proponemos un cambio más profundo consistente en la devolución de potestades tributarias a las provincias y a los municipios, a nuestro juicio esencial para constituir un sistema federal en serio, para evitar la reproducción de los regímenes de gobierno centralistas y hegemónicos y para dar rienda suelta al desarrollo de todo el país en el marco de las grandes oportunidades que hoy nos ofrece el mundo. Se trata de una alternativa difícil de llevar a la práctica porque desata el temor a lo desconocido y también el abandono de la zona de confort con lo habitual. Pero no es imposible si los líderes de varias provincias argentinas advierten que, sólo con un sistema de este tipo, ellas podrán alcanzar un genuino desarrollo humano y se deciden a actuar en consecuencia liderando el cambio. Para mostrar cabalmente el potencial de esta propuesta de devolución del poder, desplegamos una agenda del desarrollo integrado, sostenible y abierto al mundo que nuestro país necesita. Aspiramos a que este tipo de planteos ayude a instalar siquiera un poco el debate tan escaso sobre las perspectivas de mediano y largo plazo de la Argentina.
Agradecimientos. Muchas de las reflexiones que presenta el libro surgieron y se desarrollaron en los dieciséis años de seminarios de federalismo fiscal, iniciados por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de La Plata y al que luego se fueron agregando como organizadores el GESE (Centro de Estudios de Gobierno, Empresa, Sociedad y Economía) del IAE-Universidad Austral, el CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento), la Universidad Torcuato Di Tella, la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba y el Instituto de Federalismo de la Academia Nacional de Derecho de Córdoba. Especialmente fecundas han sido para mí las interacciones organizativas y académicas compartidas con Alberto Porto, Atilio Elizagaray, Horacio Piffano, Miguel Braun, Luciana Díaz Frers, Nadín Argañaraz, Ernesto Rezk, Carlos Gervasoni, Antonio Hernández y muchos otros colegas. Especiales aportes he recibido también de los debates con mi hijo Lucas Llach, muy sensible a este tema y autor de una tesis para la Universidad de Harvard, ya casi un clásico, sobre la historia del federalismo argentino. En la elaboración del libro tuvieron destacada intervención Mauricio Grotz, en la práctica un coautor del que mucho me beneficié en la tarea común, y María Marcela Harriague, con quien hemos publicado ya otros tres trabajos en los últimos doce años sobre esta misma cuestión. Eduardo Fracchia, Martín López Amorós y María Minatta colaboraron decisivamente para que el capítulo IV pudiera ver la luz. El libro tampoco habría sido posible sin el apoyo financiero del Programa PICTO-Universidad Austral, surgido de una iniciativa conjunta de dicha universidad y del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Argentina a través de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica. Demás está subrayar mi agradecimiento al IAE de la Universidad Austral, institución en la que desde hace trece años he podido desarrollar con absoluta libertad y en un clima estimulante cuantas tareas de investigación me propuse.

Realidad Social

Un país gobernado por el capricho

Opinión
                                  

Los actos de autoridad, muchas veces confundidos con simples caprichos, deben reemplazar a las dos columnas del poder kirchnerista que ya no existen: la fuerza electoral y la abundancia de dinero. En apenas un mes, la Presidenta ha sufrido la caída más profunda en las encuestas de toda su historia en el gobierno. Llegó antes a niveles más bajos, pero nunca el derrumbe fue tan rápido.

Distintas mediciones indican que cayó unos diez puntos entre su reincorporación a la actividad después de la enfermedad, en los primeros días de noviembre, y la primera semana de diciembre. Casi todas los sondeos se estaban haciendo en los días de saqueos y sublevaciones. Es posible que esos escándalos de sangre y violencia no hayan estado todavía en la conciencia colectiva. No estaban, desde ya, los posteriores estragos del calor y la falta de energía, que condenó a miles de argentinos a vivir sin luz.
Nadie puede explicar el colapso argentino de ahora. Al Estado argentino ingresaron en los diez años que gobernó un Kirchner más de 900.000 millones de dólares, según un estudio del economista Carlos Melconian. ¿Qué se hizo con semejante cantidad de dinero? Suena patético que el Estado amenace a las empresas eléctricas con estatizar el servicio cuando manejó tan mal sus propios recursos. Es el mismo Estado que congeló durante una década todas las tarifas de servicios públicos. El populismo hipoteca hasta el futuro de sus propios arquitectos. Jorge Capitanich había comenzado por reconocer la crisis energética y propuso un sistema de cortes programados de energía. No era una solución ideal, pero no había otra mejor.
Cristina Kirchner levantó el teléfono y ordenó a Julio De Vido que desmintiera a Capitanich. Ni siquiera le dio la oportunidad de que se rectificara él mismo. Lo desmintió un ministro, que tiene rango inferior al de jefe de Gabinete. Se necesita carecer de estómago para tolerar la crueldad política del kirchnerismo. El Gobierno, instruyó la Presidenta, debía recuperar la línea histórica: la culpa de los cortes es de las empresas eléctricas y no se deben tomar medidas parecidas a los cortes programados del gobierno de Raúl Alfonsín. Capitanich hizo luego una autocrítica pública, como en el viejo sistema soviético.
El Gobierno destina anualmente 210.000 millones de pesos a subsidios. De ese monumental monto, 140.000 millones son subsidios económicos. Los subsidios sociales alcanzan nada más que los 70.000 millones y la Asignación Universal por Hijo, con la que el gobierno pavonea su sensibilidad social, requiere sólo de 15.000 millones de pesos. Esa famosa conquista social significa menos del 7 por ciento del total de los subsidios que financia el Estado. En 2004 no había subsidios económicos. En 2011, poco antes de Cristina Kirchner anunciara un plan de sinceramiento tarifario (que nunca se hizo), los subsidios económicos eran de 85.000 millones de pesos. Dos años después, se gastan 65.000 millones más.
¿Hay, acaso, un país mejor después de semejante derroche? No. En un largo análisis de la economía en los 30 años de democracia, el ex ministro Jorge Remes Lenicov señala que la pobreza ronda ahora el 25% de la población (aunque podría ser mayor); que el 50% de los argentinos no tiene cloacas; que dos millones y medio de personas viven hacinadas en villas miserias, y que seis millones necesitan de programas sociales para llegar a fin de mes. Entre tanto, el país kirchnerista liquidó el stock ganadero y el energético, y vio evaporarse las reservas de dólares. La inflación se comió, como señaló hace poco el vocero de la Conferencia Episcopal Argentina, hasta el valor de los planes sociales.
La vida no es un paraíso para los sectores sociales con mejores ingresos. Los teléfonos celulares funcionan mal; la energía, sea la electricidad o el gas, escasean cuando se la necesita y colapsó, entre la corrupción y la ineficiencia, el transporte público. El desplazamiento por la ciudad o por las autopistas cercanas a ella es una visita cotidiana al infierno para los argentinos que viven en la metrópolis argentina.
El Gobierno dejó trascender, otra vez, que comenzaría un proceso de aumentos en las tarifas públicas. Fue antes de los saqueos y las rebeliones policiales. Después calló, tal vez para siempre. Cristina Kirchner no quiere hacer eso cuando ella también sabe que se desplomó en las encuestas. Para peor, le están golpeando las puertas todos los gremios, hasta los amigos, para pedirle aumentos salariales parecidos a los que recibieron las fuerzas de seguridad.
El programa para elaborar un amplio compromiso sobre precios y salarios, explicado por Capitanich cuando asumió, se redujo a un acuerdo "voluntario" de precios máximos. Capitanich viró de cierto pragmatismo ortodoxo a una mezcla intelectual (para llamarla de algún modo) entre Guillermo Moreno y La Cámpora. Los ejecutivos de los supermercados firmaron el acuerdo cercados por jóvenes de La Cámpora, que les advirtieron que harán un "control popular" de su cumplimiento. Las cosas se parecían ya más a la extravagante ferocidad de Corea del Norte que a los soviéticos. Es la única receta que hay para enfrentar la devastadora inflación de las últimas semanas. El dinero ya no es lo que era para nadie.
Cristina sólo aceptó una devaluación gradual del dólar. Ese tema la saca de quicio. Cree que le están torciendo el brazo. Pero le dijeron que es la única manera que queda de licuar el déficit fiscal y de frenar la fuga de dólares. Aceptó de malas ganas. Mientras no haya un horizonte claro sobre el valor del dólar y una decidida política fiscal para reducir el gasto, y una política monetaria para limitar la emisión, cualquier precio del dólar en el mercado paralelo resultará barato.
La sociedad está tensa, expectante. "En el conurbano las cosas parecen bajo control, pero todo depende de un fósforo mal prendido y de cinco minutos. El incendio podría ser enorme", dijo un intendente del corazón del conurbano. Ninguna sociedad puede vivir mucho tiempo con expectativas tan cortas, cuando el futuro se reduce al próximo corte de luz o a los saqueos. Esa falta de un destino más largo que los próximos días o semanas golpea a todo el cuerpo social, incluidos los sectores más pobres. Éstos necesitan también saber algo más del porvenir que la seguridad de la asistencia económica.
El problema de Cristina Kirchner consiste en convertir sus deseos, sus ganas o sus caprichos en una política de Estado. El caso de César Milani, un general cuestionado por su pasado durante la dictadura y durante la democracia, la despojó definitivamente de su discurso sobre los derechos humanos. Milani no tiene ningún mérito para estar donde está, salvo su hábil manejo de la información reservada sobre las personas y las cosas. Pero, ¿es ésa la tarea que la democracia le pide al jefe del Ejército? La aparición de militares oficialistas y opositores es una involución de la política, que termina aterrizando cerca de la experiencia del único gobierno civil de la década del 70.
El caso que eyectó al fiscal José María Campagnoli (probablemente pasará lo mismo con Guillermo Marijuan) convirtió en papel quemado sus discursos sobre "justicia legítima" o "democratización de la Justicia". Ya ni siquiera la batalla es ideológica o cultural. La cruzada reside en atrincherarse en la incansable copia de la experiencia de Santa Cruz, donde hicieron de la Justicia una unidad básica kirchnerista y erigieron el temor como la principal herramienta política. Esas cosas sirven para muy poco cuando los días de popularidad, victorias y dinero pertenecen al pasado, cuando todo eso ya ha sido.

Economia y Tecnología

La innovación define el horizonte de EE.UU.


Por Jorge Castro                

La economía norteamericana creció 3,6% en el tercer trimestre del año, tras haberse expandido 2,5% en el segundo. Crece así en los niveles de expansión de su tasa potencial de largo plazo (3% anual) y ha dejado atrás la crisis de 2008/9 y el período de bajo crecimiento que la continuó por 3 años y medio.
La expansión es encabezada por la industria manufacturera, que en noviembre alcanzó a 57,3 del índice ISM, dos puntos más que en julio (55,4), lo que asegura que se podrá alcanzar el récord histórico de la actividad a fin de año.
El auge manufacturero es consecuencia de uno de los más grandes giros tecnológicos de la historia de EE.UU., que ha desatado un boom de productividad en el sector (+34% desde 2007), con una caída en la estructura de costos superior a 10%.
EE.UU. experimenta algo más que una fase de expansión de la industria manufacturera. Lo que sucede es una “nueva revolución industrial”, caracterizada por la completa digitalización de la producción y la distribución, con la creación de nichos especializados de alcance global.
El sustento de esta transformación de la industria es una segunda revolución tecnológica, que es la explosión del shale gas y shale oil. La producción ha aumentado 45% este año y el precio del gas ha caído 30% en este período. De ahí que los costos de la producción industrial hayan disminuido un porcentaje similar (20% / 30%).
Lo propio de la acumulación estadounidense es que el incremento de la productividad no es obra de un aumento correlativo de la tasa de inversión. Al contrario, la relación fondos disponibles / inversión en capital fijo de las 500 principales empresas norteamericanas es la más baja desde 1935.
El alza de la productividad en EE.UU. es pura innovación.
Esta es la paradoja estadounidense, reveladora del carácter crítico, desequilibrado e inestable del sistema capitalista. El proceso de ahorro / inversión / ampliación productiva (acumulación) del capitalismo es la cuadratura del círculo. En estas condiciones, lo asombroso es que se pueda pensar que EE.UU. ha ingresado en una etapa de “estancamiento secular”, debido al agotamiento de su capacidad de innovación.
La economía norteamericana es la frontera del capitalismo global.
Y lo que sucede fuera de EE.UU. en materia de innovación y crecimiento es lo siguiente: el producto chino se ha multiplicado 25,59 veces entre 1950 y 1999, y a partir de 2000 ha aumentado 3 veces más. Corea del Sur se ha expandido 38,93 veces y Taiwán 46,84 veces. La OCDE calcula que China y los países del sudeste asiático sumados tendrán en 2030 un PBI mayor a la combinación de EE.UU. y Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y España.
El estado de la investigación científica y tecnológica en EE.UU. adelanta lo que viene. El descubrimiento de la secuencia del genoma (DNA) y la creación de células vivas han revolucionado la microbiología celular y la ingeniería genética, transformadas en la punta de lanza de la bioeconomía, que es la avanzada productiva de la innovación química, bioquímica y energética, y equivale por su envergadura a una nueva revolución industrial.
EE.UU. y China pujan por el dominio de las supercomputadora s, dotadas de una capacidad de procesamiento de información capaces de descubrir lo nuevo en todas las franjas del conocimiento.
Nunca ha sido más fácil, rápida y prácticamente gratis la tarea de la investigación. Se ha ampliado como nunca el campo de lo posible. La innovación tecnológica crea en el capitalismo las oportunidades de inversión y desata el proceso de formación de capital. Esto es lo que sucede hoy en EE.UU. y en la economía mundial, sobre todo en China / Asia, nuevo eje de la acumulación global.
Advertir esta tendencia clave es cuestión de lucidez, no de optimismo. Un pesimista es hoy alguien insuficientemente informado.

Economía

Relato económico

El silencio presidencial expone la pobreza argumental de funcionarios, después de una década de gestión.                                                                     

                                     
EL PODER DE AXEL Axel Kicillof | Foto: PABLO TEMES
Spor transición, malventura, incompetencia o disociaciones, nunca el kirchnerismo como ahora tropezó con tantos problemas de identidad. La Presidenta, inclusive, parece otra. Quizás porque se niega al don de la palabra en público, aquella condición que, además de hacerla famosa en el Senado, luego caracterizó su doble mandato. Y si por momentos en el pasado se volvió innecesaria tamaña apelación a su destreza oral –tanta persistencia hasta provocó deserción en quienes la escuchaban–, ahora el voto de silencio se vuelve casi sospechoso. Como si no tuviera mucho por decir, por explicar, como si Ella misma estuviese atragantada con los cambios que impuso y alimentara un Vesubio interior. Como si determinados acontecimientos penosos le amargaran las Fiestas justo cuando disipaba temores sobre su salud personal. Llegó el pésame junto con la Gracia, difícil convivencia.
La identidad también son las formas, sea en los políticos o en las estrellas. Charles de Gaulle nunca dejó de ser De Gaulle por el retiro elegido en Colombey des Eglises, ni Greta Garbo “la Garbo” por escapar de la luz o la pantalla. Incomparables ejemplos, quizás, porque unos se exilaron en vida y Cristina sólo eligió una pausa discreta hasta que el calor se repliegue. Pero todos dejaron de ser lo que habían sido. Aunque, obvio, las cuestiones identificatorias se observan con más nitidez en la sustancia, sobre todo en un Gobierno cuyos integrantes retozaban alegres, distraídos, confiados en que la hada madrina los exculpaba y protegía de cualquier sandez. Pero al quedar Ella desguarnecida, a los otros les cuesta vivir en la intemperie: son muchos años de buena vida, revolucionarios declarados que se volvieron gordos.
Quienes se fueron (o fueron echados) protestan. No esconden las palabras, se molestan con los sucesores. Hace un año, Juan Manuel Abal Medina –con escaramuzas en las calles pero sin víctimas– sostenía que “la Argentina nunca estuvo mejor”. ¿Ahora se perdió esa espléndida condición por el advenimiento de Jorge Capitanich en su lugar de jefe de Gabinete?. Desde su ostracismo barrial, a su vez, Guillermo Moreno despotrica con la sucesión económica sin mencionar a la mandataria que la produjo, se detiene en funcionarios apartados (particular inquina le profesa a Mercedes Marcó del Pont) o en aquellos que supieron aguardar para reemplazarlo en el corazón de la viuda, como Axel Kicillof. Más vocifera, claro, contra los “poderes concentrados” (el sistema financiero, entre otros) al cual le atribuyó intencionalidad manifiesta para removerlo y, ahora, le atribuye el mismo empeño para colaborar con Kicillof y, en particular, con el titular del Banco Central, Juan Carlos Fábrega. Al hombre del BCRA no lo ruboriza esa imputación, mientras que el silencioso ministro se desentiende de agravios o elogios –finalmente, también él fue parte principal de lo que pasó–, si todo va mejor, tomemos Coca Cola. Por lo tanto, ya no se trata de negar los pagos y pagar, de exigir cobrar cuando en realidad se va a pagar, sino también de subir las tasas en parte como sugiere la ortodoxia o devaluar aceleradamente porque a paso lento los antropófagos te alcanzan.
A quienes hasta hace un mes se acusaba de traidores (industriales, campo) por presuntos inspiradores de la devaluación, en pocos días serán de nuevo reservorio de la República: la identidad, en ocasiones, cambia con el tipo de cambio. Por no hablar de conceder precios a las empresas, reconocer entonces la inflación desatada, y castigar inevitablemente los salarios formales porque son los más altos de la región y en la Argentina se produce con menor eficacia que otros países de la zona. Una canción inextinguible y tal vez cierta. Si hasta se le puede reconocer al dólar lo que es del dólar, su valor, lo que podría facilitar por ejemplo a que Vale Do Rio Doce vuelva al país –en rigor ya hay un equipo brasileño trabajando en ese sentido en Buenos Aires– y rehabilite su formidable proyecto para explotar potasio. Es decir, que entre dólares y pueda sacar dólares.
Cuesta, por lo tanto, hilvanar el “relato” económico, no hay usina intelectual que lo justifique después de 10 años y sin reconocer un fracaso. Ni un amanuense voluntario para estos menesteres de la pluma. Aun para una esgrimista como la Presidenta, para colmo asediada por herencias personales que tal vez no hubiera deseado pero que jamás rechazó. Está como algún empresario que rodeó a su difunto marido u otro de la celosa inmediatez de Mauricio Macri, ambos distinguidos por un destino común: crecieron junto a ellos, son poderosos, inalcanzables, pero tienen múltiples intervenciones en el corazón. Como se sabe, vale un Perú la libra de carne. En el caso de Ella, y más allá de lo que luego pueda determinar la Justicia –jamás aceptada como ejemplo de Derecho, cualquiera sea el veredicto–, las desprolijidades del empresario Lázaro Báez en su relación con la familia iluminadas por el periodista Hugo Alconada Mon han logrado perforar cierta integridad presidencial, al extremo de generar comunicados insalvables aun en el inminente Día de los Inocentes.
Por si no alcanzara este clima agobiante, otros que prometen partir del Gobierno sin desearlo generaron un alud de razonables observaciones por el forzado ascenso del general Milani, quien debía imaginarse a salvo de cualquier embestida por haber atravesado tres veces las instancias del Senado (y las complicidades consecuentes). Como si alcanzar las palmas fuera lo mismo que pilotear todo el Ejército, como si en todo este período –además de tutearse con Cristina y ser recibido en su círculo como nadie antes– no hubiera exhibido una habilidad poco castrense para navegar en la suma del poder. De ahí, quizás, el silencio hospital

sábado, 21 de diciembre de 2013

El Fin del Ciclo?

El desastre oculto a la vista de todos

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La mayoría de los informes que leemos muestran que la economía mejora: que el desempleo baja y el PBI va en aumento. A su vez, reflejan que Estados Unidos, en comparación con Europa, es una central poderosa de crecimiento e innovación. En comparación con los mercados emergentes, Estados Unidos se ve como un modelo de estabilidad y confianza.
¿Cuánto amor le tienen los inversores a Estados Unidos? Veamos:
En Estados Unidos, el PBI per cápita se encuentra un 7% por encima de la cifra del año 2007. Entre las economías desarrolladas del mundo, sólo Alemania puede presumir de un número parecido. Todos los demás se están quedando atrás.
El déficit de Estados Unidos está disminuyendo. Hoy en día representa el 3% del PBI y ya no ahuyenta a los inversores, sino que los atrae. No hay ninguna razón para tenerle miedo a la deuda pública que acumula el país.
Los índices de desempleo también están bajando. Sí, ahora son menos de 7 de cada 100 personas las que no tienen trabajo. ¿No dijo Ben Bernanke que endurecería las medidas cuando el índice alcanzara ese nivel?
Y mire los precios. La inflación de precios al consumidor en Estados Unidos registra tan sólo un 1,8%. Nada de qué preocuparse.
Pero espere. ¿Y si todo esto fuera un delirio, estadísticas fraudulentas o mentiras? ¿Qué pasaría si las verdaderas medidas de la economía fueran débiles y decepcionantes? ¿Qué pasaría si la economía de Estados Unidos se tropezara y empezara a tambalearse?
Bueno, querido lector, seguramente espera que le digamos que la economía de Estados Unidos es un desastre oculto y no lo vamos a defraudar.
¿PBI? Carmen Reinhart estudió el desempeño de las economías más ricas tras una crisis financiera. Su escrito, titulado “After the Fall” (Después de la Caída), mostró que seis años después de una crisis, el PBI per cápita era generalmente de 1,5 puntos porcentuales menos que en los años previos a la crisis. En los Estados Unidos, sin embargo, el crecimiento es 2,1% menos, es decir, mucho peor que el promedio.
¿Los déficits? Las tasas de interés súper bajas han ayudado a los deudores de todas partes.
¿Cómo lo hicieron? En gran parte, aprovechando el programa de supresión de las tasas de interés de la Reserva Federal. Pero bueno, el gobierno de Estados Unidos es el deudor más grande del mundo y es el principal beneficiario de las tasas bajas. Es por eso que los déficits están bajos. Deje que las tasas retornen al nivel “normal” de 5% y veremos cómo los déficits se disparan de nuevo.
Además, no es el déficit per se lo que cuenta. Es el total de la deuda y, en particular, la deuda financiada con el dinero fácil de la Reserva Federal. Sólo dos veces en la historia del país la proporción de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a manos de la Reserva Federal ha sido de más del 10%: una vez en 1944 y de nuevo en la actualidad. La primera vez, fue por una emergencia durante la Segunda Guerra Mundial. Hoy, los funcionarios del Gobierno simplemente luchan para proteger una burbuja de crédito.
¿La inflación? Sí, las tasas de inflación son bajas. Pero lo que muestran es que la demanda real se encuentra todavía desapalancada. ¿El desempleo? La tasa ha sido manipulada mediante la eliminación de trabajadores del total. Hoy ese número es más pequeño -como porcentaje de ese total- desde 1978. Además, lo importante no es el indicador en sí mismo, sino lo que la gente obtiene de su empleo. En ese sentido, se trata de una catástrofe.
Según un estudio de la Institución Brookings, el promedio de los hombres en edad laboral gana un 19% menos en términos reales hoy que durante el Gobierno de Carter.
¿Qué tipo de economía es una que reduce el salario de un hombre durante un período de 43 años? No lo sabemos. Pero no es probable que gane ningún premio.
Pero ¿por qué con tantos ataques en su contra la economía de Estados Unidos todavía tiene el bate en sus manos? Esto se debe a que el Gobierno han inflado los beneficios empresariales y los precios de los activos tanto que hicieron que los promedios se vean bastante bien, enmascarando la fealdad por debajo de ellos.
El PBI per cápita, por ejemplo, puede ser de hasta el 7%. Pero la producción adicional no se distribuyó en toda la economía. Los ricos se hicieron más ricos con el dinero fácil de la Reserva Federal, mientras que el ‘cápita’ promedio es en realidad más pobre.
El 90% de la población –las personas en 9 casas de cada 10- recibe un 10% menos de ingresos que los que percibía hace diez años.
Ésta no es una historia de éxito.
Saludos,
Bill Bonner.
Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos

lunes, 16 de diciembre de 2013

Economia

Sueldos y costo de vida

 — Jorge Avila @
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El diario La Nación publicó hoy un artículo sobre la evolución del costo de mirar por TV el campeonato mundial de fútbol con amigos. Se refiere, por cierto, al costo de la comida y la bebida que se consume con amigos durante los partidos del mundial. De paso, publica también, como infografía, un recuadro con el salario privado promedio de junio de 2002 (Mundial de Japón-Corea), junio de 2006 (Mundial de Alemania), junio de 2010 (Mundial de Sudáfrica) y octubre de 2013.
Lo que más me llama la atención del artículo son los datos de la infografía. Note que el salario privado promedio pasó de $914 en junio de 2002 (nivel similar al de diciembre de 2001, cuando se abandonó la Convertibilidad) a $8791 en octubre de 2013. Esto significa que el salario promedio que paga el sector privado se multiplicó por un factor de 9.64; en otros palabras, implica que el salario privado aumentó en igual medida que el dólar paralelo en los últimos doce años. Algo notable.
No es notable desde el punto de económico. Dicho comportamiento está explicado básicamente por el principio de paridad del poder adquisitivo, y por un aumento de la productividad laboral imputable a la fuerte suba de los términos de intercambio y el gasto público. En rigor, la evolución del salario privado me toma por sorpresa por la falta de información estadística confiable. Desde enero de 2007, cuando se intervino el INDEC, reina la especulación. Los niveles de importantes variables (tipo real de cambio, salario real o pobreza) se estiman con mayor o menor ciencia, a ojo de buen cubero.
Lo cierto es que el salario privado promedio ha aumentado algo más que el costo de vida y lo mismo que el dólar paralelo. Si el promedio se multiplicó por casi 10, hay salarios que se habrían multiplicado por 15 (camioneros, empleados del subte, empleados en la industria protegida por aranceles y bloqueos de importación) y salarios que se habrían multiplicado por 5 (profesores de universidades privadas, médicos en consulta privada, peluqueros). ¿Cómo le fue a Ud. y en qué sector trabaja? Está demás aclarar que todo comentario viene con nombre de fantasía y que el objeto del pedido es darnos un panorama más amplio al respecto.

Historia

El Imperio Otomano
Tras las invasiones mongoles, Anatolia (actual Turquía) había quedado dividida en numerosos principados. Desde uno de ellos, el de los Otomanos (llamado así por su fundador Othman u Osman) surgirá uno de los imperios más notables de la historia, que pondrá fin a la cultura bizantina tomando Constantinopla en 1453.
¿Cómo era su organización social?
Los súbditos estaban divididos en dos órdenes: los askeri y los reaya. Los primeros participaban del gobierno, del ejército y del sacerdocio; los reaya se dedicaban a las tareas productivas, eran los campesinos, artesanos y comerciantes, y representaban la mayor parte de la población. A través del sistema llamado timar, los askeri eran autorizados a percibir los impuestos pagados por los reaya en uno o más distritos del imperio.
¿Cómo era su organización política?
El palacio imperial se componía de dos partes: una interna, que era la residencia particular del sultán (máxima autoridad política, especie de rey), y otra externa que era la sede del gobierno central. El gran visir (una especie de primer ministro) y sus colaboradores ejercían allí sus funciones administrativas y también allí se realizaban las sesiones del diván, consejo imperial presidido por el gran visir, delegado personal del soberano. Generalmente el cargo de gran visir lo ejercía el hijo mayor del sultán.
La administración territorial
Debido a la extensión del imperio, en el siglo XIV se impuso la formación de provincias, regidas por gobernadores llamados pachás, delegados del poder central que eran a su vez jefes militares.
Un ejército poderoso
El Imperio Otomano tenía un poderoso ejército permanente compuesto por centenares de unidades de infantería y caballería que estaban bajo las órdenes directas del sultán. Desde el 1400 los turcos reclutaron a artesanos húngaros y germanos expertos en la fundición y construcción de cañones. A partir de entonces la artillería jugó un papel decisivo haciendo aun más temibles a las fuerzas otomanas.
La economía
El poder del Imperio se basaba también en una sólida prosperidad económica. Cada año los turcos organizaban imponentes caravanas que transportaban desde La Meca especias de la India, seda, pedrerías y perlas de Persia. El imperio fue hasta 1453 el principal proveedor de Occidente de productos elaborados y materias primas, como alumbre, maderas, especias, alquitrán, fruta, seda, tapices, vajilla de cobre y algodón. Junto con el comercio, la actividad agrícola y la pesca eran muy importantes.
La religión
El sultán controlaba todas las formas de la vida religiosa islámica, y llegó a imponer una especie de Iglesia del Estado. En todas partes se construyeron mezquitas y madrazas, escuelas de religión para la formación de sacerdotes. Las distintas tendencias del Islam, hasta entonces enfrentadas, fueron reunificadas para un mejor servicio del sultán y de la Guerra Santa (Yihad).
Un avance imparable
A principios del siglo XIV los otomanos comenzaron su oleada de conquistas tomando zonas vitales del imperio Bizantino como Nicea y Brusa, plazas estratégicas y encrucijadas comerciales entre Oriente y Occidente. En Brusa instalaron su capital en 1326 y desde allí avanzaron hacia el Oriente

Historia

La Generación del 80
Autor: Felipe Pigna
La clase dirigente que acompaña el proceso de modernización en el que el progreso económico y la organización política provocan el surgimiento de una nueva sociedad, es la denominada Generación del ’80. En ella se destacan personalidades de distinta edad y formación como Paul Groussac, Miguel Cané, Eduardo Wilde, Carlos Pellegrini, Luis Saenz Peña y Joaquín V. González.
La idea de progreso en el campo social junto a la fe en los avances del capitalismo industrial generan una visión optimista del futuro humano.
Esta visión, propia del positivismo requiere para su realización eliminar los obstáculos que, para los hombres del ’80, son principalmente la tradición tanto indígena como hispánica y la falta de educación al estilo europeo.
La Argentina se integra a la economía europea y al mercado mundial como compradora de manufacturas y proveedora de materias primas. Aunque las vacas son más pesadas, la balanza comercial siempre nos será desfavorable.
Los hombres de esta generación se caracterizaron por heredar y compartir muchos de los pensamientos y aspiraciones de la generación del 37, como el de que sólo la clase letrada es la poseedora del derecho a conducir el país y la adhesión al pensamiento liberal. El liberalismo sostuvo la fe en el progreso y la creencia en que el desarrollo económico sólo se alcanzaría mediante el juego libre de las fuerzas comerciales y con gobiernos limitados a respetar la libertad individual.
Fueron discípulos del pensamiento de Juan Bautista Alberdi y Herbert Spencer. Para Juan B. Alberdi (1818-84), consolidada definitivamente la unidad del país, había que "civilizarlo", y los dos pilares básicos del desarrollo eran para éste y sus discípulos ideológicos, la mano de obra y el capital extranjero. Los hombres del 80, esencialmente políticos y no teóricos, hicieron suyos estos postulados que, prácticamente eran los que habían dominado los últimos veinte años.
Herbert Spencer (1820-1903) fue un notable teórico social británico que intentó aplicar las leyes evolutivas de la biología al estudio de la sociedad. Influido por Charles Darwin (1809-82), también tomó de este el principio de la supervivencia del más apto.
El grupo dirigente del ’80 adhiere al liberalismo económico pero practica un claro conservadurismo político reservándose el manejo de los mecanismos del poder al considerarse los únicos aptos para detentarlo.
El uso del fraude electoral es moneda corriente y está facilitado por el sistema de voto cantado, la inexistencia de padrones oficiales y el ejercicio de la intimidación y la violencia.
Esto alejaba a la gente común de la política a la que ve como una farsa, sin partidos que la representen y sin posibilidades de expresar libremente su opinión.
El proceso de la Constitución de una hegemonía Gubernamental, basada en el control de la sucesión que el presidente saliente ejercía sobre el presidente que lo iba a suceder, sobre mecanismo de fraude y control electoral aplicados lisa y llanamente en la emisión del sufragio y sobre todo, por el control que el gobierno nacional ejercía sobre las provincias y los gobernadores de provincia. Es el Senado de la nación el que va a recibir a los gobernadores salientes que a su vez cuidan la sucesión y que a su vez controlan el sistema junto con los presidentes.
Todas estas prácticas antidemocráticas y excluyentes son comunes a las diversas vertientes políticas que se alternan en el poder.
Persiste aún hoy el debate sobre la identidad ideológica de estos grupos ¿eran liberales o conservadores?
En Argentina los partidos políticos o grupos políticos y sus títulos son un poco confusos en términos de la historia europea. Se usa el término liberal y conservador, por ejemplo en la historia inglesa para designar partidos claros. En Argentina esa diferencia no existe porque normalmente el liberal es lo que entendemos ahora por conservador.
Gobernaba un solo bloque y dentro de ese bloque convivía el temperamento conservador, si por temperamento conservador se entiende conservar las posiciones de poder adquiridas, con el temperamento liberal, si por temperamento liberal se entiende la apertura a un horizonte de reformas que en aquella época era muy importante.
El positivismo representò la vanguardia ideológica de una burguesía identificada con el avance sostenido de la ciencia y de la técnica, como forma de desarrollar las fuerzas productivas y de terminar con las secuelas de la "barbarie" tanto en el orden material como el cultural. La "utopía" positivista apuntaba a configurar sociedades previsibles en las cuales los individuos estuvieran absolutamente absorbidos por el poder.
De esa preferencia por lo previsible, tomaba fuerza la idea de suprimir la "política", identificada con el caudillismo, la confrontación violenta y en general la aparición de tendencias orientadas a suplantar al sector que ejercía el poder. Se pensaba en su reemplazo por la "administración", una actividad regular, con rasgos "científicos", legitimada por la posesión de un saber sobre el bien de la sociedad nacional que abrevara en los grandes derroteros de la "civilización" y consolidara un progreso tan lineal corno indefinido en su duración. Burócratas serenos, imbuidos de soluciones a-valorativas, tomadas después de un estudio desapasionado de cada cuestión de la agenda pública, eran el modelo de "administradores" que debían reemplazar a los "políticos" de una época superada.
Buscaron nacionalizar la cultura del país. Preocupados por los posibles efectos desintegradores de la política inmigratoria, practicaron un liberalismo de neto corte laicista y promovieron la separación de la Iglesia en las cuestiones referentes al Estado. Esto trajo como consecuencia el enfrentamiento con la Iglesia y los sectores católicos representados, entre otros,por José M. Estrada, Pedro Goyena, Emilio Lamarca. El debate entre ambos sectores se caracterizó por el menosprecio que el grupo innovador manifestaba por las posiciones católicas, ya que para la mentalidad positivista el dogmatismo cristiano era el principal obstáculo en el camino hacia el progreso.
Sin embargo, liberales y católicos no se enfrentaron en el aspecto socioecónomico. El rol del país, como proveedor de materias primas, era compartido por ambos sectores.
Un aspecto polémico con respecto al tema tratado es el de la existencia o no de un programa generacional.
Algunos analistas hablan de un "proyecto político y económico de la generación del 80" que, si bien no fue enunciado en forma explicita, se lo puede encontrar definido en discursos políticos y parlamentarios. Manifestaciones de este proyecto serían en el campo político social: las leyes laicas, la concentración del poder y la política inmigratoria

Empleo y Educación

La demanda de trabajo impone los caminos a seguir de la educación

Nora Luzi (PNUD), Hector Paglia, Alejandra Torres (IDESA)
Con el objetivo de abordar la problemática del desempleo juvenil, se llevó a cabo el 3 de octubre pasado en el auditorio del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Córdoba el seminario internacional "Transición escuela - trabajo. Nuevas estrategias", organizado de manera conjunta por el gobierno de la Provincia de Córdoba y el Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD). IDESA se hizo presente a través de su Directora Ejecutiva, Alejandra Torres, quien coordina el proyecto argentina 12/016 de Naciones Unidas.
En la ocasión, el ministro y director nacional del programa argentina 12/016, Dr. Héctor Paglia, se refirió a la importancia de reflexionar en torno a esta temática para "cimentar verdaderas políticas de estado". En este sentido, Paglia recordó que es una firme decisión del gobierno de Córdoba, encabezado por el Dr. José Manuel de la Sota, "fijar metas que permitan que los jóvenes no solamente permanezcan en el ámbito de estudio sino que puedan contar con una salida laboral digna que se cristalice en un proyecto de vida donde la educación y el trabajo sean las plataformas de la movilidad social". Finalmente el funcionario destacó la importancia que el Gobierno de Córdoba da a este tipo de colaboración que se materializa a través del Progama de Naciones Unidas para el Desarrollo que, en este caso en particular permite articular políticas entre el Ministerio de Educación y la Agencia de Promoción del Empleo y Desarrollo Profesional con el valor agregado del sector privado a través de sus Cámaras y Empresas.
 
En representación del PNUD, la coordinadora del área de gobernabilidad democrática, Nora Luzi, hizo hincapié en la importancia de ensamblar armónica y eficazmente los contenidos formativos que adquieren los jóvenes en el ciclo medio con la demanda existente en el mercado, como un modo adecuado de enfrentar con éxito la lucha contra el flagelo del desempleo juvenil.
 
A su turno, el experto chileno, Carlos Concha Albornoz, describió el sistema educativo chileno, poniendo especial énfasis en que cada experiencia es única y que no puede compararse o trasladarse a otras realidades. "La tragedia más grande de nuestro país es la desigualdad. No basta solo con acceder a la educación sino también acceder a la misma calidad a la que acceden los sectores más pudientes", sentenció Concha Albornoz.
 
Respecto al tema, la doctora en pedagogía de la Universidad Wurzburg (Alemania) y miembro de la academia nacional de educación, Margarita Schwiezer, señaló que  "la demanda de trabajo impone los caminos a seguir de la educación". A lo largo del desarrollo de su tema. Además aseguró: "que todos aprendan lo mismo y al mismo tiempo no es un acto educativo".
 
Otro de los disertantes extranjeros fue el uruguayo Wilson Netto Marturet, director del CODICEN, dependiente de la ADMINISTRACIÓN NACIONAL DE EDUCACION PÚBLICA del país oriental. El especialista se refirió al modo en que debemos concebir la mirada de las nuevas formas de pensar la educación: "intentamos pensar el sistema educativo en forma escalonada. No concebimos la educación para el secundario escindida de la del mundo del trabajo. Todo debe ser integrado".
 
En su alocución, el rector de la Universidad Católica de Córdoba, Rafael Velazco se refirió al rol de los niveles terciarios e indicó que "la misión de la universidad es pontificia, que tiende puentes entre la educación y el mundo del trabajo". Velazco culminó su reflexión asegurando que "el remedio a la violencia es la educación".
Por último el ministro de educación de la Provincia, Walter Grahovac, hizo hincapié en la importancia de la presencia del Estado en el sostenimiento de políticas que contemplen integralmente la problemática de la inserción al mercado laboral de los más jóvenes. "La educación formal debe ser sólo un primer eslabón de una cadena que contempla mayores desafíos", indicó el funcionario.  
 
El cierre estuvo a cargo del representante de la agencia de promoción de empleo y formación profesional, Julio Castro. Castro concluyó aseverando que "el desafío del programa de PNUD es poder mirar un sistema de educación y de trabajo que piense una propuesta integral donde nos preguntemos siempre qué necesita el destinatario".
Participaron diversos funcionarios públicos, entre ellos el Cr.Alejandro Francesconi, Secretario de Coordinación Administrativa del Ministerio de Transporte y Servicios Públicos, el Secretario de Previsión Social, Lic Osvaldo Giordano, el Secretario de Relaciones Institucionales del Ministerio de Educación, Lic. Carlos Alberto Sanchez, y otros funcionarios del gobierno de la Provincia. 

Educación

2 DE CADA 3 ALUMNOS DE ESCUELAS PÚBLICAS NO APRENDEN A LEER
Los 30 años de democracia se celebran en uno de sus peores momentos. La degradación institucional llegó al extremo de permitir la insubordinación policial que dio pie a graves hechos de vandalismo. La impericia en la gestión pública lleva a que cada vez se paguen más impuestos y a cambio los servicios del Estado sean  cada vez peores, como por ejemplo los educativos. Ante el desamparo que genera el debilitamiento del Estado algunas familias apelan a los servicios privados, pero es una alternativa que no suple el rol de sector público y agrava las inequidades.           

PISA es una prueba internacional que se toma en 65 países cada 3 años a jóvenes de 15 años de edad con la finalidad de evaluar sus capacidades de lectura, de pensamiento matemático y análisis en ciencias. Si bien ningún indicador puede sintetizar la multiplicidad de factores que hacen a la formación de una persona, PISA tiene la ventaja de contar con un amplio reconocimiento técnico en el mundo y permite comparar el desempeño de los sistemas educativos a lo largo del tiempo. En la última evaluación realizada en el año 2012, la Argentina ocupó las posiciones entre 58° y 60°, dependiendo de la disciplina.

Tomando el nivel 2 de la evaluación en capacidades de lectura –que los responsables de la prueba consideran como el umbral mínimo de capacidades para poder desarrollar un futuro con éxito en el mercado laboral– en el año 2000 el 44% de los jóvenes argentinos estaba por debajo de este nivel. En el año 2009 esta proporción había aumentado al 52% y en el año 2012 llegó al 54%. Es decir, en los últimos doce años aumentó considerablemente la proporción de jóvenes que no entienden lo que leen.  

Desagregando esta misma información por área geográfica del país y tipo de escuela aparece que:

· En la Ciudad de Buenos Aires, el 56% de los alumnos de escuelas estatales no alcanza el nivel 2 de lectura mientras que en las escuelas privadas el 15% no llega.

· En la región pampeana, Cuyo y Patagonia, el 67% de los alumnos de las escuelas estatales no alcanza el nivel 2 y en las escuelas privadas el 26% no llega.

· En el NOA y NEA, el 66% de los alumnos de las escuelas estatales no alcanza el nivel 2 mientras que en las escuelas privadas esta proporción es del 49%.

Estos datos muestran que el proceso de degradación educativa del país es intenso y heterogéneo. En la Ciudad de Buenos Aires, las familias que pueden pagar una escuela privada –que representan aproximadamente la mitad de la matrícula– obtienen resultados similares a Australia o Dinamarca. En la región centro, Cuyo y Patagonia, que es muy importante porque aglutina al 70% de la matricula de primaria y secundaria de todo el país, los que pueden pagar una escuela privada obtiene resultados asimilables a Israel o Eslovaquia, pero entre los alumnos que asisten a escuelas públicas dos tercios no desarrollan habilidades en lectura y representan el 69% de la matricula. Similares bajos resultados se observa en las escuelas publicas del norte del país que representan el 84% de la oferta educativa total de la región y entre las pocas escuelas privadas que funcionan en el norte apenas la mitad de los alumnos supera el nivel 2 de lectura.

Es claro que la degradación educativa es generalizada, pero su ensañamiento es con los segmentos más débiles de la sociedad. Mientras que en la Ciudad de Buenos Aires muchas familias acceden a buenos niveles de educación, en las regiones más postergadas estas posibilidades están vedadas incluso para las familias más pudientes.

Resulta paradójico que esta degradación se produzca en un contexto de enorme aumento del gasto público, incluyendo el destinado a educación. Este proceso se viene sosteniendo con un inédito crecimiento de la presión tributaria, que pasó del 21% del PBI en el año 2000 al 37% en el año 2012, convirtiendo a la Argentina en el país donde más impuestos se paga dentro de Latinoamérica. De estos recursos, 6% del PBI se dedican a educación pública lo que coloca a la Argentina también entre los países que más gastan en educación. Pero los resultados están entre los más bajos de la región.

Que los últimos resultados de PISA muestren el histórico retroceso educativo argentino superpuesto a las imágenes de un país disgregado por la violencia no es fruto de la casualidad. Es el resultado de una administración del Estado guiada por una desaforada puja por la apropiación de fondos públicos sin la más mínima consideración por el interés general. Un ejemplo concreto son los aumentos de salarios públicos con los cuales se está tratando de superar el estado de caos. Resulta extremadamente sugerente que en una instancia donde se está decidiendo un nuevo sacrificio para la población –que tendrá que pagar más impuestos para financiar el aumento de salarios– no aparezca, ni siquiera como un tema accesorio, la mejora de los servicios estatales.


 

domingo, 15 de diciembre de 2013

Social

Por Malú Kikuchi   (15/12/2013
El momento es difícil, la situación pareciera inmanejable. Los que deberían solucionar lo que sucede, aparecen tarde, son torpes y los resultados no resuelven el origen de los reclamos. Más allá de no estar de acuerdo con el modo de protesta, esta parece justa. Los sueldos de los policías provinciales, exceptuando la Metropolitana, son vergonzosos.
El punto al que hemos llegado también es vergonzoso. Zonas liberadas, ciudadanos desamparados, negocios saqueados, personas heridas, los sinvergüenzas de siempre, más los necesitados de siempre. Y el miedo dueño de las calles. ¿Cómo se llega a esto? Simple, tan simple como la regla de 3 simple que el 77% de los estudiantes de 7° grado de escuelas públicas no supieron resolver y el 66% de los maestros ¡tampoco! (Evaluación ONU).
Simple. Aumento desorbitado del gasto público, más planes para hijos, para embarazadas, más planes no trabajar, más empleos en la administración nacional, fútbol para todos, AA, todo eso financiado por ANSES y Banco Nación, a cambio de bonos que nunca se pagarán, y el resto con la maquinita, para eso se compró Ciccone (¿a quién?, hay que preguntarle a Boudou, debe saber).
El resultado es una inflación del 30%, inviable. Y los sueldos, ya de por sí bajos, salvo que sean empleados de La Cámpora, tienen la mala costumbre de licuarse ante la inflación. Todos somos más pobres. Salvo algunos que están en el gobierno, o negocian con el gobierno.
Problemas policiales en 17 provincias (hay 24 contando CABA), en algunas arreglados a medias, en el resto sin negociar. Y cuando todas las policías hayan obtenido su aumento, pedirán los gendarmes (ya lo hicieron el año pasado, con malos resultados), y después vendrá prefectura y el servicio penitenciario y los judiciales, y los maestros y el personal de los hospitales, toda la administración pública. Seguirán las paritarias privadas con los gremios. Y el país no da para tanto. Sólo con las policías que ya arreglaron se van $25.000 millones no contemplados en el presupuesto. Muy complicado.
Mientras en Tucumán, conurbano bonaerense, Salta o Resistencia, los ciudadanos agotan la venta de rifles y de escopetas de aire comprimido, se parapetan y vigilan desde los techos y las ventanas. Todo esto habla de vacío de poder, de corrupción, de marginalidad, de abandono de persona: “arréglese como pueda, el estado no está”. Se vio el jueves 12 en el escandaloso asalto llamado “festejo” del hincha, donde los adeptos de Boca destruyeron todo lo que rodeaba el obelisco.  Saqueos y heridos, el estado ¿no hace inteligencia? Es obvio que lo que no tiene es inteligencia.
El vacío de poder, se ve por un lado en la delegación del mismo en Boudou, personaje cada día más comprometido con hechos aparentemente de gravísima corrupción. Por el otro lado una presidente que baila haciendo gala “de no sé qué pasa ni me importa”, al son del golpeteo de una cacerola, mientras en el país del cual es responsable, hay 12 muertos, muchos heridos, saqueos y gente desesperada.
Y quizás todo esto se podría haber evitado si no se hubiera decidido abandonar a Córdoba por jorobar a De la Sota. El, o la que lo decidió, es muy bruto/a, ya que Córdoba, lo saben hasta en la calle, siempre inicia un efecto dominó que termina abarcando la nación. Al tiempo que la presidente baila y Boudou sonríe, los saqueos continúan y los ciudadanos que mantienen al gobierno y al estado todo con sus impuestos, están abandonados a su suerte.
Llamemos a *Somatén, “estemos atentos”, hoy estamos librados a nuestras propias fuerzas y dejados de lado por un estado al que mantenemos y que ni siquiera sabe defendernos. A ponerse el casco, encomendarse a Dios los creyentes, a la suerte los que no, y a esperar lo mejor.
¿Cómo salimos de esto? Se podría seguir un sabio consejo. Curiosamente, en situación similar y de muy mal recuerdo para el país, el martes 18/12/2001, haciendo uso de sus facultades legislativas, Cristina Fernández de Kirchner, senadora por Santa Cruz, aconsejaba al entonces presidente de Argentina:  ”Dada la situación anómica que ofrece el gobierno nacional y en virtud de la circunstancia de saqueo y caos que el poder ejecutivo no puede ni sabe como resolver, es imprescindible y urgente que el señor jefe de estado, el Dr. Fernando de la Rúa, presente su renuncia a la presidencia de la Nación  y entregue el gobierno de manera perentoria. De lo contrario, será responsable de las dramáticas consecuencias que provoca esta impotencia de gestión.” (Transcripción de la versión taquigráfica del Senado de la Nación).
¿Y? Haz lo que digo más no lo que hago.
*Somatén, del catalán, “soms atents”, estemos atentos, así se llamaron las milicias catalanas y aragonesas

Historia

Héroes del progreso
Héroes del progreso
Abraham Lincoln fue un político estadounidense, decimosexto presidente de los Estados Unidos y primero por el Partido Republicano
Lincoln nació en una granja del Estado de Kentucky, en el seno de una familia agrícola muy pobre. A los veintitrés años dejó la granja donde trabajaba y comenzó sus estudios en Derecho. En 1834 Lincoln fue electo diputado por el estado de Illinois y logró una gran popularidad. Sin embargo, su decidida oposición a la guerra contra México le hizo perder muchos votos y fracasó en las elecciones senatoriales de 1849. Decepcionado, se retiró de la política y trabajó como procurador durante un tiempo.
Comprometido con la causa contra la esclavitud, Lincoln se afilió al Partido Republicano y fue recuperando su popularidad política gracias a sus emotivos discursos y excelente oratoria. En 1860 ganó la nominación del Partido Republicano como candidato a la presidencia y en 1861 fue electo Presidente, lo que desencadenó la reacción de los estados del sur, quienes se declararon independientes.
Durante su período como presidente, introdujo medidas que dieron como resultado la abolición de la esclavitud, gracias a la emisión de la Proclamación de Emancipación y la aprobación de las XIII y XIV enmiendas a la Constitución de los Estados Unidos, las cuales abolieron la esclavitud y establecieron la imposición federal de derechos civiles. Cabe mencionar que para esa fecha en Argentina ya no habían esclavos, ya que la Asamblea del año 1813 había dictado la “Libertad de Vientres”.
En 1864, la Convención Nacional del Partido Republicano votó por mayoría aplastante a favor de la candidatura de Lincoln para un nuevo período presidencial, y unos meses después volvió a ser electo Presidente, con el 55% de los votos.
Lincoln logró movilizar a la opinión pública a través de su retórica y discursos y, al finalizar la guerra, decidió trabajar para reunir al país a través de una política de reconciliación. Sin embargo, cinco días después de finalizada la guerra, fue asesinado por un simpatizante del Sur mientras asistía a una obra teatral en Washington

Educación

El PISA y la desigualdad educativa en Argentina

Varios días pasaron ya desde que la OCDE liberó los datos del PISA 2012. Una variedad enorme de comentarios, algunos de ellos expuestos en este blog, reflejan la importancia informativa de este evento. Argentina y el resto de América Latina aparecen con un desempeño bien deprimente. Entre los desesperados apocalípticos y aquellos que desestiman y desprecian la importancia de aquello que la evaluación del PISA intenta capturar hay datos que reclaman mayor atención. El objetivo de esta nota es el de agregar un poco más de conocimiento acerca de los motivos que explican el pobre desempeño argentino.
Los resultados ya se conocen. En ninguno de los resultados de los 3 módulos básicos que conforman la evaluación (396 en comprensión lectora, 388 en matemática y 406 en ciencias) Argentina muestra diferencias (estadísticamente) relevantes respecto a los obtenidos en 2009; año en que Argentina  aparecía en la últimas posiciones de la región y del mundo. Nada parece haber cambiado y el fracaso se torna un calificativo ineludible al describir esta anémica evolución.
Una dimensión de los resultados poco visitada en las reacciones inmediatas es la dispar realidad regional del país. La tabla siguiente (Tabla 1) da cuenta de la variación de los resultados de acuerdo a las distintas regiones. Salta a la vista la excepcionalidad de la Ciudad de Buenos Aires en un país con el resto de las regiones con resultados bien rezagados. Un elemento quizás más sorprendente es que la evolución de los resultados por región ha sido también dispar. Es decir, que el desempeño nacional haya permanecido constante entre 2009 y 2012 esconde bastante acción que se devela al desagregarse los resultados por región. Es aquí que algunas sorpresas emergen. Mientras que la región del NOA y NEA mejoran su desempeño, la región de Cuyo sufre un retroceso dramático y la del Centro disminuye aunque en menor grado sus resultados en Lectura y en Matemática. Esto sorprende aún más por ser Cuyo y el Centro del país las regiones con mejores resultados promedio en PISA 2009. El tema es que estas regiones explican mucho del desempeño agregado. Según datos de PISA 2012, el 67% de los alumnos matriculados en Argentina de 15 años de edad se encuentran en la región central del país (contando a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires dentro de esta región). Si además se le suma la región cuyana nos encontramos con el 75% de los estudiantes matriculados de 15 años de edad del país. No es sorprendente entonces que si estas dos regiones hubieran mantenido su desempeño promedio del 2009 en el 2012 la Argentina tendría valores promedio de 404 en lectura, 395 en matemática y 408 en ciencia, entre 6 y 7 puntos por encima de los valores del 2009.
Tabla 1
Otra dimensión reflejo de la desigualdad educativa que caracteriza a Argentina es aquella que se expresa en la brecha que surge de comparar los resultados obtenidos por los estudiantes en escuelas públicas con aquellos que van a escuelas privadas. La brecha entre resultados de acuerdo al tipo de escuela es notable (78 puntos en lectura, 61 puntos en matemática y 71 puntos en ciencia), más allá de que haya disminuido levemente con respecto a la brecha verificada en el 2009 (ver Tabla 2).Esta brecha varía también de región en región, siendo este efecto aún más fuerte en regiones como Cuyo y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). En el caso de Cuyo, la brecha se aumenta pronunciadamente entre el 2009 y el 2012. El ensanchamiento de la brecha es más preocupante aún si se considera que los resultados en las escuelas privadas en Cuyo empeoraron también (10% en lectura, 4% en matemática y 8% en ciencia entre el 2009 y el 2012).
Tabla 2
Tabla 2: Diferencia de resultados entre escuelas públicas y Privadas. Entre paréntesis los porcentajes que representan las diferencias con respecto al valor promedio en escuelas públicas.
Un argumento en que coinciden los ministros de educación argentinos (al menos el nacional, Albero Sileoni, y el porteño, Esteban Bullrich) es que parte del mal despeño doméstico responde al carácter inclusivo del sistema educativo. Veamos si esto se verifica en los datos. Los exámenes PISA son tomados a chicas y chicos de 15 años cualquiera sea su año escolar. Esto quiere decir que estudiantes quinceañeros en un año escolar menor al que les correspondería pueden haber repetido o haber salido del sistema y regresado después. Es más, la repitencia puede ser también un dispositivo de contención escolar si acaso la alternativa fuera expulsar del sistema a ese estudiante que fracasa en su grado. Es posible, entonces, asociar una alta proporción de “desclasados” (alumnos con sobreedad para el grado en el que se encuentran) a un sistema educativo con mayor inclusión o contención. En línea con esta interpretación de los datos es interesante notar que la sobreedad es alta en argentina: el porcentaje de estudiantes de 15 años con sobreedad ronda el 37%. En Chile, por ejemplo, los estudiantes “desclasados” representan 27%.
La “sobreedad” dificulta obviamente el desempeño en el PISA. Los paréntesis en la Tabla 1 muestran los resultados excluyendo a los “desclasados”. Los resultados aumentan 9% en lectura y matemática y un 7% en ciencia a nivel nacional, con grandes variaciones regionales. Sin embargo, la evolución entre 2009 y 2012 continúa sin mostrar mejorías.
Ahora bien, volvamos a Cuyo y  Centro. La Tabla 3 muestra que la importancia de la “sobreedad” es heterogénea a nivel regional y revela una especificad cuyana: el peso de los estudiantes “desclasados” más que se duplica entre 2009 y 2012 tanto en las escuelas privadas como en las públicas.  Excluir los estudiantes con sobreedad hace que la caída en el desempeño cuyano se torne menos dolorosa. Por otro lado, teniendo en cuenta que, como mostramos arriba, el desempeño en escuelas privadas es consistentemente mejor que en escuelas públicas, un proceso de inclusión que aumente la matriculación en escuelas públicas (por sobre el aumento en la matriculación en las escuelas privadas) podría tener un efecto negativo en los resultados agregados. La Tabla 5 muestra resultados que no refutan esta hipótesis. Las regiones de Patagonia y en particular el Centro aumentaron un 7,8% y un 8,9% respectivamente su proporción de alumnos de 15 años matriculados en escuelas públicas, al mismo tiempo, estas dos regiones están entre las que redujeron sus resultados entre PISA 2009 y 2012. Entonces, el argumento de la inclusión de alumnos previamente marginados del sistema educativo pareciera ser consistente con los datos, aunque claramente este efecto puede explicar tan sólo una parte de la anémica evolución de los resultados educativos argentinos.
Tabla 3
Los hechos revelados en esta nota son importantes ya que enfatizan la relevancia de las discrepancias regionales y la desigualdad educativa entres escuelas privadas y públicas, y pone el foco en estudiantes que, aunque permanezcan en el sistema, van cayendo en sus grados. Este fenómeno de desclasamiento de estudiantes puede explicar parte de la divergencia regional y de la establecida entre escuelas privadas y públicas.
Es posible entonces que a la Argentina le haya ido mal, pero por “buenos” motivos. Por supuesto, mismo si acaso fuera correcta, es imposible derivar de esta conclusión una interpretación benigna sobre el desempeño argentino. Las desigualdades entre escuelas, y aquellas que se fundan en distintas realidades socio-económicas, se expresan en estudiantes que fracasan en sus clases. Este fenómeno es responsabilidad del sistema educativo argentino, y de aquellos que lo diseñan. Nuestro análisis identifica, sin embargo, un flanco de debilidad extrema e indica un camino para recorrer en el desafío de formar estudiantes mejores y con exposición menor a la desigualdad educativa.
Por último, una mirada agregada a los resultados pasa de largo el hecho de que sí que existieron mejoras en algunas de las regiones argentinas, tanto en el NEA como el NOA. El resultado agregado pierde también de vista que la Ciudad de Buenos Aires constituye una isla educativa. Afinar el análisis y entender las especificidades regionales de las distintas políticas y situaciones educativas es una línea de investigación con promesa de claridad.