martes, 14 de enero de 2014

Economía

Política económica es la “teoria económica aplicada” a la solución de los problemas de una sociedad…

 
Raul Cuello

Para comenzar, según la definición que encabeza esta nota, no se puede hacer Política Económica sino se conoce Teoría Económica, lo cual implica necesariamente ser un profesional y de alta calificación, cuando se trata de fijar los objetivos y elegir los instrumentos para conducir a la sociedad al nivel de bienestar compatible con sus recursos. Y así como un economista no puede estar a cargo de la salud del país, por no tener locs conocimientos adecuados, tampoco puede estar a cargo de la economía quien no tenga los títulos y antecedentes correspondientes.
Pero claro está, como desde niños las personas están en contacto con la economía por el conocimiento del uso del dinero, del ejercicio de comprar, de vender, de elegir, etc. hay muy pocos con la suficiente modestia como para convencerse que esto no es ser “Economista profesional”. Lo cual no implica por ejemplo, que un Presidente de la Nación no pueda conducir la economía del país. Puede hacerlo, siempre y cuando tenga la modestia de reconocer que sus conocimientos son limitados y que para tener éxito se requiere elegir a quienes sean sus colaboradores inmediatos dotados de antecedentes brillantes. Debe tener un verdadero equipo de primeras, como si se tratara de un equipo de futbol decidido a ganar un Campeonato. Para ganar, siempre hay que tener a los mejores y se los elige por antecedentes, no por amistad o el color de la camiseta.
He mencionado Objetivos e Instrumentos. Entre los primeros digamos que están el Crecimiento, la Estabilidad de Precios y la Distribución Justa de los Ingresos, que son los clásicamente reconocidos como tales. Ahora bien, no se alcanzan por simple voluntarismo sino porque existen condiciones para alcanzarlos mediante el uso de instrumentos que se integran en distintas áreas: monetaria, fiscal, comercio exterior, laboral, etc. Va de suyo que no existe una sola persona en cualquier gobierno que defina los Objetivos y opere los Instrumentos. Puede tener idea de cuáles son las bases programáticas partidarias y en función del contexto internacional buscar la impronta que maximice las ventajas geopolíticas.
La sociedad debe estar de acuerdo y tener confianza de que las directrices fijadas no habrán de ser cambiadas, de modo de acrecentar la credibilidad en su gobernante. Pero si éste no tiene firmeza en sus convicciones y acepta un consejo que afecta intereses ciudadanos, para luego anularlo con una contraorden, se crea un clima de tipo caótico, donde nadie sabe realmente quien manda.
Todos los cambios y las actuaciones de quienes fueron designados después de octubre por la Presidente, unido esto a su forzada ausencia, han devenido en una especie de “collage funcional” ya que cada uno se considera “primus inter pares” y ya sea porque tiene acceso a la primera mandataria y da su opinión, o porque considera que conoce las preferencias de aquella o porque tiene un micrófono en la mano, lo cierto es que nada funciona bien y nadie sabe quién manda “en la cancha” porque no hay un director técnico. La Presidente está, pero no para deshacer entuertos cuyo costo político es la primera en pagar.
Nadie advierte y hasta hace poco era palabra vedada, que el principal problema del país no son ni los bienes personales ni los tomates, “es la inflación” de la que se alimentan todas las penurias que padecen los argentinos, comenzando por la energía y siguiendo por la inseguridad. La inflación es la madre de todos los males y no hay quien acierte a diseñar una política que la contenga. Sabido es que el déficit presupuestario financiado con emisión vuelca al mercado pesos, que en el caso argentino no tienen la contrapartida de ingreso de divisas, razón por la cual con mayor cantidad de pesos que dólares, aumenta la velocidad de circulación del dinero ya que la gente huye del peso y adquiere bienes de mayor valor, entre ellos, primordialmente el dólar.
Para generar dólares, hoy se ha aumentado el ritmo de devaluación pero con la particularidad que la tasa a la que se hace, es superior a la tasa de interés, con lo que en el comercio exterior se da una situación paradojal: los exportadores no entregan sus divisas por falta de embarques, mientras que los importadores apuran sus compras en el exterior para, unos y otros aprovechar el ajuste cambiario: los primeros porque saben que esperando van a tener un tipo de cambio mejor y los segundos lo tendrán peor.
Con estas reglas de juego y las limitaciones impuestas por el cepo cambiario, nadie ha de traer dólares del exterior y si es turista los ha de cambiar en “el hotel o en alguna cueva” al dólar blue. La brecha cambiaria que supera el 60% conspira contra la generación genuina de divisas, porque pone en marcha la maquinaria del contrabando el que huelga manifestar opera ya en gran escala. Subestimación de exportaciones y servicios y sobre estimación de importaciones y servicios. Para algunos operadores, la mercadería deja de tener interés en sí ya que lo que realmente importa es el acceso al manejo de las divisas.
Hay quienes confunden el aumento de algún impuesto, aumento de tarifa de transporte y energía, importación de bienes estacionales, restricción de importaciones etc., con medidas anti inflacionarias y están en un craso error por desconocimiento de los efectos indirectos de las variables instrumentales que utilizan. Por ejemplo un sistema impositivo como el nuestro, severamente distorsionado por falta de ajuste inflacionario, si se emparcha más, se puede convertir en una “bomba molotov social”, como lo prueba la reacción de la semana última.
La brecha cambiaria no desaparecerá porque el tipo de cambio oficial correrá siempre detrás de la inflación y esta no se corregirá con las reglas presupuestarias establecidas y las trabas a las operaciones cambiarias. Y es inútil que se gasten ríos de tinta y horas de tv y radios para despertar una credibilidad imposible de resucitar.
¿Qué hacer? La Presidente debe convocar a un equipo económico de primer nivel es decir de alta profesionalidad al tiempo que desideologiza la economía. Acá no se trata de si quiere o no enfriar el sistema porque este se está enfriando solo y se mantiene porque se emite dinero hasta que acabemos en la hiper. Se trata de entender que hay que recomponer la estructura de precios relativos, fuertemente distorsionados por el uso abusivo de los subsidios que mantuvieron precios y tarifas debajo de los costos de producción. Así nos quedamos de a poco sin reservas de energía.
El tema es si le queda tiempo desde acá hasta el 2015. Pero algo es seguro, si no hace nada por cambiar y mantiene lealtades por encima de capacidad y eficiencia, las consecuencias serán el fin del kirchnerismo y como siempre ocurre, será el peronismo el que deba hacerse cargo de este lamentable cuadro después de haber desperdiciado una oportunidad histórica que nos dio el mundo. Esperemos que lo haga sin la dosis de populismo que lo caracterizó en el pasado, al modo del actual gobierno.

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